En busca de los fondos desaparecidos del desconocido Museo Provincial de Orihuela
Una investigación de la UA arroja luz sobre la etapa en la que el convento de Santo Domingo fue depósito y sede museística a mediados del siglo XIX de los bienes incautados en toda la provincia tras la desamortización, llegando a albergar unas 300 obras, algunas de ellas en paradero desconocido

Interior del refectorio del convento de Santo Domingo en los años 20 del siglo XX / Instituto del Patrimonio Cultural de España
El primer Museo Provincial que se fundó en la provincia estuvo en Orihuela entre 1844 y 1875, un hecho que ha pasado desapercibido hasta el punto de que siempre se ha considerado que el primero en Alicante fue el Museo de Antigüedades de Furgús, que impulsó excavaciones arqueológicas en la ciudad, convirtiéndose en el predecesor del actual Arqueológico comarcal, que permanece cerrado desde hace cinco años a la espera de rehabilitación.
El desconocido Museo Provincial de Orihuela fue creado por la Comisión Provincial de Monumentos Histórico-Artísticos de Alicante, la primera institución destinada a la gestión del patrimonio de la provincia, para albergar los bienes procedentes de los conventos desamortizados y otras antigüedades de coleccionistas alicantinos.
Ahora se abren nuevas hipótesis acerca de su clausura y la dispersión de sus obras. Tras varios años de indagaciones, Santiago Olcina, investigador-colaborador en el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología y Patrimonio Histórico de la Universidad de Alicante, ha arrojado luz sobre este episodio.
Con la Desamortización de Mendizábal en 1836, que supuso la exclaustración de las órdenes religiosas y la confiscación de sus bienes, surgió la necesidad de crear un espacio para depositar estas obras incautadas y a la vez mostrarlas al público, creando los primeros Museos Provinciales, como un proyecto nacional dependiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Ministerio de Fomento.
En el caso alicantino, se eligió el antiguo convento de Santo de Domingo, un edificio de estilo renacentista de mediados del siglo XVI que fue universidad, iglesia y convento de la orden dominica durante más de cuatro siglos y cuyas características arquitectónicas -el más grande de todos los conventos en los territorios del antiguo Reino de Valencia- lo configuraban como el más idóneo para la custodia de este gran legado con colecciones de arqueología y bellas artes.

Portada del convento de Santo Domingo a mediados del siglo XIX / Biblioteca Nacional de España
El 24 de julio de 1844 el museo abrió sus puertas al público. Por aquel entonces, ya se habían contabilizado más de 100 obras entre pinturas y algunas esculturas procedentes de Villena, como la de un San Agustín encontrado en el convento de las Virtudes.
Los objetos llegaban al edificio de forma continua, pero básicamente se colocaban en la sala principal sin que se llegara a hacer un inventario hasta el punto de que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando instó en varias ocasiones a la comisión alicantina a remitirles documentación.
"Esto dificulta rastrear su actividad durante los primeros años", señala Olcina, aunque estuvo en funcionamiento durante tres décadas hasta que los padres Jesuitas, entre 1868 y 1872, recuperaron el convento y su función educativa, compartiendo ambos usos durante unos años. Recientes hallazgos de documentación tanto en el archivo de la Diputación Provincial como en el archivo Municipal de Alicante y en el de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, retrasan la fecha de cierre de este espacio hasta 1875.
A partir de la reocupación jesuita, los fondos se dispersaron por celdas, corredores y buhardillas, desapareciendo muchos de ellos, destruyéndose otros tantos e incluso restituyéndose algunos a sus lugares de origen. Una situación que, sumada a los ataques que sufrió este convento durante los primeros años de la Guerra Civil, así como a los traslados de algunos objetos a otros espacios por parte de la Subjunta de Incautación del Tesoro Artístico, terminaron por dispersar las obras que habían logrado sobrevivir a todo este largo proceso, "borrando definitivamente las huellas de lo que un día contuvo entre sus paredes el antiguo convento de Santo Domingo de Orihuela", subraya el investigador.
Sin que se conozca su paradero, "en estos momentos, nos encontramos en plena fase de búsqueda y clasificación del repertorio de materiales que formó parte del museo", añade. En total, alrededor de 300 obras, 234 lienzos y tallas de madera, de los que Olcina sí tiene el inventario, y otras 70 antigüedades y piezas de arqueología.
Catálogo de las obras
La catalogación, que se realizó durante nueve meses, no llegó hasta 1846, pero únicamente se clasificaron las pinturas, lo que llevó a pensar que solo se conservaron piezas de este tipo. Con todo, prosigue Olcina, hay evidencias suficientes de que en el antiguo convento oriolano se custodiaron y expusieron objetos de diversa tipología, incluidos los de carácter arqueológico, como capiteles, azulejería y cerámica, lápidas con inscripciones antiguas, piezas suntuarias y objetos muebles de época medieval y moderna.

Catálogo de pinturas del Museo Provincial de Orihuela / Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
También otros dispuestos como altares o integrados dentro de la propia decoración de los espacios religiosos, como es el caso de algunas lápidas de época romana que se custodiaban en el interior del exconvento de San Antonio de Padua en Dénia o el convento de Mínimos de Ondara.
Precisamente, esto confirió a este espacio la condición de ser el primer Museo Provincial establecido en Alicante con colecciones de arqueología (o antigüedades) y bellas artes.
Entre el catálogo, se encontraba un lienzo que representaba a San Francisco de Asís, otro de Santa Bárbara -uno de los más grandes de la colección- o de San Lorenzo en la parrilla, que se atribuyó a la escuela del pintor valenciano Juan de Juanes.
Se conservaron también varias pinturas con imágenes de Sagradas Familias o pasajes de las Sagradas Escrituras, como la adoración de los Reyes, la presentación del templo o los azotes en la columna, y retratos de personajes eclesiásticos que habían tenido cargos de relevancia política en la vida de la Iglesia o la Diócesis de Orihuela, como el cardenal italiano Antonio Barberini, el dominico Juan Tomás de Boxadors o el fundador del convento de Orihuela, Francisco de Loazes.
Procedencia
Pese a que no se hizo referencia ni a la localidad ni el convento del que habían sido incautados, se ha podido recomponer parte de la procedencia de aquellas obras. Así, casi la mitad de las pinturas procedían del propio exconvento de Santo Domingo, entre las que se podían encontrar algunos lienzos representando a Nuestra Señora de los Dolores, San Pedro Mártir o a la Virgen del Socorro; otro gran lote de más de 30 objetos procedía del antiguo convento de Mercedarios, como un lienzo sobre San Serafín o dos tablas representando el padre eterno y tres niños. Pero también, de otros lugares con grandes focos conventuales de la provincia, como lo fueron Alicante con el de los Capuchinos, Dénia con el de San Antonio de Padua o Elche con el de Nuestra Señora de la Merced.
Históricamente, es un hecho que ha pasado inadvertido porque se fundó en Orihuela y no en la propia capital de la provincia, una situación atípica. La capital de la Vega Baja ganó fuerza porque, no en vano, tenía muchos conventos que guardaban obras de arte al haber sido cabeza de la Diócesis.
Esto hizo que se llegara a considerar como un museo de creación local sin mayor pretensión y no con uno de carácter provincial que formaba parte de un proyecto nacional impulsado por el Ministerio de Fomento y la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Gestión
Otra causa fue su mala gestión. "Es un museo que ya no es que no solo se conozca su historia hoy día, sino que en el siglo XIX la gente de la provincia tampoco sabía que estaba allí", explica el investigador.

Gastos económicos del Museo Provincial de Orihuela en 1864 y 1865 / Diputación Provincial de Alicante
Además, sus responsables dejaron durante más de media década que varias dependencias de la segunda planta del convento fueran ocupadas por algunos vecinos, utilizándolas como almacenes de madera y un taller para la elaboración de toneles de vino. "Esta ocupación desembocó en una situación de completo abandono y deterioro que amenazó seriamente la integridad de los objetos custodiados en la planta principal del edificio", sostiene.
Tampoco hubo ninguna estrategia para acrecentar sus colecciones, ni se quiso dar protagonismo a los fondos arqueológicos, a pesar de que a mediados del siglo XIX existía en la localidad una colección arqueológica de objetos prehistóricos a partir de los trabajos de excavación en la sierra de Orihuela.
Todo ello derivó en que a principios de enero de 1875, con el museo todavía abierto al público, la Junta Provincial de Agricultura, Industria y Comercio de Alicante hizo suyo el deseo de fundar un nuevo museo provincial en el edificio del Consulado del Mar de Alicante.
Otro tren perdido en Orihuela sobre sus posibilidades culturales y turísticas, pese a ser protagonista de uno de los episodios más importantes en la gestión del patrimonio histórico de la provincia durante la segunda mitad del siglo XIX.
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