La Campaneta estalla ante el abandono: dimisiones o segregación de Orihuela
La asociación vecinal y el alcalde pedáneo exigen al Ayuntamiento soluciones ante la falta de mantenimiento que acarrea basuras, ratas, contenedores rotos y múltiples socavones

Entrada a La Campaneta desde la CV-91, en una imagen de archivo / INFORMACIÓN
La Campaneta también existe. La pedanía estalla ante el abandono: segregación o dimisión. Contenedores rotos, basuras, ratas, sin asfalto y continuos socavones, lamentan los vecinos con el propio alcalde pedáneo a la cabeza, Francisco Malia, que exigen soluciones al Ayuntamiento de Orihuela.
Se sienten olvidados y dejados de la mano de dios ante una situación que, manifiestan, clama al cielo. Para la Administración, "somos los desgraciados de la huerta", asegura Malia, que afirma que durante los casi tres años de mandato ha reclamado mejoras que nunca llegan, obteniendo como única respuesta que tenga paciencia.
La población, de unos 1.200 habitantes, se encuentra en ese grupo de pequeñas poblaciones de las que poco o nada se acuerda el Consistorio oriolano, que ante uno de los problemas planteados se escuda, por ejemplo, en que la CV-91 es competencia de la Generalitat. Con todo, el Ayuntamiento ha informado a Malia que ha enviado un informe a conselleria para que les autorice a hacer actuaciones de señalización y pasos de peatones, pero aún no han recibido contestación, prometiendo al mismo tiempo de que la Administración local insistirá a la autonómica para que responda cuanto antes.
Malia muestra a este periódico un desolador paisaje con aceras impracticables, acumulaciones de basuras, contenedores rotos y ratas que campan a sus anchas. Sin asfaltado, los socavones son continuos: "Caen cuatro gotas y ya tenemos formadas las piscinas municipales", dice el pedáneo irónicamente.
Y aunando los dos principales problemas, de basura y accesibilidad, hasta un contenedor encima de una acera, sin más remedio que bajarse a la carretera principal, para sortearlo. "Lo nunca visto", añade el pedáneo.

Contenedores y basura acumulada en una de las calles / Información
El hartazgo es tal que se ha constituido recientemente la Asociación Vecinal de La Campaneta para decir "basta" ante lo que describen como una total falta de mantenimiento, poniendo en el foco la posibilidad de que la pedanía no vea ni un gramo de asfaltado en lo que resta de año. O lo que es lo mismo, advierten, en lo que queda de mandato de esta Corporación municipal, ya que "si se hace algo en 2027, si es que se hace, será poca cosa y por lo que todos sabemos", en referencia a las próximas elecciones municipales.

La pedanía denuncia la dejadez por parte del Ayuntamiento / Información
Alternativas
Por eso, han estallado hasta el punto de plantear dos opciones: dimisión o segregación. Después de años de abandono, argumentan, la experiencia les dice que el municipio, por su propia naturaleza, es ingobernable. Es tan grande, disperso y tiene tantos núcleos que "resulta imposible que su Administración local pueda atender a todas las necesidades básicas", y "obligatorias", recalcan. Así, manifiestan que "no hay otra alternativa que segregar el municipio en unidades más pequeñas y dar también la opción a pedanías limítrofes con otros pueblos a integrarse en ellos si lo prefieren". Solo por poner ejemplos: San Bartolomé en Rafal, La Campaneta y Redován, Molins y Bigastro... o incluso que el distrito VIII forme un municipio (La Campaneta, Molins, San Bartolomé, Correntías, El Mudamiento y El Badén).
O bien dirigen el punto de mira al bipartito. "Si ellos son el problema, entonces la solución es bien sencilla: la dimisión", apuntan, al tiempo que añaden que "este gobierno municipal es inepto e incapaz de gestionar. Orihuela les queda grande y solo están preocupados por las fiestas de Moros y Cristianos. Parece que van a salto de mata, de proyecto aislado en proyecto aislado. Unas veces lo terminan y otras no (y cuando lo terminan no le dan el brío que deberían). Les falta una visión global de lo que quieren que el municipio de Orihuela sea, y eso comprende a las pedanías", sentencian desde la organización vecinal.
Tras varios intentos, representantes de la asociación y el pedáneo han logrado reunirse con el concejal de Infraestructuras, Víctor Valverde, aunque sin "sacar nada en claro", prosiguen. Aunque, al menos, se contentan porque han dado explicaciones: "Se han escudado en que no había presupuestos desde 2018 y hasta han sacado la excusa del encarecimiento de materiales por la guerra". Sí han obtenido el compromiso de que se va a arreglar el parque infantil junto a la CV-91, el único que hay, y que se va a asfaltar la explanada de la farmacia, la zona central de la población.
Este periódico ha preguntado al Ayuntamiento sobre los términos de la reunión y las quejas vecinales, sin por el momento haber obtenido respuesta.
En cualquier caso, la pedanía espera una solución "antes de que no quede nada en pie", concluyen.
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