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Historias cruzadas: Murcia premia a un joven investigador oriolano por su estudio sobre la Guerra de Sucesión desde una óptica orcelitana

Adrián López Gálvez, de 23 años, recibe el Premio Juan Torres Fontes rescatando un episodio en el que Orihuela perdió la hegemonía dentro de la gobernación y asentó su asimilación a lo castellano, aunque continuó esgrimiendo los símbolos de la identidad cultural y territorial a la que pertenecían, la Corona de Aragón, como se demuestra con la fabricación del Oriol en 1732 y la colocación del escudo de Aragón en el órgano de la catedral

Adrián López Gálvez, en el centro de la imagen, en el archivo del Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela

Adrián López Gálvez, en el centro de la imagen, en el archivo del Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela / Áxel Álvarez

Loreto Mármol

Loreto Mármol

Las historias se cruzan a menudo, y más en tierras fronterizas. Murcia ha premiado a un joven investigador oriolano por su estudio de la participación de la ciudad en la Guerra de Sucesión, desde una óptica orcelitana, cuando Orihuela perdió la hegemonía dentro de la gobernación y asentó su asimilación a lo castellano. Aquel conflicto que se dio entre 1701 y 1713 en el sureste español, enfrentando al reino de Murcia, que se mantuvo fiel a Felipe V, contra los aliados austracistas, que tuvieron a Orihuela como punto caliente.

La ciudad oriolana apoyó mayoritariamente al archiduque Carlos de Austria, siendo un bastión clave para las tropas aliadas de ingleses y neerlandeses, que, tras tomar Orihuela y Cartagena, sitiaron Murcia. Ante el peligro, el obispo Luis Antonio de Belluga ordenó romper los diques de la Contraparada, inundando la huerta para detener su avance.

La Murcia borbónica resistió gracias a las milicias de Belluga, logrando una victoria decisiva en la Batalla del Huerto de las Bombas (1706) que forzó a los aliados a retirarse a Orihuela. Después de la victoria borbónica en la Batalla de Almansa (1707), la zona quedó bajo control de Felipe V. Como recompensa, Murcia recibió la séptima corona en su escudo, mientras que Orihuela sufrió la represión por su apoyo al archiduque.

Adrián López Gálvez, de 23 años, acaba de recibir el II Premio Juan Torres Fontes para jóvenes investigadores de Historia de la Región de Murcia por su trabajo Historias cruzadas: la participación de Murcia en la Guerra de Sucesión desde la óptica orcelitana.

Su pasión por el patrimonio histórico comenzó en segundo de Bachiller, aunque ya le venía de antes: "Mi padre nos enseñó a mi hermano y a mí el amor por la historia, y sobre todo por la de Orihuela", apunta López Gálvez, que añade que "la mayoría de los libros que hay en casa están relacionados con la historia de la ciudad".

Así, estudió el grado de Historia en la Universidad de Alicante y al acabar hizo el máster de Historia y Patrimonio Histórico en la Universidad de Murcia (UMU), centrándose en las asignaturas de archivos y museos. Ahora realiza su primer año de tesis en la Escuela Internacional de Doctorado de la UMU, bajo la dirección de los profesores Antonio Irigoyen López y Gemma Ruiz Ángel, que es además conservadora en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela, donde López Gálvez hizo prácticas durante dos años, y desde 2025 colabora en el equipo de investigación.

Adrián López Gálvez, en el archivo del Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela

Adrián López Gálvez, en el archivo del Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela / Información

Entretanto, se interesó por conocer más acerca del episodio de la Guerra de Sucesión en Orihuela, incorporando luego a la ciudad de Murcia a esta investigación, "debido a la historia que compartimos", explica.

Una pregunta ha guiado toda la investigación: "¿Son los servicios a la patria incompatibles con la salvaguarda de los privilegios y derechos forales en un ambiente de conflicto como lo fue la Guerra de Sucesión?". El conflicto, responde, supuso para Orihuela una aceleración de los procesos que se estaban gestando durante el siglo XVII, como es la asimilación a lo castellano y la pérdida de la hegemonía dentro de la gobernación.

Obediencia

López Gálvez pone de relieve que la llegada del primer Borbón a España no implicó, en un principio, el malestar que surgiría conforme avanzaba la guerra por el trono. Tanto Orihuela como Murcia se mantuvieron fieles a Felipe V a inicios del conflicto. Sin embargo, sostiene, el principal motivo por el cual Murcia se mantuvo bajo la obediencia del angevino y Orihuela juró lealtad al archiduque Carlos de Austria reside en la propia voluntad del Borbón.

"En una guerra de estas características, las relaciones de la monarquía con la oligarquía municipal y los dirigentes locales son fundamentales para el buen gobierno de una ciudad y mantenerla en obediencia", continúa. Pero cuando las partes se distancian, algo que ocurre con frecuencia, la oligarquía busca legitimar su poder con el otro monarca. "Las relaciones de la oligarquía municipal oriolana con Felipe V se fueron enfriando con el paso de la guerra, al igual que sucedió en Murcia", relata. No obstante, prosigue, "el obispo Belluga pudo detener el intento de sublevación de la región de Murcia, menos la plaza de Cartagena, que tenía sus propios intereses".

En el caso de Orihuela, las cuestiones forales jugaron un papel fundamental en la decisión de tomar partido por el archiduque Carlos: "La ofensa continuada que se hizo por parte del rey y sus ministros pudo dar lugar al hartazgo de los magistrados, que veían como las arcas de la ciudad se extinguían, los fueros eran ultrajados y la corte los dejaba desamparados a merced de las tropas del austríaco, quien prometía resguardar la foralidad si le juraban lealtad", unas cuestiones forales que no tuvieron tanto arraigo en los reinos castellanos, justificando la deslealtad del rey en base a otros motivos, como "el beneficio personal, las rencillas por el poder o la crispación del momento, justo entre los meses de verano de 1706", argumenta.

Rivalidades fronterizas

Sin olvidar, además, las cuestiones referidas a la rivalidad entre las ciudades fronterizas. A su juicio, el argumento regionalista que tanto se ha utilizado para justificar el cambio de bando puede que tuviese alguna repercusión entre el pueblo, que aún andaba batallando las lindes jurisdiccionales con la ciudad de Murcia por el pastoreo de ganado. También la propaganda realizada por las élites locales atendiendo a las diferencias culturales con la ciudad de Murcia pudo arraigar aún más en el vulgo gracias al carácter republicano que guardan las tradiciones y los privilegios forales.

Con todo, recuerda López Gálvez, pese a la pérdida del lenguaje valenciano y el intento de asimilación a las costumbres castellanas con la implantación de la Nueva Planta, la ciudad continuó esgrimiendo los símbolos de la identidad cultural y territorial a la que pertenecían, la Corona de Aragón, como se demuestra con la fabricación del Oriol en 1732 -aunque al pendón se le bordaron los distintivos de la monarquía borbónica como recordatorio de pertenencia-, y la colocación del escudo de Aragón en el órgano de la catedral en 1734.

El joven investigador resalta que se ha concluido en que la gobernación de Orihuela fue disgregada incluso antes de que los decretos de Nueva Planta estuvieran planeados. El nombramiento del marqués del Bosque como gobernador de Alicante con jurisdicción sobre toda la gobernación, mientras que el marqués de Rafal quedaba limitado al término general de la ciudad de Orihuela, supuso un intercambio en el poder e importancia de ambas ciudades y una vulneración a los fueros y privilegios.

Siendo excusado por una "necesidad imperante en tiempos de guerra", lo cierto es que no solo se quedó en la superficie este cambio de poder: "Órganos como la baylia se vieron afectados creando problemas mayores en cuanto a competencias", explica, al mismo tiempo que añade que "la Nueva Planta provocó que el cambio provisional fuese permanente, acabando así con la categoría de capital de gobernación que había albergado durante la época foral".

A partir del siglo XVIII, el despunte de Alicante obligará a Orihuela a rivalizar con la ciudad portuaria por conservar un estatus similar, pasando el antagonismo con la ciudad fronteriza de Murcia a un segundo plano, aunque se reactivase de manera puntual con las Pías Fundaciones impulsadas por el cardenal Belluga, que terminarían de restar parte de territorio a una jurisdicción que cada vez sería más reducida. Demostrando así que "Orihuela era ahora una ciudad corregimental más dentro de la nueva estructura valenciana, y que la Guerra de Sucesión simbolizó el principio del fin para el prestigio y esplendor que la antigua capital de gobernación había alcanzado durante el periodo foral", concluye López Gálvez, que agradece a la Fundación Centro de Estudios Históricos e Investigaciones Locales de la Región de Murcia -promotor del premio- por dar oportunidad a que "los jóvenes tengamos un espacio donde podemos sentir que nuestros trabajos de investigación son valorados y reconocidos, e incentivar los estudios locales, que tan importantes son para no perder nuestra identidad y nuestras raíces".

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