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El Hospital Vega Baja rompe el tabú de cómo es vivir con una bolsa en el abdomen

La consulta de ostomías, que cumple un año con el sello de humanización, ofrece una atención personalizada y cercana que resulta clave para que el paciente tenga una vida normal

Vanesa, en una de las consultas de seguimiento

Vanesa, en una de las consultas de seguimiento / Información

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Loreto Mármol

Loreto Mármol

El Hospital Universitario Vega Baja ha cumplido un año con el sello de humanización en la consulta de ostomías rompiendo el silencio y dando visibilidad al día a día de estos pacientes. Vanesa vive desde hace cinco años con una colostomía -una abertura quirúrgica en el abdomen que conecta el colon con el exterior permitiendo la salida de las heces hacia una bolsa-. Fue intervenida en el Hospital La Fe tras sufrir una fístula rectovaginal. Desde entonces, su vida cambió por completo. Sin embargo, asegura que nunca ha afrontado sola este proceso.

"Cuando volví a Catral enseguida llamé a Ana. Ella es quien me ha apoyado siempre. Sin su ayuda no habría conseguido llevar la vida que tengo ahora, con una bolsa por la que hago mis deposiciones y que ya acepto como parte natural de mi día a día", explica.

Se refiere a Ana Gomis, enfermera estomaterapeuta y supervisora del Servicio de Cirugía General y Digestiva del Hospital Vega Baja, que señala que su trabajo consiste sobre todo en enseñar, acompañar y ayudar. "A los pacientes y sus familias, cuando vienen a la primera consulta tras la operación, les digo que lo están haciendo muy bien. Intento que entiendan que el estoma solo limita aquello que ellos quieran que limite y que pueden llevar una vida completamente normal", indica.

Vanesa y Gomis valoran el dispositivo que mejor se adapta a sus necesidades

Vanesa y Gomis valoran el dispositivo que mejor se adapta a sus necesidades / Información

Pero alcanzar esa normalidad no fue sencillo para Vanesa. La colostomía, que inicialmente era temporal, terminó siendo irreversible. Además, sufrió importantes problemas en la piel, con dolorosas úlceras en la zona periostomal. Gracias al trabajo conjunto entre los especialistas del hospital oriolano, consiguió superar estas dificultades y encontrar el dispositivo que mejor se adapta a sus necesidades.

"Al final te olvidas de que llevas la bolsa. Si lo afrontas con positividad, puedes hacer una vida totalmente normal. Gracias a mi enfermera he aprendido a tratarla, cuidarla y mimarla. He tenido un apoyo emocional y psicológico enorme. Para mí, Ana es muy importante", afirma.

En unos días Vanesa acudirá a una boda, y junto a su enfermera está valorando qué dispositivo le resultará más cómodo para disfrutar del evento con tranquilidad. Actualmente, existe una amplia variedad de dispositivos adaptados a las necesidades de cada persona. Cambian en tamaño, formato y materiales: pueden ser transparentes u opacos e incluso existen modelos más pequeños diseñados para momentos íntimos o relaciones sexuales.

Ana Gomis muestra diferentes tipos de dispositivos

Ana Gomis muestra diferentes tipos de dispositivos / Información

Vida cotidiana

La integración de la bolsa en la vida cotidiana llega hasta tal punto, cuenta Gomis, que una paciente ha confeccionado con ganchillo cubrebolsas decorativos, con lazos de colores intercambiables que combina con la ropa que viste cada día.

"A una persona que va a operarse y que va a llevar una bolsa como yo, la animaría muchísimo", enfatiza Vanesa. Al fin y al cabo, para ella ya es algo natural: "Llevarla te salva la vida", añade.

El Hospital Vega Baja cuenta con dos aseos específicos para personas ostomizadas. Uno de ellos está situado en la planta de Cirugía, junto a la consulta especializada en ostomías, y el otro se ha habilitado recientemente en la planta baja, aprovechando las obras de ampliación y reforma del hospital, junto al SAIP (Servicio de Atención e Información al Paciente).

"Es muy importante disponer de estos aseos adaptados en lugares públicos", prosigue Vanesa, que recuerda que hace poco tuvo un familiar ingresado y pudo acompañarle incluso por la noche "con la tranquilidad de contar con un espacio adecuado para cambiarme".

Vanesa y la enfermera Ana Gomis en uno de los baños adaptados del hospital

Vanesa y la enfermera Ana Gomis en uno de los baños adaptados del hospital / Información

Unas 250 consultas anuales

Cada año se atienden alrededor de 250 consultas relacionadas con ostomías en el Hospital Universitario Vega Baja, entre primeras visitas, revisiones y atenciones urgentes. Además, anualmente se realizan entre 40 y 45 ostomías en el centro hospitalario.

Las personas ostomizadas cuentan con la tranquilidad de poder contactar telefónicamente con su enfermera estomaterapeuta ante cualquier incidencia, y si es necesario se les programa una visita urgente. Junto a Gomis, también atienden esta consulta especializada las enfermeras Ana Grao y Cristina Rives.

Esta labor ha sido reconocida por la Sociedad Española de Enfermería Experta en Estomaterapia (SEDE), que otorgó hace un año el sello de humanización a la consulta de ostomías del centro oriolano por ofrecer una atención personalizada, cercana, empática y de calidad.

El trabajo de las estomaterapeutas comienza incluso antes de la cirugía. En la consulta preoperatoria, los pacientes reciben recomendaciones sobre ejercicio físico, alimentación, relajación o fisioterapia respiratoria y se realiza el marcaje del estoma, el orificio que posteriormente conectará con el dispositivo recolector de desechos fisiológicos.

Seguimiento

Tras la intervención, la educación sanitaria continúa en planta. "Mientras están ingresados todo parece más fácil, pero cuando vuelven a casa se enfrentan a una realidad completamente nueva, y puede aparecer repulsión, miedo o incertidumbre, así como sentimientos muy contradictorios", explica Gomis, que añade que "al principio suele existir un proceso de negación, pero poco a poco, mediante mensajes sencillos y cercanos, vamos preparando a los pacientes y a sus familias para que regresen a casa sabiendo cambiar los dispositivos y detectar posibles signos de alarma".

El seguimiento continúa tras el alta hospitalaria, con revisiones a los quince días, a los tres y a los seis meses. Posteriormente, se realiza un control anual y siempre que el paciente lo necesita.

Vivir con normalidad

Como Vanesa, muchos pacientes han conseguido normalizar completamente su ostomía. Entre ellos, un agricultor que continúa subiéndose a su tractor y realizando trabajos físicos exigentes en el campo o un carpintero que sigue colocando tarimas y desempeñando su profesión con total normalidad.

"Los pacientes me aportan una enseñanza de vida, porque con muy pocas cosas son capaces de resurgir. Ahí te das cuenta de que de todo se puede salir. Pasan por situaciones vulnerables y procesos muy duros, y aun así la mayoría logra rehacer su vida y volver a la normalidad", concluye Gomis.

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