La revisión del catálogo de bienes de Orihuela amplía la protección a 488 elementos patrimoniales
El municipio pierde un centenar con respecto a los documentos de 1990 y 1994, pero incorpora al inventario desde la procesión del Santo Entierro hasta ermitas, el Castillo, aljibes, escudos, trincheras y polvorines

Vista aérea de Orihuela / Tony Sevilla
El Centro Cultural Miguel Hernández de Orihuela, antigua Caja de Ahorros de Monserrate, ha acogido su tercera presentación, tras la de los hallazgos en el yacimiento de Los Saladares y la de la Cátedra Oriol, en esta ocasión la de la revisión del Catálogo de Protecciones del término municipal.
Esta actualización, después de tres décadas, supone un paso en el inventario de bienes patrimoniales para adaptar los mecanismos de conservación y protección a la realidad actual y a un desarrollo ordenado. El documento permitirá identificar y catalogar elementos de valor histórico, arquitectónico, arqueológico, etnológico y cultural, garantizando su preservación y puesta en valor.
El equipo redactor del catálogo, la adjudicataria ARN Arquitectos, ha presentado las novedades incorporadas con respecto a anteriores documentos que ponen en valor "un paisaje cultural único en el que se integran el casco histórico, la huerta tradicional y el sistema hidráulico vinculado al río Segura".
El análisis revela la evolución del número total de bienes protegidos entre el PGOU de 1990 y el PEOPCHO de 1994. El primer catálogo registraba 203 elementos, de los que 66 han desaparecido (un 32,5 %), mientras que el segundo contabilizaba 160, de los que 34 se han perdido (un 21,25 %).
La actualización incluye 488 elementos patrimoniales (cien Bienes de Interés Cultural, 151 de Relevancia Local y 237 bienes catalogados).
El concejal de Patrimonio, Matías Ruiz, ha manifestado que se garantiza la conservación de elementos que no estaban incorporados como las balsas de cáñamo, los hornos de cal y los aljibes, así como la protección de los escudos heráldicos, los núcleos históricos tradicionales como San Isidro y sus murales y el patrimonio inmaterial como la procesión del Santo Entierro, sin olvidar los elementos del Castillo y elementos devocionales (hornacinas, paneles cerámicos o monumentos conmemorativos).
También ha destacado que se incluyen las Norias Gemelas, mientras se ha reservado por seguridad jurídica desvelar hasta que el documento no esté en exposición pública una serie de bienes que se recatalogan o descatalogan.

Avance de la revisión del catálogo / Información
Por ámbitos
En el ámbito residencial, el conjunto histórico presenta una gran riqueza arquitectónica debido a la centralidad del poder político económico y eclesiástico que el municipio ostentó desde la Edad Media hasta la edad moderna. Esto se traduce en la existencia de numerosos inmuebles de carácter residencial, civil y religioso de gran valor, así como en la configuración de espacios urbanos representativos. Se incluyen las casas palacio urbanas, las viviendas burguesas de finales del siglo XIX y principios del XX, los ejemplos de arquitectura residencial representativa posterior a 1940 y todo el tejido de arquitectura tradicional.
También destaca la arquitectura del ocio, que refleja un proceso de modernización económica y urbana desarrollado entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX con nuevos modelos estéticos y urbanos asociados a la burguesía comercial y profesional, como el Casino.
En cuanto a arquitectura educativa, destaca el edificio renacentista de la antigua Universidad de Santo Domingo, cuya existencia reforzó a partir del siglo XVI el papel de la ciudad como foco cultural, intelectual y religioso.
La arquitectura religiosa de Orihuela constituye uno de los elementos más representativos de su patrimonio. La ciudad fue sede episcopal desde el siglo XVI, desarrollando una intensa actividad constructiva vinculada a la Iglesia, lo que ha dejado una profunda huella en la configuración de su casco histórico. De hecho, el 80 % del patrimonio cultural oriolano tiene origen eclesiástico.
Pero el análisis no solo se ha centrado en los principales templos como las parroquias históricas, la catedral y la arquitectura monástica, sino también en el conjunto de ermitas urbanas, periurbanas y rurales, calvarios, arquitectura funeraria, cruces monumentales, paneles y hornacinas devocionales ubicados en fachadas, que conforman un vasto e interesante conjunto patrimonial de gran riqueza histórica y etnológica.
Además, el catálogo recoge un inventario de patrimonio bélico, tanto del Plan de Defensas de la Guerra de la Independencia como del relacionado con la Guerra Civil, desde refugios antiaéreos, trincheras y baterías hasta polvorines.
Asimismo, se subraya el Club Náutico Dehesa de Campoamor (1969), del arquitecto José Luis Fernández del Amo, como una de las figuras más relevantes de la arquitectura moderna de posguerra.
Por su parte, la vivienda tradicional rural y las haciendas propias de la huerta oriolana cuenta en la actualidad una presencia más reducida, como consecuencia de la progresiva merma en su número que han sufrido a lo largo de los años y de la escasa protección de la que han sido objeto.
La ausencia de una adecuada salvaguarda patrimonial ha favorecido procesos de transformación, abandono o desaparición de este tipo de edificaciones, pese a su indudable valor etnológico, histórico y paisajístico. Así, se conservan ejemplos limitados que han llegado hasta nuestros días de manera fragmentada, perdiendo su valor de conjunto como hitos paisajísticos de la huerta.
Por ejemplo, de las 34 barracas catalogadas solo se conservan seis, lo que se traduce en que ha desaparecido un 82 %.
Todo ello, concluye el estudio, pone de manifiesto "la necesidad de una atención específica a este tipo de bienes, cuya protección resulta fundamental para la preservación de la memoria histórica asociada a la huerta, a los modos de vida tradicionales y a la configuración del paisaje oriolano".
Proceso
El proceso de revisión del catálogo se inició con la licitación en septiembre de 2024, más de 30 años después de que se creara el Catálogo de Protecciones del Patrimonio Cultural -en 1991-, de un contrato por valor de 150.000 euros que se justificaba en su desfase por la desaparición o modificación de algunos elementos catalogados, así como los cambios legislativos que se han ido sucediendo.
En abril del año pasado, el Ayuntamiento abrió un proceso de participación ciudadana, en una especie de plebiscito, sobre este documento imprescindible para la protección del patrimonio y la planificación urbanística del municipio que forma parte del Plan General de Ordenación Urbana, siendo el instrumento técnico que identifica, describe y protege los elementos del patrimonio arquitectónico, arqueológico, etnológico, paisajístico y ambiental.
Con todo, la revisión se ha centrado en el ámbito cultural, dejando fuera el patrimonio natural y el paisaje, que en principio se retomarán más adelante, justificando que se ha limitado a la sección cultural en que una actualización completa llevaría mucho tiempo con el riesgo de que el patrimonio se siga deteriorando y perdiendo.
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