Escándalo 'royal'
Los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina, rompen su silencio tras las revelaciones de Epstein y el expríncipe Andrés: "Están profundamente preocupados"
Comunicados medidos, viajes oficiales y movimientos internos para contener el impacto de un escándalo que no dejan de crecer

Los príncipes de Gales, Guilermo y Catalina, durante un banquete en el castillo de Windsor, el pasado diciembre. / LAP
Laura Estirado
La publicación de millones de documentos judiciales en Estados Unidos sobre la red de abusos sexuales de Jeffrey Epstein ha vuelto a sacudir los cimientos de la monarquía británica. Las nuevas revelaciones, que incluyen imágenes y correos electrónicos inéditos, han reactivado el escrutinio sobre el despojado Andrés Mountbatten-Windsor y han obligado, por primera vez, a varios miembros de la familia real a pronunciarse públicamente.
El príncipe Guillermo y la princesa Catalina de Gales han expresado su "profunda preocupación" por el contenido de los archivos, según un comunicado difundido por el Palacio de Kensington. En un mensaje breve pero cuidadosamente medido, los príncipes subrayaron que sus pensamientos "siguen centrados en las víctimas", marcando así distancia con el caso que vuelve a situar a Andrés, tío de Guillermo, en el centro de la polémica.
Momento delicado
La declaración llega en un momento especialmente delicado para el heredero al trono, coincidiendo con el inicio de un viaje oficial a Arabia Saudí, uno de los compromisos diplomáticos más complejos de su agenda internacional. Fuentes cercanas al palacio apuntan a que Guillermo quiso zanjar el asunto antes de partir para poder centrarse en el papel institucional que le había sido asignado por el Gobierno británico.

El expríncipe Andrés, en una de sus fotos más comprometedoras reveladas en los últimos archivos desclasificados sobre el caso Epstein. / AP / Jon Elswick
Mientras tanto, la presión sobre Andrés Mountbatten-Windsor no deja de aumentar. Entre los documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de EEUU figuran imágenes sin contexto claro en las que aparece en una actitud comprometida con una mujer, así como correos electrónicos que refuerzan la idea de una relación estrecha y prolongada con Epstein, incluso después de la condena del financiero por delitos sexuales. También se da por auténtica la conocida fotografía junto a Virginia Giuffre, quien denunció haber sido obligada a mantener relaciones sexuales con él cuando era menor. El exduque de York siempre ha negado las acusaciones y alcanzó con Giuffre un acuerdo extrajudicial en 2022 sin admitir responsabilidad.
Instalado en una casa de Carlos III
La cascada de revelaciones ha tenido consecuencias prácticas. Andrés abandonó recientemente Royal Lodge, su residencia en Windsor, antes de lo previsto, y se instaló en Sandringham, una propiedad privada del rey Carlos III. Un movimiento interpretado como parte de la estrategia del monarca para aislar definitivamente a su hermano de la vida pública y proteger a la institución, si bien le ha cedido una de sus propiedades.

Andrew Mountbatten-Windsor, el lunes pasado, conduciendo por los terrenos de Windsor. / ZUMA vía Europa Press / ZUMA vía Europa Press
En este contexto, el príncipe Eduardo, duque de Edimburgo, se convirtió en el primer miembro de la familia real en responder directamente a preguntas de la prensa sobre el caso. Lo hizo desde Dubái, durante el World Governments Summit, donde evitó entrar en detalles pero insistió en la necesidad de no perder de vista a quienes más han sufrido, las víctimas: "Siempre es realmente importante recordar a las víctimas y preguntarnos quiénes son las víctimas en todo esto". Sus palabras fueron en la misma línea que las del primer ministro británico, Keir Starmer, quien ha señalado que las víctimas deben ser la prioridad y ha sugerido que Andrés coopere con las autoridades estadounidenses.
Las filtraciones también han vuelto a salpicar a Sarah Ferguson, exesposa de Andrés, y a poner en cuestión las versiones que ambos ofrecieron durante años sobre su relación con Epstein. Correos de tono coloquial, referencias a cenas privadas en el Palacio de Buckingham y comentarios sobre mujeres jóvenes han reforzado la percepción de una cercanía incómoda con el financiero estadounidense.
Para Carlos III, sin embargo, hay un elemento de alivio. Las decisiones adoptadas a finales del año pasado -retirar títulos, honores y funciones públicas a los duques de York- son ahora vistas por buena parte de la opinión pública británica como un cortafuegos necesario. Un intento de preservar la credibilidad de la Corona frente a uno de los episodios más turbios que ha afrontado la institución en las últimas décadas.
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