Escándalo mundial
Las princesas Beatriz y Eugenia, vetadas de Royal Ascot en plena tormenta por el caso Epstein
La casa real británica aparta a las sobrinas de Carlos III de actos públicos "por tiempo indefinido", mientras su primo Enrique les ofrece refugio en Montecito

Las princesas Beatriz y Eugenia de York, a su llegada al Trooping the Colour, en 2013. / FACUNDO ARRIZABALAGA / EFE
Laura Estirado
Nuevo terremoto en Windsor. Las princesas Beatriz y Eugenia de York no asistirán este año a Royal Ascot, una de las citas más emblemáticas del calendario social británico (se celebrará del 16 al 20 de junio de 2026), y tampoco participarán en la tradicional procesión en carruajes junto al resto de la familia real. La decisión, adelantada por la prensa dominical británica ('The Mail on Sunday'), forma parte -según fuentes cercanas al palacio- de una estrategia más amplia para apartarlas de los actos públicos "por tiempo indefinido".
El movimiento llega en el peor momento posible para las hijas del príncipe Andrés, detenido el pasado febrero, el día de su 66º cumpleaños, durante 11 horas bajo sospecha de mala conducta en cargo público, y en plena reactivación del escándalo por los archivos vinculados a Jeffrey Epstein. Aunque no existe acusación formal contra ellas, sus nombres aparecen en la documentación desclasificada y sus vínculos familiares han vuelto a situarlas en el foco.
Golpe simbólico
Quedarse fuera de Royal Ascot no es un detalle menor. La carrera, favorita de Isabel II y tradición vigente desde 1825, representa la foto anual de unidad de la monarquía. Formar parte del Royal Box y del desfile en carruajes implica pernoctar en Windsor y compartir cena privada con los miembros sénior de la familia.
Según fuentes citadas en el Reino Unido, la orden incluye además evitar fotografías con ellas durante el resto del año. De hecho, ya en Navidad se percibió cierta distancia pública entre los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, y las hijas de Andrés.

Las princesas Eugenia y Beatriz, con su padre, el expríncipe Andrés. / JUSTIN TALLIS / AFP
El peso del apellido York
El trasfondo es el deterioro reputacional de la llamada Casa de York. El exduque de York arrastra desde 2019 las consecuencias de su relación con Epstein. Tras perder sus títulos militares y patronazgos, y alcanzar un acuerdo extrajudicial con Virginia Giuffre -quien le acusó de abuso cuando era menor-, su situación volvió a agravarse con nuevas revelaciones documentales y su reciente arresto.
En paralelo, la Charity Commission británica ha confirmado que evalúa informaciones sobre la fundación de Eugenia, The Anti-Slavery Collective, aunque no hay indicios públicos de irregularidades. El simple escrutinio, sin embargo, añade presión.
Fuentes cercanas aseguran que Beatriz, de 37 años, habría sido la más afectada por la decisión, sintiéndose "completamente sorprendida". Ambas intentan mantener el foco en sus familias -Eugenia es madre de dos hijos; Beatriz, de dos niñas y madrastra de un niño- mientras el vendaval mediático arrecia.
Montecito, ¿refugio?
En medio del aislamiento institucional, surge un aliado inesperado: el príncipe Enrique. Desde Montecito (California), donde reside con Meghan Markle y sus dos hijos pequeños, habría trasladado a sus primas una invitación abierta para utilizar su mansión -valorada en unos 12,54 millones de euros- como refugio si lo necesitan.
Según fuentes citadas por la prensa británica, Enrique les habría transmitido que "sabe lo que es estar en el lado equivocado de la institución", en una clara alusión a su ruptura con la familia real en 2020. La oferta, especialmente dirigida a Beatriz, añade una capa más de tensión en un tablero, el de la monarquía británcia, ya frágil.
Buckingham, en modo contención
La exclusión de las princesas refleja una estrategia de control de daños por parte de Buckingham y Kensington. La prioridad parece clara: blindar la imagen de la institución mientras persistan dudas sobre el alcance de los vínculos financieros y personales del entorno York con Epstein.
La decisión plantea, sin embargo, un dilema delicado: ¿hasta qué punto deben pagar las hijas por las sombras de sus padres? De momento, la respuesta del palacio es pragmática. En tiempos de crisis reputacional, la consigna es distancia.
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