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Lo que mucha gente no sabe de la Ley de Bienestar Animal: también afecta a anuncios, películas y vídeos con mascotas

La norma obliga a proteger el bienestar de los animales durante producciones audiovisuales y endurece el control sobre escenas que puedan implicar daño o sufrimiento

Un perro durante la grabación de un anuncio comercial.

Un perro durante la grabación de un anuncio comercial. / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

La Ley de Bienestar Animal no sólo cambió normas sobre abandono, cría o tenencia de mascotas. También introdujo medidas que afectan directamente a anuncios, rodajes, vídeos y producciones audiovisuales donde aparezcan animales.

Es uno de los aspectos menos conocidos de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, pero tiene consecuencias prácticas para productoras, agencias de publicidad, creadores de contenido y organizadores de espectáculos.

La idea central de la norma es clara: los animales utilizados en actividades audiovisuales deben estar protegidos y no pueden ser sometidos a situaciones que les provoquen sufrimiento, estrés, dolor o maltrato real. Eso incluye películas, series, campañas publicitarias, programas de televisión, sesiones fotográficas o contenidos para redes sociales.

Aunque el maltrato sea simulado

La ley prohíbe expresamente utilizar animales en actividades que puedan causarles daño, sufrimiento o trato antinatural incompatible con su bienestar. Y añade algo importante: incluso cuando el maltrato sea simulado, pueden existir controles y autorizaciones específicas.

En la práctica, esto afecta especialmente a escenas donde el animal parece agredido, asustado, perseguido, inmovilizado o expuesto a situaciones extremas. Aunque el efecto final sea ficción, la producción debe garantizar que no existe daño real durante el rodaje.

Un perro es una escena de acción durante un rodaje.

Un perro es una escena de acción durante un rodaje. / INFORMACIÓN

También cambia la responsabilidad legal. Ya no basta con asumir que “el animal está entrenado” o que “no pasa nada”. La producción debe poder acreditar condiciones adecuadas de manejo, supervisión veterinaria cuando sea necesaria y cumplimiento de las medidas de protección.

La norma conecta además con una sensibilidad social que ha cambiado mucho en los últimos años. Escenas que hace décadas se consideraban normales hoy generan rechazo inmediato si existe sospecha de sufrimiento animal real.

Más allá del cine: hasta para los reels

Otro punto relevante es que la ley no se limita al cine tradicional. El auge de redes sociales y creadores de contenido ha multiplicado la presencia de animales en vídeos virales, campañas de marcas y publicaciones monetizadas. Y ahí también pueden entrar obligaciones legales si el bienestar animal se ve comprometido.

La cuestión no es prohibir que aparezcan animales en pantalla, sino evitar que el entretenimiento o la publicidad justifiquen prácticas dañinas.

En paralelo, muchas producciones ya trabajan con coordinadores especializados y protocolos de supervisión similares a los utilizados en otros países desde hace años. El objetivo es que el espectador vea una escena impactante sin que el animal haya sufrido realmente.

La ley, además, endurece la mirada sobre el uso instrumental de mascotas como simple reclamo visual. Especialmente cuando se utilizan animales en contextos estresantes, disfraces incómodos, retos virales o grabaciones repetitivas orientadas únicamente a generar visitas o publicidad.

El resultado es un cambio de fondo: los animales dejan de ser considerados un accesorio más de producción y pasan a estar protegidos de forma específica dentro del contenido audiovisual.

Y eso incluye mucho más que películas de Hollywood. También puede afectar a campañas publicitarias, vídeos de influencers o contenidos aparentemente inocentes publicados cada día en internet.

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