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Confirmado por los etólogos: este es el "extraño olor" que hace que tus gatos se lleven mal tras el veterinario

Según explica la experta etóloga Paula Rossi, no se debe reducir el problema a que ya no se reconozcan o que estén peleados

Un gato en el veterinario.

Un gato en el veterinario. / INFORMACIÓN

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Carmen Tomàs

Carmen Tomàs

Es habitual que, si convives con más de un gato, tras la visita al veterinario por parte de alguno de ellos la convivencia parezca cambiar de golpe entre ambos felinos. Y esto, sobre todo si te ha costado que se lleven bien o no han crecido juntos desde cachorros, puede asustar bastante a los tutores. Bufidos, rechazo o aparente miedo pueden aparecer de pronto y en cuestión de horas ante el estupor de un humano que - quizá una vez más-, no comprende qué pasa con sus michis.

Según explica la experta etóloga Paula Rossi, no se debe reducir el problema a que ya no se reconozcan o que estén peleados. Esta vez sí, y para satisfacción de Mulder, "la verdad está ahí fuera". La razón por la que algunos gatos se ponen "chungos" cuando el otro vuelve del veterinario radica en el ambiente distinto del que llega el otro.

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Un extraño olor

Los gatos son animales principalmente territoriales: y subrayamos el "principalmente" porque para ellos estar en su ambiente de seguridad es esencial para no elevar niveles de ansiedad, pasar miedos o terrores innecesarios y sentirse felices. Más de un tutor sabe esto, y es la razón por la que muchos prefieren mantener a sus gatos solos en casa unos días antes que forzarlos a cambiar de ambiente (si quieres consejos para preparar tu casa antes de irte de vacaciones cuando tienes gato, puedes leer este artículo).

En definitiva, cuando vuelves del veterinario con uno de tus michis y el otro parece rechazarlo, no es el vínculo lo que ha cambiado, sino el olor. Así lo afirma la etóloga Paula Rossi que explica que, durante una visita veterinaria, el gato puede impregnarse de olores nuevos procedentes de otros animales, productos o feromonas de estrés.

Cuando regresa a casa, ese olor puede resultar extraño o aversivo para los demás gatos. Por eso, una reacción de rechazo o tensión no debe interpretarse automáticamente como un problema de relación entre ellos.

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Qué hacer en estos casos

Ante estas situaciones, la etóloga recomienda que la reintroducción no sea inmediata. Dar un tiempo en un espacio separado permite dos cosas importantes: que el gato se regule y que recupere su olor.

Según Rossi, ese proceso de recuperación del olor se produce a través del acicalado. La saliva del propio gato cumple un papel fundamental para que vuelva a oler de una forma más reconocible para los demás y dejen de tratarle como a un extraño.

Mantener al gato en un espacio separado durante un tiempo puede ayudar a reducir esta tensión hogareña. Y es que n ose trata de castigar ni de aislar, sino permitir que el animal vuelva a sentirse seguro después de la experiencia veterinaria y vuelva a recuperar su olor habitual.

La etóloga también recomienda facilitar el proceso mediante el intercambio de olores antes del reencuentro, por ejemplo, usando una mantita, de modo que el contexto sea más predecible para todos los gatos implicados. Sumar algo positivo al reencuentro también puede ayudar a rebajar la tensión. “No es un problema de relación. Es un tema de contexto”, señala la experta.

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