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Javier Martínez Torres, entrenador canino, alerta: “Decir ‘no’ a tu perro puede reforzar justo lo que quieres evitar”

El experto aconseja premiar las conductas correctas para enseñar al perro qué debe hacer en cada momento

Perros y sus dueños

Perros y sus dueños / Europa Press

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Laura Morote

Laura Morote

Decir “no” a un perro es una de las reacciones más habituales cuando hace algo que no gusta. Si salta encima de una persona, muerde un objeto, ladra demasiado o se acerca a la comida, muchos dueños responden con la misma palabra: “no”. Sin embargo, esta orden tan repetida no siempre ayuda al animal a entender qué se espera de él.

El entrenador canino Javier Martínez Torres ha lanzado una advertencia sobre este gesto tan común. Según explica, decir no a un perro puede servir para cortar una conducta en ese instante, pero no le enseña una alternativa. Es decir, el perro puede saber que algo molesta, pero no sabe qué comportamiento debe hacer en su lugar.

Por qué decir “no” no siempre funciona

El mensaje del experto parte de una situación muy reconocible para cualquier persona que conviva con un perro: “Has dicho a tu perro que no 100 veces”. Incluso señala que, en muchos casos, esa palabra se ha repetido “mil, o un millón” de veces.

El problema es cuando se trata de la única forma de comunicación cuando el perro hace algo mal. Si el animal solo recibe atención cuando se equivoca, puede acabar aprendiendo que ese comportamiento le sirve para conseguir una reacción de su dueño.

Por ejemplo, si un perro se sube encima de una persona y recibe gritos, gestos o palabras, puede interpretar que esa conducta provoca atención inmediata. Aunque para el dueño sea una regañina, para el perro sigue siendo una respuesta. Por eso, decir no a un perro una y otra vez puede reforzar, sin querer, justo lo que se intenta evitar. La clave está en enseñar al animal qué conducta sí debe repetir.

Premiar justo cuando hace algo bien

En educación canina, el momento del premio es muy importante. No sirve de mucho hacerlo tarde, cuando el perro ya no relaciona la recompensa con la acción correcta. Por eso, cuando aparece el comportamiento deseado, conviene premiarlo de inmediato.

Ese premio no siempre tiene que ser comida. También puede ser una caricia, una palabra amable, un juguete o permitirle continuar con algo que le gusta. Lo importante es que el perro entienda que esa conducta tiene una consecuencia positiva.

Este enfoque no significa dejar que el perro haga lo que quiera. Al contrario, consiste en marcar límites de una forma más clara. Decir no a un perro puede detener una acción concreta, pero para educar hace falta indicar qué debe hacer después.

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