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Gatos comunitarios: así dice la Ley de Bienestar Animal que deben controlarse las colonias felinas

La normativa estatal apuesta por el método CER y obliga a los ayuntamientos a gestionar estas comunidades mediante sistemas de control éticos y no letales

Gatos comunitarios, así dice la Ley de Bienestar Animal que deben controlarse las colonias felinas.

Gatos comunitarios, así dice la Ley de Bienestar Animal que deben controlarse las colonias felinas. / Pxhere

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Paula Lizcano

Paula Lizcano

La Ley de Bienestar Animal ha introducido un término que está generando curiosidad entre ciudadanos y asociaciones animalistas: el de "gato comunitario". Aunque popularmente se habla de gatos callejeros, la normativa estatal evita esta denominación y utiliza un concepto más específico para referirse a los felinos que viven en libertad y forman parte de las conocidas colonias felinas.

La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales define las colonias felinas como grupos de gatos que viven en estado de libertad o semilibertad, con un bajo o nulo grado de socialización con los seres humanos, lo que dificulta su adopción o convivencia en hogares. Estos animales, sin embargo, desarrollan su vida en torno a núcleos urbanos o rurales donde encuentran alimento y refugio.

Precisamente por esta realidad, la norma no habla de simples gatos callejeros, sino de gatos comunitarios, una denominación que reconoce su vinculación con un territorio determinado y establece un marco específico para su protección y control poblacional.

El método CER, eje de la gestión

Uno de los aspectos más relevantes de la ley es que obliga a gestionar estas poblaciones mediante métodos no letales. El sistema elegido es el conocido como método CER (Captura, Esterilización y Retorno), definido por la propia normativa como el procedimiento que permite capturar a los animales de forma respetuosa, esterilizarlos y devolverlos posteriormente a su entorno habitual.

El objetivo es controlar de manera progresiva el crecimiento de las colonias felinas sin recurrir al sacrificio de los animales, una práctica que la ley prohíbe salvo en circunstancias excepcionales relacionadas con la salud del propio gato y siempre bajo criterio veterinario.

Obligaciones para los ayuntamientos

La normativa dedica un capítulo completo a las colonias felinas y atribuye a los ayuntamientos la responsabilidad principal de gestionar a los gatos comunitarios. Para ello, las entidades locales deben desarrollar Programas de Gestión de Colonias Felinas que contemplen medidas como la identificación mediante microchip, la esterilización, el control sanitario, la alimentación adecuada y la instalación de refugios cuando sea necesario.

Además, la ley fomenta la colaboración ciudadana mediante la figura de los cuidadores de colonias, cuyas funciones y obligaciones pueden regularse a través de ordenanzas municipales. También prevé la formación específica de personal municipal, policías locales y gestores de colonias para garantizar una gestión adecuada de estos animales.

Qué deben hacer los ciudadanos

La Ley de Bienestar Animal también establece obligaciones para los ciudadanos. Entre ellas figura el deber de respetar la integridad y calidad de vida de los gatos comunitarios, así como las instalaciones destinadas a su alimentación y refugio dentro de los programas oficiales de gestión. Igualmente, los propietarios de perros deben evitar que sus animales alteren o pongan en riesgo las colonias felinas.

Con esta regulación, el legislador busca un equilibrio entre la protección de los animales y el control de sus poblaciones, apostando por una gestión ética basada en la esterilización y el seguimiento sanitario.

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