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Los maquilladores coinciden: “Menos producto y mejor trabajado rejuvenece más que cualquier filtro”

La piel madura no necesita más capas, sino hidratación, textura ligera y una aplicación estratégica que no marque arrugas ni apague el rostro

Los maquilladores lo tienen claro: en pieles maduras, "menos es más".

Los maquilladores lo tienen claro: en pieles maduras, "menos es más". / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

J. A. Giménez

El maquillaje que rejuvenece no suele ser el más cubriente, ni el más caro, ni el que promete una piel imposible. Los maquilladores profesionales repiten cada vez más una idea sencilla: menos producto y mejor trabajado rejuvenece más que cualquier filtro. La clave no está en tapar la piel, sino en devolverle luz, frescura y naturalidad sin cargarla.

La frase resume un cambio importante en la forma de entender el maquillaje, sobre todo a partir de los 40, 50 o 60 años. Durante mucho tiempo, muchas rutinas se construyeron sobre la lógica de cubrir: más base, más corrector, más polvo, más contorno. El problema es que, en pieles con líneas de expresión, textura o falta de hidratación, ese exceso puede conseguir justo lo contrario: marcar arrugas, endurecer los rasgos y dejar un acabado pesado.

La primera regla es preparar la piel. Bobbi Brown, una de las maquilladoras más influyentes del mundo y defensora histórica del maquillaje natural, insiste en la importancia de la hidratación antes de aplicar la base. En consejos recogidos por Get The Gloss, Brown recomienda aplicar siempre crema hidratante antes de la base en piel madura y subraya que una piel muy hidratada ayuda a que el producto se funda mejor con el rostro.

Ese paso cambia el resultado. Una base ligera sobre una piel seca puede cuartearse; una base ligera sobre una piel bien preparada puede parecer parte de la propia piel. Por eso muchos profesionales prefieren trabajar con capas finas, productos cremosos y correcciones localizadas en lugar de cubrir toda la cara con la misma intensidad.

La maquilladora Lisa Eldridge, referencia internacional y autora de una línea de maquillaje muy centrada en acabados naturales, plantea sus productos para piel madura desde esa lógica: tintes ligeros, coberturas modulables y fórmulas pensadas para dejar un acabado fresco, luminoso y parecido a la piel real. Su propia web describe sus opciones de tez para piel madura como coberturas ligeras o medias, construibles y con ingredientes de cuidado para un acabado natural.

El corrector es clave

El corrector es uno de los puntos donde más se nota la diferencia entre maquillar bien y maquillar demasiado. En la zona de la ojera, más cantidad no siempre significa mejor resultado. De hecho, puede acumularse en los pliegues y hacer que la mirada parezca más cansada. La maquilladora Mira Parmar, conocida por trabajar con Joanna Lumley, defiende precisamente una aproximación de “menos es más” en piel madura, con productos ligeros, hidratantes y aplicados de forma precisa para no acentuar las líneas.

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Una mujer siendo maquillada por una profesional. / INFORMACIÓN

La idea no es renunciar al maquillaje, sino usarlo con más intención. Un toque de corrector donde hay sombra, una base fina en el centro del rostro, colorete cremoso en una zona favorecedora y un iluminador discreto pueden hacer más que una capa gruesa de producto. El rostro no rejuvenece cuando desaparece toda textura; rejuvenece cuando recupera luz y movimiento.

Charlotte Tilbury también ha insistido en que la piel madura cambia la forma en que el maquillaje se aplica y se ve. En declaraciones recogidas por The Independent, la maquilladora explica que con la edad aparecen líneas, deshidratación y cambios de textura que pueden modificar el comportamiento de la base, y señala que muchas personas con piel madura evitan la base por miedo a que les haga parecer mayores.

Ahí está uno de los errores más comunes: pensar que la solución es no usar nada o, en el extremo contrario, cubrirlo todo. Entre ambos caminos hay una vía más favorecedora: productos ligeros, bien difuminados, con acabado flexible y aplicados solo donde aportan algo. Una piel real puede tener manchas, poros o líneas; lo que envejece no es eso, sino el efecto máscara.

El polvo

El polvo merece capítulo aparte. Puede ayudar a fijar, pero mal usado apaga la piel y marca textura. Los maquilladores suelen reservarlo para zonas concretas: laterales de la nariz, frente, barbilla o puntos donde el maquillaje se mueve. En el resto del rostro, especialmente si hay sequedad, conviene usarlo con mucha moderación.

También importa la luz. Un rostro completamente mate puede parecer plano. Por eso los acabados satinados, los coloretes en crema y los productos que se funden con la piel suelen favorecer más que los maquillajes demasiado secos. No se trata de brillar sin control, sino de evitar que la piel parezca rígida.

La tendencia de los filtros ha cambiado mucho la percepción del rostro. Las redes han acostumbrado al ojo a pieles sin poros, sin sombras y sin líneas, una imagen imposible fuera de la pantalla. El buen maquillaje va en otra dirección: no borra la cara, la acompaña. Y en piel madura eso es todavía más importante, porque intentar imitar un filtro puede terminar endureciendo precisamente aquello que se quiere suavizar.

La técnica está en elegir mejor, aplicar menos, difuminar más y dejar que la piel siga pareciendo piel. Ahí, más que en la cobertura total, está el verdadero efecto buena cara.

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