Con el paso de los años, las articulaciones van sumando impactos y su desgaste puede acabar provocando dolor. De hecho, para algunas personas mayores de 30 años, el dolor de rodillas es parte de su día a día. Al igual que ocurre con los jóvenes que han sufrido alguna lesión como la rotura de ligamento o la de menisco. Estos traumatismos, frecuentemente relacionados con la actividad física pueden tratarse con procedimientos sencillos y poco invasivos como el de la cirugía artroscópica.

Desde Quirónsalud Alicante, el doctor Luis Sánchez Navas, jefe de la Unidad Integral Traumatología, asegura que el progresivo avance en los instrumentales y los conocimientos artroscópicos, ha supuesto uno de los hitos en la historia de esta especialidad. Ha redefinido la anatomía, la comprensión de patologías ya conocidas y la definición de nuevos tipos de lesiones, así como la capacidad de poder tratar procesos que de otra forma no tenían un tratamiento.

¿Qué es la artroscopia?

La artroscopia es un procedimiento quirúrgico que se usa en Cirugía Ortopédica y Traumatología para diagnosticar y tratar diversos problemas y enfermedades que se localizan en el interior de una articulación. Esta intervención permite, a través de una mínima incisión que apenas deja cicatriz, ver la articulación en su totalidad mediante el artroscopio, un pequeño instrumento con forma de tubo alargado y de grosor de 4,5 mm, que recoge por medio de una óptica conectada a una cámara de televisión imágenes de alta calidad de las estructuras internas.

Doctor Luis Sánchez Navas, jefe de la Unidad Integral Traumatología.

Además de obtener las imágenes, durante la artroscopia se interviene al paciente lo cual permite llevar a cabo el procedimiento quirúrgico con mayor o igual eficacia que si se tuviese que abrir totalmente la articulación. “Al ser un método muy poco invasivo”, señala el doctor Luís Sánchez Navas, “permite acortar los tiempos de ingreso hospitalario, pudiéndole dar el alta al paciente incluso el mismo día de la intervención en la mayoría de ocasiones, así como garantiza una recuperación precoz”.

¿En qué casos está recomendada?

Tal y como apunta el doctor Fernando Jordá, jefe de la Unidad de Rodilla de Quirónsalud Torrevieja, toda lesión que afecte al interior de la articulación y no precise implantes de gran tamaño son en principio susceptibles de abordar mediante la artroscopia. Concretamente, la rodilla es la articulación en la que con mayor frecuencia se lleva a cabo esta técnica.

Las lesiones meniscales son una de las patologías más frecuentes en la rodilla y su tratamiento es prácticamente siempre artroscópico. El menisco es un cartílago que genera un efecto almohadillado en la rodilla y su lesión suele producir dolor, especialmente al realizar movimientos como la flexión. “Gracias a la artroscopia, que nos permite la visión y la intervención del tejido, se ha podido definir multitud de patrones de rotura. El tratamiento para las roturas del borde interno del menisco es recortarlo, pues no tiene capacidad de cicatrización, pero el progreso lleva a intentar sanar y preservar la mayor parte de menisco posible, existiendo un continuo e imparable desarrollo de técnicas para reparar sus muy diversas maneras de romperse”, señala el doctor Jordá.

Doctor Fernando Jordá, jefe de la Unidad de Rodilla de Quirónsalud Torrevieja.

En el caso de las lesiones del ligamento cruzado anterior, estas roturas son muy conocidas en el entorno deportivo, produciéndose generalmente por un traumatismo que angula la rodilla hacia adentro estando flexionada y apoyada, acompañándose de un giro del cuerpo. Este ligamento, una vez roto, salvo en casos muy particulares, no es susceptible de ser reparado, por lo que se le substituye por otro ligamento que se toma de la propia rodilla, el cual se coloca en el lugar del ligamento cruzado anterior roto, para que realice su misma función estabilizadora.

Otras situaciones que precisan artroscopia para ser diagnosticadas o tratadas son:

  • Desgaste o degeneración del cartílago articular.
  • Fragmentos o cuerpos libres de hueso o cartílago en el interior de la articulación.
  • Inflamaciones de la cubierta sinovial.
  • Mal alineamiento o tendencia a la luxación.
  • Rotura o degeneración de tendones.

Cuidados tras la artroscopia

Debido a que para llevar a cabo esta cirugía la cicatriz que se genera es mínima, los cuidados posteriores a la intervención son más sencillos. Para conseguir una rápida y buena cicatrización será necesario cuidar los apósitos, evitar ambientes con suciedad y polvo, así como mantener seca la zona circundante. Para prevenir la hinchazón o el edema es recomendable estar el mayor tiempo posible sentado o recostado con el pie en alto y evitar tener la pierna intervenida en declive. Asimismo, también es frecuente la necesidad de usar muletas para limitar el apoyo de la pierna intervenida.

La rehabilitación juega un papel vital para conseguir volver a las actividades diarias.

La rehabilitación, papel fundamental para la recuperación

La rehabilitación juega un papel vital para conseguir volver a las actividades diarias. Tras la artroscopia es necesario generar estímulos adecuados y constantes sobre la articulación intervenida para que esta recupere sus plenas capacidades. En este caso, son los fisioterapeutas los encargados de llevar a cabo este proceso de recuperación. Por lo que, cuánta mayor comunicación e interacción exista entre estos profesionales y los cirujanos, mejores resultados finales se obtendrán.

Desde la realización de la artroscopia hasta que el paciente puede retomar sus rutinas habituales el tiempo que suele transcurrir suele variar en función de la patología que se trate. Siendo lo habitual en los casos de lesión meniscal unas 4 o 6 semanas, y en los casos de lesión de ligamentos de 6 a 9 meses.

Los beneficios de la artroscopia

En comparación con una cirugía abierta, la artroscopia presenta innumerables beneficios:

  • Minimiza el daño que se realiza en el proceso quirúrgico para acceder a la zona a tratar.
  • Permite visualizar toda la articulación, no como en una cirugía abierta que está limitada a la ventana generada desde la incisión cutánea. En el caso de la atroscopia se puede ver la parte de trasera de por dónde se haya accedido.
  • Los tejidos se ven aumentados, como con una lupa, unas 3-4 veces. Esto, junto con la alta definición de las imágenes permite una mucho mejor valoración de los tejidos, deslindando de forma mucho más precisa las lesiones.
  • Se disminuye ampliamente el riesgo de infección, al no tener campos expuestos al ambiente, y realizarse la técnica generalmente con un flujo constante de solución salina que implica un constante lavado de la zona quirúrgica.
  • Todo ello conlleva una disminución del tiempo de ingreso hospitalario, del dolor, de las complicaciones, y una mejora en la velocidad de recuperación.

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