En los últimos años asistimos a un gran protagonismo social y económico de todo aquello que se relaciona con la gastronomía, la Comunidad Valenciana y particularmente Alicante, con su especificidad, tradición y riqueza gastronómica, tiene una posición preferente y privilegiada en el mapa gastronómico.

Si hablamos de restaurantes, guías tan prestigiosas como la Michelin y la Guía Repsol, destacan en cada nueva edición un mayor número de restaurantes de la terreta..

Si hablamos de territorio gastronómico, no hay comarca en la provincia de Alicante que no cuente con características gastronómicas especiales. 

Si hablamos de productos, estamos en un espacio también privilegiado. Contamos con la Denominación de Origen cerezas de la montaña de Alicante, la D.O nísperos de Callosa d’En Sarriá (Callosa y la comarca son los mayores productores de esa fruta en la UE). Por su parte, la uva embolsada del Vinalopó es única en el mundo por su peculiar proceso de maduración. La Granada Mollar de Elche, que por sus propiedades antioxidantes se ha convertido en un producto demando internacionalmente. También poseen D.O nuestras bebidas espirituosas, a medio camino entre remedio medicinal y digestivo.

El turrón Xixona y Alicante, que posee Indicación Geográfica Protegida, es otro producto reconocido internacionalmente, sin duda nuestro producto gastronómico más valorado en todo el mundo.

La alcachofa de la Vega Baja o las ñoras de Guardamar que algunos agricultores secan todavía de forma tradicional solazándose sobre las arenas de la playa a escaso 100 m de los bañistas.

En productos marinos somos privilegiados ya que la provincia de Alicante cuenta con nueve agrupaciones de pesca con sede en los puertos de: Santa Pola, Torrevieja, Altea, Xàbia, La Vila Joiosa, Calpe, Dénia, El Campello y Moraira. Un lujo gastronómico, aún al alcance de vecinos, forasteros y turistas.  

Si hablamos de platos, lo primero que viene a la mente son los arroces alicantinos, excepcionales, por su variedad y calidad.

Olletas, pucheros, suquets, llandetas, minxos y cocas, salazones, respostería, helados, herberos… son otro de los apartados más destacados de nuestro corpus culinario.

No es de extrañar por tanto, que las personas que nos visitan queden subyugadas por la variedad y calidad de nuestros productos agroalimentarios y por nuestra comensalidad, es decir, la manera de prepararlos, degustarlos y compartirlos alrededor de la misma mesa.

Y a pesar de todo lo mencionado, nuestra manera de alimentarnos, se está transformado, la transmisión del conocimiento culinario intergeneracional se ha roto y estamos abandonando la adherencia a la dieta mediterránea con graves consecuencias para nuestra salud. Es tanta nuestra herencia mediterránea y tantos los paisajes presentes en nuestros platos, que es necesario hacer un esfuerzo colectivo por mantener viva la tradición alimentaria mediterránea, aquella que nos proporciona placer y salud en proporciones idénticas.