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La decadencia de la Rambla

La destrucción de comercio y restauración y el cierre de entidades bancarias llenan la emblemática avenida de locales vacíos y atraen la mendicidad

Dos personas durmiendo en pleno día en la entrada de un comercio que recientemente ha cesado su negocio: una zapatería, en la Rambla, cerca del Portal de Elche.

Dos personas durmiendo en pleno día en la entrada de un comercio que recientemente ha cesado su negocio: una zapatería, en la Rambla, cerca del Portal de Elche.

Los cierres de negocios y la destrucción de actividad económica y productiva en la Rambla llena la que fue arteria emblemática de Alicante de locales vacíos y atrae la mendicidad. Los carteles de «Se alquila» o «Se vende» en las fachadas de los bajos comerciales, incluso en lo que fueron entidades bancarias, son la consecuencia de una decadencia sin freno que comenzó en la crisis de 2008 y que ahora se agrava por la emergencia económica derivada de la sanitaria que lleva a echar la persiana también a negocios hosteleros.

Los pocos comerciantes que quedan critican la falta de inversión durante años, y los vecinos tienen miedo de que una excesiva implantación de viviendas turísticas, único negocio que parece funcionar, expulse a los residentes. El Ayuntamiento confía en que el plan de peatonalización impulse los negocios pero expertos urbanistas y en turismo discrepan de que funcione si la medida no va acompañada de otras de corte económico. «La Rambla y el Centro Tradicional en general languidecen más deprisa que otras zonas de Alicante», afirma el presidente de la asociación de comerciantes Corazón de Alicante, Vicente Armengol. El colectivo observa con envidia planes como la Edusi, con inversiones europeas para los barrios entre los dos castillos, y critica la dejadez hacia la Rambla. En los últimos meses han cerrado más comercios, dejando en apenas media docena los que sobreviven en una avenida que en sus años de esplendor tuvo varias decenas de establecimientos con nombre en toda la provincia. Uno de los últimos cierres, justo antes de la pandemia, fue el de la histórica joyería Gomis, buque insignia en la esquina con Mayor que prefirió trasladarse al entorno de Maisonnave.

Los precios de los alquileres tampoco ayudan. Siete mil euros al mes piden por el local donde estuvo implantada hace unos años una firma de trajes de novia y ceremonia. Cantidades que también los hosteleros consideran abusiva. «Me han hablado de un local que cuesta 5.000 euros sin salida de humos. Uno al uso para la hostelería, con salida de humos, se va al doble de dinero. Los locales de la Rambla tienen unos precios como si fuera la Castellana de Madrid», denunció ayer el presidente de la Asociación de Locales de Ocio y Restauración (Alroa), Javier Galdeano.

Este sector, que parecía copar la avenida hace un lustro, empieza a sufrir: dos negocios han desaparecido en las últimas semanas. Solo aguantan las franquicias. «La mayoría ha ido cerrando y en la parte de arriba de la Rambla sobreviven algunos pubs de aquella manera. Si la gente no puede venir a comer tampoco se comprará unos zapatos», señaló en referencia al reciente cierre de una zapatería próxima al Portal de Elche. «Los bancos es otra. La mayoría van a desaparecer físicamente», abundó Galdeano. Al menos dos sucursales de entidades bancarias han desaparecido y los espacios que ocupaban se venden o se alquilan.

Los vecinos hablan de una Rambla muerta desde hace tiempo. «El comercio desapareció, pusieron cuatro locales de ocio, pubs y discotecas en López Torregrosa (parte superior de la avenida), y siguen haciendo pisos vacacionales. Hasta que veamos el plan de peatonalización que está elaborando el Ayuntamiento no sabemos qué quieren hacer», afirma José Vicent, secretario de la asociación del Centro Tradicional, que echa de menos la vida de otras Ramblas en España. «No tiene nada, es una zona muerte. El estado en que se encuentra no es de ahora mismo, viene de años, desde que empezaron a quitar las tiendas que había, porque nunca han reactivado el comercio».

Los vecinos, que alertan de la falta de control en las viviendas vacacionales y de su excesiva implantación, han pedido conocer el contenido del plan de peatonalización que elabora la Concejalía de Movilidad, en manos del edil del PP José Ramón González. Un proyecto que ha causado diferencias en el seno del bipartito al no convencer inicialmente al concejal de Urbanismo, Adrián Santos (Cs). Tráfico estudia las soluciones técnicas para que sea viable antes de intervenir. González defiende la necesidad de peatonalizar el centro. «Ya estamos trabajando en la zona de la Rambla, para ejecutar un ambicioso plan que cambie nuestro modelo de ciudad. Lo haremos desde la participación, el consenso con los grupos políticos, con estudios y trabajos técnicos para que sea un éxito. Queremos que Alicante sea una ciudad más sostenible, y se llevará adelante la ejecución por fases, reordenando el espacio urbano y dando prioridad al peatón».

Desde el punto de vista urbanístico, Santos explica que la intervención persigue eliminar la barrera actual que supone la Rambla entre el Centro Tradicional y el Casco Antiguo con sus tres carriles de tráfico y banda de aparcamiento y darle continuidad en forma de bulevar, que ahora no existe, para favorecer los desplazamientos a pie. Lo que, sin duda, considera que beneficiará a la actividad comercial. «Será favorable para la Rambla, por supuesto. La ampliación de aceras y las medidas en favor del peatón en zonas como la calle Italia o Quintana han supuesto un beneficio para los negocios».

El plan en el que trabaja Tráfico y Transportes plantea un corredor peatonal entre Alfonso el Sabio y la Explanada, sin vehículos privados en la Rambla ni Altamira; y contempla la ampliación de aceras y carriles bici, sin que ello signifique que haya más veladores. Un aspecto que preocupa al urbanista José Ramón Navarro Vera, quien cree que la peatonalización puede favorecer el emplazamiento de terrazas, «un espacio para copas que supondría un deterioro acústico para los vecinos y visual para el conjunto de la calle».

El experto opina que la peatonalización por sí sola no regenerará el tejido comercial de la Rambla, «solo funcionará si hay otra medidas complementarias de estímulo del comercio». Navarro Vera cree que la Rambla, bisagra entre el Centro Tradicional y el Casco Antiguo, debe tener respuesta en el contexto de este estudio pero opina que la metodología prima en exceso el tráfico sobre otras variantes urbanas como las viviendas o la estructura comercial, «y así no se mejora ni se transforma una ciudad». Aún así, considera que en el futuro la Rambla debe ser peatonal con un corredor de transporte «pero no demasiado potente para no desvirtuarlo».

El profesor de la Universidad de Alicante Tomás Mazón, miembro del Instituto Universitario de Investigaciones Turísticas, señala que lo peor que ocurre en una calle emblemática como la Rambla es cuando se apagan los escaparates de los comercios que desaparecen. «Ya pasó en Castaños cuando cerraron en la crisis anterior y cambió el uso a hostelero. La Rambla presenta una imagen de abandono por la falta de actividad y una decadencia a la que no se ven vías de solución. ¿Qué es lo que está haciendo el Ayuntamiento por potenciar el comercio y el turismo? La desaparición de tantos negocios está matando la vida de la ciudad».

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