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La proeza de rodar en pandemia

Chema García Ibarra concluye en Elche el rodaje de su primer largometraje, Espíritu Sagrado, una historia sobre aficionados a la ufología escrita antes del coronavirus, filmada con un nuevo escenario y siguiendo estrictas medidas de seguridad

Varios momentos del rodaje dirigido por Chema García Ibarra (a la derecha, con Leonor Díaz, directora de arte), llevado a cabo durante cinco semanas en 
Elche. | JUANMA BERNABEU

Varios momentos del rodaje dirigido por Chema García Ibarra (a la derecha, con Leonor Díaz, directora de arte), llevado a cabo durante cinco semanas en Elche. | JUANMA BERNABEU

Cerca de 400 personas han participado en el rodaje de Espíritu Sagrado, el primer gran largometraje del ilicitano Chema García Ibarra tras una más que exitosa carrera en formato corto. Una película alrededor de un grupo de aficionados a la ufología pensada antes del coronavirus y producida en plena pandemia. Como el propio director avanzó antes de empezar, el proceso ha sido similar a filmar «una película de época» en un escenario tomado por unas mascarillas que no existían en el guion. Filmada en Elche durante cinco semanas con estrictos protocolos de seguridad, el rodaje concluyó el pasado viernes cumpliendo el plan previsto y con cero contagios.

«El rodaje ha ido muy bien, teniendo en cuenta la situación. A todas las cosas que pueden fallar en un rodaje, que es como una máquina llena de engranajes en la que si uno falla se para todo, se une estar en mitad de la segunda ola de una pandemia», indica el ilicitano, que reconoce que sintió «mucho alivio» cuando todo terminó bien: «Mi conclusión es que, para el futuro, me gustaría mucho vivir la experiencia de rodar un largometraje sin que haya una pandemia», bromea.

El equipo de la película Espíritu Sagrado, durante la filmación en el barrio Carrús de Elche. juanma bernabeu | JUANMA BERNABEU

Miguel Molina, de Jaibo Films, la productora alicantina detrás de Espíritu Sagrado junto a Apellaniz y De Sosa y otras productoras extranjeras, califica de «proeza» haber podido hacerlo «en una situación tan difícil y sin que haya habido un percance ni un accidente moviendo a casi 400 personas, entre figurantes, técnicos y actores. Si eso solo ya genera estrés, con el covid sobrevolando más aún», cuenta el productor, que justo antes de iniciar la filmación debieron cambiar el plan de rodaje ante una sospecha de contagio que finalmente no lo fue.

«Nos hemos gastado una pasta en PCR y test de antígenos, que repetíamos semanalmente, en mascarillas, que se cambiaban a mitad de la jornada, control de temperatura... cada día dedicábamos media hora a ello», apunta Molina, que alaba al equipo que ha hecho posible que no aparezca ni rastro de máscaras azules en cualquier plano de exteriores, algo logrado «con más creatividad y más figuración de la prevista».

El productor destaca la «claridad de ideas» de García Ibarra al rodar, así como la maestría de los actores, «que están que se salen y son todos no profesionales» y el esfuerzo de la ciudad de Elche, «que nos ha dado todas las facilidades en un momento tan difícil».

La película, rodada en 16 milímetros y parte en 35 mm., se enviaba cada dos días a un laboratorio de París para el montaje. A final de año se prevé tener el corte final para la posproducción y en marzo, lista para festivales. ¿Cuál será el primero? «Si es posible, Cannes».

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