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LA PLUMA Y EL DIVÁN

Tiempos de aquietadores

Foto de archivo

Es difícil encontrar en la historia reciente un cúmulo de acontecimientos estresantes tan alto como los que llevamos consumiendo en los últimos años. Hemos entrado en una espiral inquietante que acapara toda nuestra atención hacia signos constantes de alteración de la vida.

La economía no levanta cabeza y consigue empobrecer a las familias un poco más cada día, la política se atocina dando pie al aumento de las mentiras y los despropósitos, la sanidad continúa amordazada por el virus, los proyectos de futuro se hacen imposibles por la precariedad de la situación y la calidad de vida de los ciudadanos cae en picado.

El estado emocional de la población se encuentra en niveles críticos de angustia, indefensión y desencanto, porque muchas de las circunstancias que se están viviendo se encuentran fuera del control individual y social.

Es imprescindible que se pongan en marcha con rapidez, los mecanismos que amortigüen al máximo las eventualidades que se están viviendo, empezando por las económicas que son las más lesivas para el total de la población. Nuestros políticos tienen que dejarse de monsergas de una vez y no seguir haciendo atribuciones externas de los problemas económicos del país.

También es imprescindible que los que gobiernan, sean capaces de generar proyectos ilusionantes para todos, intentando que los ciudadanos puedan plantearse planes de futuro, aunque sean a medio plazo.

No podemos olvidarnos de que la pandemia sigue estando ahí, al acecho. Si se baja mucho la guardia podemos entrar en una espiral infame de nuevas restricciones que abocarán en más angustia, estrés y desencanto.

La evidencia es que los escasos servicios de salud mental en España están desbordados atendiendo una masa poblacional altísima con recursos insuficientes. Han aumentado los problemas de sueño, de ansiedad, de estrés y las prescripciones de medicamentos de forma exorbitada.

La solución no es nada fácil. Hay que conseguir rebajar la presión emocional para que mejore la calidad de vida y el bienestar. La medida principal sería la de mejorar los servicios de salud mental con más medios humanos, cuestión que también está en manos de nuestros ineficaces políticos.

La otra solución es el buenismo, es decir, que los ciudadanos que afrontan mejor los problemas ejerzan de correa de transmisión y se conviertan en aquietadores de los demás con el único fin de conseguir mejorar los niveles de malestar que hemos alcanzado.

Ayudaría bastante si los medios de comunicación fueran menos alarmistas y más objetivos es sus afirmaciones, propuestas y comunicados, asumiendo el papel de aquietadores.

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