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João Penedo: «La mitad de los ascensores en España tiene más de veinte años»

João Penedo, responsable de Otis para Iberia, Oriente Medio y África, analiza las claves para modernizar un parque de ascensores construido, en gran parte, durante la segunda mitad del siglo pasado en un país con una elevada longevidad

João Penedo, responsable de Otis para Iberia, Oriente Medio y África.

João Penedo, responsable de Otis para Iberia, Oriente Medio y África.

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María Velasco

Con cerca de 1,2 millones de ascensores y un parque cada vez más envejecido, España afronta el desafío de modernizar una infraestructura esencial para la seguridad, la accesibilidad y la autonomía de millones de personas. João Penedo, responsable de Otis para Iberia, Oriente Medio y África, analiza los retos de esta transformación, las dificultades económicas de las comunidades de propietarios y las soluciones de financiación y renovación progresiva con las que la compañía busca facilitarla.

—España tiene uno de los parques de ascensores más envejecidos de Europa. ¿Hasta qué punto la modernización de estos equipos representa hoy una oportunidad de crecimiento para Otis?

—Es una oportunidad y una responsabilidad. España cuenta con más de un millón de ascensores y aproximadamente la mitad tiene más de veinte años. Estamos hablando de equipos que siguen prestando un servicio esencial, pero que necesitan evolucionar para responder a las actuales exigencias de seguridad, accesibilidad, eficiencia y conectividad. La modernización es uno de los pilares estratégicos del negocio porque nos permite acompañar a los clientes durante todo el ciclo de vida del ascensor. En muchos casos puede renovarse de forma progresiva, por eso estamos desarrollando soluciones modulares que permiten modernizar por fases.

—El coste como una de las principales barreras que frenan la renovación…

—No es solamente el importe de la inversión. En España existe una estructura de propiedad fragmentada, con numerosos pequeños propietarios que deben ponerse de acuerdo dentro de una comunidad de vecinos y la modernización se percibe como una gran derrama puntual. Esa percepción puede retrasar actuaciones necesarias incluso cuando existe consenso sobre sus beneficios. Por ello, disponemos de soluciones competitivas de financiación para nuestros clientes. Además, puesto en marcha para nuevos clientes un plan de financiación sin intereses de hasta diez años, concebido para transformar una derrama difícil en una cuota mensual más manejable.

«En una sociedad cada vez más longeva, la movilidad vertical será cada vez más importante para garantizar autonomía e igualdad de oportunidades»

—La nueva normativa ITC AEM 1 obliga a adaptar numerosos ascensores a mayores requisitos de seguridad y accesibilidad. ¿Está preparado el parque inmobiliario español?

—El reto es que no todos los edificios parten de la misma situación. Hay diferencias en la antigüedad de los equipos, el estado de conservación y la capacidad económica de las comunidades. Por eso no debemos abordar este proceso únicamente como una obligación normativa, sino como una oportunidad para actualizar una infraestructura esencial.

—España afronta un doble envejecimiento: la población y sus edificios. ¿Cómo está cambiando esa realidad demográfica la estrategia de Otis?

—En España, alrededor del 21% de la población supera ya los 65 años, y cerca del 80% de las viviendas no están adaptadas al envejecimiento. La longevidad es uno de los mayores logros de nuestra sociedad. Ahora debemos asegurarnos de que también signifique la oportunidad de vivir con más independencia, más movilidad y una mejor calidad de vida. Ya no basta con que un ascensor funcione. Tiene que responder a las necesidades de personas con diferentes capacidades físicas, sensoriales y cognitivas, y ayudar a que puedan permanecer activas e independientes durante más tiempo.

—¿Cree que el ascensor es una infraestructura o un elemento de inclusión social?

—Es ambas cosas. El ascensor es una infraestructura esencial porque hace posible la movilidad vertical y permite que las ciudades crezcan y funcionen. Pero su verdadero valor se mide por el impacto que tiene en la vida de las personas. Para una persona mayor, alguien con movilidad reducida o una familia con un carrito infantil, disponer de un ascensor accesible y fiable puede marcar la diferencia entre participar plenamente en la vida cotidiana o quedar limitada dentro de su propia vivienda. En una sociedad cada vez más longeva, la movilidad vertical será cada vez más importante para garantizar autonomía, igualdad de oportunidades.

«El ascensor del futuro tendrá que responder a la oportunidad que representa la longevidad»

—¿Qué mejoras concretas puede percibir una comunidad de propietarios después de renovar un ascensor?

—La primera mejora suele ser la fiabilidad. Un ascensor modernizado registra menos averías, menos paradas inesperadas y ofrece una experiencia más cómoda. La segunda es la seguridad y la accesibilidad. La renovación permite adaptar el equipo a estándares más actuales e incorporar funcionalidades pensadas para una población cada vez más diversa. Además, las nuevas tecnologías permiten incorporar funcionalidades que mejoran el rendimiento energético del equipo. Todo ello ayuda a reforzar el valor del inmueble, al tiempo que mejora la calidad de vida de los residentes.

—¿Qué particularidades presenta España frente a otros países?

—España presenta uno de los parques de ascensores más grandes de Europa, una elevada longevidad de la población y un parque residencial construido, en gran medida, durante la segunda mitad del siglo pasado. A ello se suma una estructura basada en comunidades de propietarios. En muchos mercados la decisión de modernizar depende de un único propietario o gestor. En España es necesario alcanzar consensos y encontrar soluciones que se adapten a realidades económicas muy distintas.

—Mirando a diez años vista, ¿cómo imagina el ascensor del futuro?

—Imagino un ascensor más seguro, más conectado y con mejoras en eficiencia energética respecto de tecnologías anteriores. Un sistema capaz de anticipar incidencias, optimizar su mantenimiento y adaptarse continuamente a las necesidades del edificio y de las personas que lo utilizan. Pero la evolución más importante no será tecnológica, sino social. El ascensor del futuro tendrá que responder a la gran oportunidad que representa la longevidad.

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