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La bolsa, un invento de los Van der Büerse

Un cuadro que representa a un prestamista de la Roma imperial

Un cuadro que representa a un prestamista de la Roma imperial

La economía le debe mucho a la antigüedad clásica. Al menos en su etimología. La propia palabra procede de «Oikonomia», que en griego significa administración del hogar o la casa («Oikos»). Otros vocablos muy comunes en el argot financiero, como banco, billete o bolsa, también tienen orígenes sorprendentes y están relacionados entre sí.

La bolsa, un invento de los Van der Büerse

La primera acepción de la bolsa entronca con el latín, «bursa», y con el griego, «byrsa». Ambas definen piel curtida u odre. Justamente tres bolsas de piel venían a representar los monederos de la época en el escudo de los Van der Büerse, una adinerada familia del siglo XVI de la localidad belga de Brujas cuyo apellido acabó dando nombre a las bolsas de valores. Se dedicaba a múltiples negocios y habilitó un edificio de su propiedad para organizar reuniones de carácter mercantil y facilitar encuentros entre hombres de negocios que cerraban allí sus acuerdos y transacciones. Dicen los historiadores que en esa casa había un gran pórtico de piedra con el escudo de la familia, algo típico de algunos linajes nobles de la época.

La bolsa, un invento de los Van der Büerse

Con el paso del tiempo, se fue haciendo popular la expresión «ese negocio lo han hecho los de la bolsa» («büerse» significa bolsa en flamenco), en referencia al escudo familiar. Desde entonces, muchos idiomas han adoptado dicha palabra para denominar a sus mercados de valores, con excepción de los ingleses, que, además de conducir por la izquierda, llaman a su parqué «Stock Exchange», es decir intercambio de acciones. Una denominación directa y nada alambicada. En castellano el adjetivo de bolsa es bursátil, con la erre de los Büerse que el sustantivo pierde.

La bolsa, un invento de los  Van der Büerse

La bolsa, un invento de los Van der Büerse JordiCuenca

También tiene un origen curioso la palabra banco, sin que esté muy claro el cuándo nace, pero sí el porqué. Existen dos versiones, pero el hecho que ambas definen es muy similar y está relacionado con el dinero, una palabra que proviene de «denario», la moneda de plata de la Roma imperial.

La primera teoría lleva a la Florencia del Renacimiento y los Medici: los banqueros de esa ciudad realizaban sus transacciones sobre un banco (una especie de escritorio). De hecho, la palabra banco en italiano tiene entre sus significados el de pupitre, el de mostrador de tiendas u oficinas públicas o el del obrador donde trabajan los artesanos. La traducción de banco al italiano es banca. La segunda teoría retrocede todavía más en el tiempo, a la época del antiguo Imperio Romano. Los prestamistas realizaban su trabajo sobre un largo «bancu».

Al banco se suele ir, sobre todo, a sacar billetes del cajero, al menos por ahora, cuando muchos ciudadanos aún se resisten a pagarlo todo con la tarjeta de crédito. ¿Por qué denominar así al papel moneda? La etimología de la palabra se remonta a la voz francesa «billet», que es la forma masculina de la palabra «billette» y corresponde al siglo XIV.

Se trata en realidad de una alteración de «bullette», diminutivo de «bulle», que en latín medieval significaba «bulla»: sello o acta con sello. De ahí la bula papal, un documento sellado con plomo. La palabra es un modo alternativo de denominar al papel moneda, cuyos orígenes están en la China del siglo IX. Los primeros billetes de los que hay constancia en Europa aparecen en Suecia en 1661 de la mano del cambista Johan Palmstruch, quien los entregaba como «recibo» para quien depositaba oro y otro metal precioso en el Banco que Estocolmo, fundado por él mismo. A España llegaron en 1780, durante el reinado de Carlos III, y su uso se popularizó rápidamente por ser mucho más cómodos de llevar. Adiós a la vieja y pesada bolsa de monedas y bienvenida a la liviana billetera. O a la cartera, con tantas acepciones y que, en definitiva, era un objeto para llevar cartas. Ahora que casi nadie las escribe, su uso se ha reducido al más prosaico de servir de transporte de dinero, tarjetas de crédito y documentos identificativos. Aunque también se utiliza para denominar la agrupación de valores o acciones, aquellos títulos que se venden en las bolsas desde los tiempos de los Van der Büerse.

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