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Elda

El «boom» de las narcosalas

Los narcotraficantes de La Tafalera habilitan estancias en sus propias viviendas para que los drogadictos puedan consumir heroína en ellas

Una de las habituales operaciones de la Policía Nacional contra el tráfico de drogas en La Tafalera. áxel álvarez

Las narcosalas están proliferando en La Tafalera de Elda. Las primeras se abrieron hace poco más de un año y desde entonces se han ido extendiendo por toda la barriada. De hecho ya hay seis y tres de ellas atraen cada día a toxicómanos de diferentes municipios de la provincia. Los adictos las llaman «fumaderos» porque son la versión pobre de los narcopisos que tantos problemas de convivencia vecinal y seguridad están generando en las grandes ciudades. Sobre todo en el Raval de Barcelona y en los distritos madrileños de Vallecas y la Cañada Real. Pero en La Tafalera tienen sus peculiaridades.

Suelen ser habitaciones que los narcotraficantes habilitan en sus viviendas para eludir la acción de la Policía y la Justicia. En ellos se vende y se consume droga. Heroína en su mayoría, a veces también mezclada con cocaína, que casi todos fuman en base, si bien también los hay que se la inyectan.

Es la fórmula que los drogadictos han encontrado para que los agentes de la Policía Nacional de Elda-Petrer y de la Policía Local no los sancionen ni les decomisen las dosis que adquieren en la Tafalera para su consumo. Pero también se benefician los narcos ya que, de este modo, evitan que los jueces autoricen operaciones policiales contra ellos por falta de criterios objetivos. Algo que suele producirse cuando los policías cachean a los toxicómanos al salir de las viviendas con la dosis comprada y estos denuncian a sus «camellos» para no ingresar en prisión.

Pero a la proliferación de las narcosalas también ha contribuido el repunte de la adicción a la heroína debido a que su precio ha bajado. Además, le han favorecido los nuevos métodos de consumo. En la actualidad en La Tafalera se venden cantidades muy pequeñas de droga. El que entra en un «fumadero» y adquiere con cinco euros una micra de «caballo» recibe el papel de plata y todos los utensilios necesarios para que pueda drogarse tranquilamente sin salir a la calle. Saben que los agentes no pueden acceder sin autorización judicial. Así que cuando los drogodependientes son interceptados merodeando por la barriada ya no llevan ni droga ni dinero. Y a ello se suma el componente de la «competencia» entre los clanes dedicados a la venta de drogas. Aquellos que siguen resistiéndose a ofrecer narcosalas a su «clientela» están viendo mermados sus ilícitos ingresos. Es la ley de la oferta y la demanda de la que tampoco se libra el mercado negro.

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