Ante un escenario de mayor presión sobre el agua, la energía y las materias primas, la economía circular está cambiando la manera de entender aquello que hasta hace poco llamábamos residuos. Regenerar agua, recuperar materiales y producir energía a partir de recursos ya utilizados son algunas de las soluciones con las que Veolia busca avanzar hacia ciudades, industrias y territorios más resilientes.
El agua residual puede regresar convertida en agua de riego. Una botella usada puede transformarse de nuevo en materia prima. Los restos de poda pueden producir energía. Incluso una parte de aquello que ya no puede reciclarse puede aprovecharse energéticamente antes de terminar en un vertedero. Detrás de todos estos procesos hay un cambio de mirada. Durante décadas, buena parte de nuestra economía ha funcionado siguiendo una secuencia casi automática: extraer, producir, consumir y desechar. La economía circular intenta modificar ese recorrido para mantener los recursos dentro del sistema durante el mayor tiempo posible.
La necesidad de hacerlo resulta especialmente evidente en un contexto marcado por el cambio climático y una creciente competencia por recursos esenciales como el agua. La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que España se encuentra entre los países europeos que experimentan situaciones de escasez hídrica especialmente durante la primavera y el verano. Hay que señalar que se considera que existe estrés hídrico cuando las extracciones superan el 20% de los recursos renovables disponibles durante un periodo determinado. Y este tema no es únicamente una cuestión de sequías. Es también una cuestión de cómo utilizamos aquello de lo que disponemos.
Las cifras de la economía circular
El agua que vuelve
Pocas imágenes explican mejor la economía circular que una depuradora. Tradicionalmente, estas instalaciones estaban concebidas para recibir las aguas residuales, tratarlas y devolverlas al medio en condiciones adecuadas. Hoy, algunas están empezando a asumir una función mucho más amplia: convertirse en lugares capaces de regenerar el agua para nuevos usos (limpieza urbana, riego agrícola, abastecimiento industrial), convertir los residuos en nuevos recursos (por ejemplo, fertilizantes a partir de los lodos de depuración), generar energía renovable, preservar el entorno y proteger la biodiversidad.
España reutiliza actualmente alrededor de 400 hectómetros cúbicos de agua al año, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. La aprobación en 2024 del nuevo Reglamento de reutilización del agua reforzó un modelo que permite emplear agua regenerada en usos urbanos, agrícolas e industriales, entre otros, siempre bajo los requisitos de calidad y gestión del riesgo establecidos para cada destino.
La ventaja resulta especialmente relevante en las zonas sometidas a escasez: el agua regenerada constituye un recurso de proximidad y permite reservar agua de mayor calidad para usos que la necesitan, incluido el abastecimiento humano. El propio MITECO subraya su capacidad para aportar mayor fiabilidad y regularidad al suministro, particularmente en las zonas costeras. Regar parques y campos agrícolas, limpiar calles o abastecer determinados procesos industriales con agua regenerada permite, por tanto, dejar de utilizar agua potable allí donde no resulta imprescindible. Y ahí empieza a cerrarse el círculo.
Ecofactoría BioSur de Granada
Residuos fundamentales
Convertir el desecho en recurso ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en la piedra angular de la economía circular. En este escenario, Veolia opera como un actor clave en la gestión integral de residuos, articulando soluciones que abarcan desde el reciclaje de plásticos y la valorización de biorresiduos hasta la transformación energética de aquello que ya no se puede reutilizar. Pero el verdadero reto técnico y logístico se juega en el campo de los polímeros. A través de sus plantas especializadas en Sevilla y Badajoz, la compañía procesa desde plástico PET para contacto alimentario hasta plásticos industriales, posconsumo y agrícolas, devolviéndolos al mercado como materias primas de calidad certificada y con trazabilidad garantizada. Además, Veolia no solo recicla, sino que asesora a marcas y fabricantes en ecodiseño para optimizar los envases desde su origen.
La circularidad parte de una idea sencilla: que utilizar un recurso no signifique necesariamente agotarlo.
En paralelo, la fracción orgánica encuentra su propia vía de descarbonización. Por un lado, el compostaje convierte la materia orgánica en un fertilizante natural que regenera la tierra, mejora la retención de agua en el suelo y frena la saturación de los vertederos. Por otro, la biomasa transforma los restos vegetales y subproductos secos en energía térmica y eléctrica de huella neutra, ofreciendo una alternativa limpia a los combustibles fósiles mientras contribuye, de paso, a la prevención de incendios mediante una gestión forestal activa.
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