Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pensamientos animalistas

Las razones por las que ponemos nombres a las mascotas

Las razones por las que ponemos nombres a las mascotas

Las razones por las que ponemos nombres a las mascotas

Designar a un animal con un nombre es, entre otras muchas cosas, separarlo del resto y otorgarle una serie de valores propios que lo distinguen de los demás. Sin embargo, esta regla no siempre se cumple.

Por ejemplo, existe una norma básica en el mundo científico consistente en que, jamás, debe ponerse nombre a los animales objetos de experimentación o estudio. Los encargados de realizar dichas investigaciones evitan siempre asignárselos. Suelen referirse a éstos con números o letras sueltas carentes de sentido. Por ejemplo: Individuo «X» o ejemplar «C».

Con esa frialdad, los científicos intentan protegerse del sentimiento más natural que pueden sentir las personas hacia los animales, el de la piedad. Les aterra encariñarse de ellos. Por otro lado, así evitan caer en el antropomorfismo atribuyéndoles facultades humanas.

En el caso de los animales de compañía no existen tantos reparos. Les asignamos nombres para diferenciarlos y sentirlos cercanos, sin más problemas. Sin embargo, al respecto, tampoco todo el mundo está de acuerdo.

Por ejemplo, si les llamamos «Canelo», «Tobi» o «Luna» no hay problema, pero si los nombres que usamos son de personas como «María», «Lola» o «Sofía», comienza a haberlos.

Son muchos los que apoyados por razones religiosas, consideran un insulto colocar el nombre de una persona a un animal. Afirman que si dichos nombres poseen un santo que lo protegen, no es correcto hacerlo. Se olvidan de que los animales tienen el suyo propio, San Francisco de Asís.

De todas formas, afortunadamente, estos últimos cada vez son menos. Al contrario, ya los hay, incluso, que distinguen a su animal con el apellido familiar. Recuerdo especialmente a uno, a «Martínez». Un cruce de mil razas, pequeño y cariñoso, al que era imposible no hablarle de usted. Escuchar en su casa llamarle de la siguiente forma: -¡Martínez, venga usted aquí!- era de lo más usual.

En fin el caso es que, como ven, hasta poner nombre a una mascota genera conflictos. No tenemos remedio.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats