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Turismo de cultura y naturaleza

Cantabria, la mejor opción para una escapada

Cuevas prehistóricas, pueblos con encanto y un litoral de postal dibujan una región que merece la pena descubrir, y a la que ahora es más fácil llegar con los vuelos directos de Vueling

Bahía de Santander.

Bahía de Santander. / ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ

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Cantabria es un destino idóneo para una escapada. Una región que goza de un enorme patrimonio histórico, cultural y natural y que permite cambiar de paisaje en pocos kilómetros: pasar de un paseo por sus tradicionales pueblos de piedra a un recorrido por los acantilados de la costa, o una visita por alguno de sus muchos yacimientos prehistóricos, como el de las famosas cuevas de Altamira. Y lo mejor es que todos estos enclaves no aparecen separados, sino que forman parte de un mismo territorio, en el que la historia y la naturaleza dan forma y carácter al paisaje.

Es un lugar ideal para disfrutar en cualquier época del año, pero adquiere un encanto especial ahora, fuera de la temporada alta, cuando el territorio recupera su ritmo más auténtico y los monumentos y senderos se pueden recorrer con total serenidad.

Y llegar a Cantabria desde el arco mediterráneo es cada vez más sencillo con la conexión directa de Vueling entre Alicante y Santander.

Arte paleolítico

Cantabria goza de una de las mayores riquezas arqueológicas del mundo. Su subsuelo alberga más de 70 cuevas con arte rupestre del Paleolítico Superior. Diez de esas cavidades ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: Altamira, mundialmente célebre por sus bisontes policromos; el extraordinario complejo de Puente Viesgo, integrado por El Castillo, Las Monedas, La Pasiega y Las Chimeneas; el imponente friso de El Pendo; el trazo tamponado de Covalanas; los profundos grabados de Chufín e Hornos de la Peña; y La Garma, un santuario arqueológico intacto, no abierto a visitas turísticas.

Este patrimonio convierte a la región en un polo de investigación científica internacional, pero también en un potente motor turístico que atrae cada año a miles de visitantes que buscan descubrir los orígenes de la creatividad humana.

Cueva de Covalanas, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Cueva de Covalanas, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. / ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ

Caminos de peregrinación

También declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, el Camino Lebaniego y el Camino del Norte reflejan lo mejor de la cultura y la naturaleza de Cantabria. La afluencia de viajeros por estas históricas rutas está documentada desde la Edad Media, época en la que miles de peregrinos cruzaban la región movidos por la fe para venerar el Lignum Crucis y los restos del santo en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, a cuyas reliquias se atribuían propiedades milagrosas.

Hoy en día, este itinerario milenario sigue siendo una famosa ruta de peregrinación y un espectacular sendero natural que atrae por igual a fieles devotos y a excursionistas que buscan disfrutar de un entorno natural privilegiado.

Un paisaje histórico

En Cantabria, naturaleza y patrimonio no son dos capítulos separados. Otro ejemplo es el de la Costa Quebrada, un tramo litoral de unos 20 kilómetros recientemente reconocido como Geoparque Mundial por la UNESCO. A lo largo de esta franja costera, la naturaleza despliega un catálogo de acantilados, arcos de piedra, islotes, tómbolos y dunas que permiten apreciar la evolución de la costa a lo largo de millones de años. Recorrer este sector del litoral es mucho más que un acercamiento al mar; es contemplar cómo la geología se convierte en patrimonio vivo y en una ventana directa a la evolución natural de la región.

La espectacularidad del relieve también invita a descubrir Cantabria fuera de los meses de mayor afluencia. Lejos del turismo estacional, la fuerza del mar Cantábrico modelando los acantilados ofrece un espectáculo visual idóneo para recorrer a pie y con calma.

En la región cántabra la historia se integra con naturalidad en el paisaje

Pueblos de ensueño

Una de las mejores maneras de descubrir la región es a través de sus pueblos. Localidades como Liérganes, Santillana del Mar, Bárcena Mayor, Potes, Carmona y Mogrovejo reúnen algunos de los conjuntos urbanos y rurales más pintorescos de Cantabria. Mientras algunos cascos urbanos invitan a caminar sin rumbo entre montañas, en otros la arquitectura tradicional de piedra sigue formando parte del día a día. Son escenarios idóneos para detenerse en los detalles: una fachada blasonada, una plaza porticada, un puente antiguo o la ingeniosa forma en que las casas se adaptan al relieve.

Comillas añade, además, una pieza excepcional a este recorrido. Allí se alza El Capricho de Gaudí, una de las pocas obras que el arquitecto levantó fuera de Cataluña y un auténtico manifiesto de su genialidad. Un palacete donde la fantasía se convierte en arquitectura y la naturaleza en lenguaje constructivo. Concebido como un organismo vivo, sus estancias fueron diseñadas para encajar con el movimiento del sol, orientando los dormitorios al amanecer y conectando las zonas de descanso a un ingenioso invernadero que regula la temperatura. El edificio homenajea además la afición musical de su primer dueño, con barandillas en forma de clave de sol y ventanas que emiten sonidos de campanas al abrirse. Revestido con miles de azulejos cerámicos de girasoles, este monumento fusiona arte, color y funcionalidad.

El Capricho de Gaudí, en Comillas.

El Capricho de Gaudí, en Comillas. / Nacho Cubero

Santander, más que una capital

El viaje arquitectónico y cultural puede comenzar —o terminar— en Santander, una capital que se asoma a una de las bahías más reconocibles del país y que concentra la vanguardia artística de la región. Quienes recorren la ciudad descubren un interesantísimo catálogo de contrastes: desde el señorío regio del Palacio de la Magdalena en su península costera, hasta la modernidad flotante del Centro Botín o el FARO Santander, el nuevo centro de arte ubicado en el histórico Edificio Pereda y rehabilitado por David Chipperfield. Todo ello convive con el encanto marinero de Puertochico, el bullicio tradicional del Mercado de la Esperanza y los amplios arenales del Sardinero.

Visitar la capital fuera de la temporada alta aporta un valor extraordinario a la experiencia. Lejos de las aglomeraciones del verano, pasear con calma por el Paseo de Pereda o contemplar el Cantábrico bravo desde el faro de Cabo Mayor se convierte en un lujo íntimo. Tras el verano, Santander vuelve a su ritmo original y auténtico, permitiendo disfrutar de sus museos, sus prestigiosas propuestas de pinchos en Plaza de Cañadío y sus paseos marítimos con una serenidad idónea para quienes buscan conectar de verdad con la esencia de Cantabria

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