Opinión
Marisa Navarro
La casa de Bernarda Alba
Federico García Lorca fue un narrador, dramaturgo y poeta que formó parte de la denominada Generación del 27, cuya obra refleja las costumbres de la sociedad rural española de la época, siendo autor de obras tan notables como Bodas de sangre o Poeta en Nueva York.
Y es en la primavera de 1936 cuando tiene lugar su última obra, pues poco después vino su muerte, siendo estrenada en 1945, en la ciudad de Buenos Aires, y subtitulada Drama de mujeres en los pueblos de España, narrando cómo en la España rural de principios del siglo XX imperan las apariencias y la moral represiva. Y ese brillante dramaturgo, y excelente poeta, que según cuentan se implicaba en sus obras teatrales dibujando los diseños para los vestidos de los actores, y además dirigiendo la representación, tuvo como temas de su teatro y de su poesía fundamentalmente los referentes a la lucha por la libertad, el amor y la muerte, vinculando en todas sus obras la tradición con la renovación.
Y así en La casa de Bernarda Alba el autor se centra en el abuso y la represión que Bernarda ejercía sobre sus hijas, al imponerles ocho años de soledad y recogimiento llevando hasta el exceso las tradiciones sociales sobre el luto.
En cuyo contexto la aparición de un hombre dispuesto a casarse con la mayor desencadena el conflicto, pues todas las hijas, a excepción de la menor aceptan las disposiciones de su madre, siendo esta última el personaje rebelde en el que se representa la oposición a la autoridad.
Y volviendo al exceso, es lo cierto que tomarse a la tremenda los problemas y las adversidades, con una actitud de ansiedad, es frecuentemente causa de trastornos emocionales, al tener una clara predisposición al pensar que van a suceder catástrofes e infortunios, con una tendencia o propensión a exagerar todo aquello que está por venir, anticipándose a las desgracias. Frente a lo cual, aceptar que la realidad es clara y simple y que no hay razones para complicarnos buscando la complejidad, ayuda a disfrutar de cada instante sin buscar problemas donde no los hay, pues la vida ya tiene los suyos propios para además plantearse buscar otros, y ello porque las personas con pensamientos sencillos y claros tienen una mejor actitud, que les da energía y limpia su mente de ideas negativas. Siendo necesario para ello un planteamiento de buena disposición y flexibilidad para los cambios, con calma y reconocimiento y gratitud por aquello que se tiene, dejando fluir las situaciones, y buscando siempre el aspecto positivo y amable de las cosas.
Que es la actitud con la que me propongo ver una vez más esa obra que parece próxima a una tragedia griega, con el contraste de estar ambientada en la España rural de principios del siglo XX, y que, destaca por la espontaneidad, coraje, energía y carácter de las mujeres que interpretan esa excelente obra. La casa de Bernarda Alba, del gran Federico García Lorca.
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