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El enorme coste medioambiental de las nuevas tecnologías

Las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC) se caracterizan por un enorme consumo de energía y tienen un enorme coste medioambiental del que no somos muchas veces plenamente conscientes.

Así lo explica en un artículo publicado recientemente en el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung el conocido el experto el mundo digital Evgueni Morozov, que lleva tiempo estudiando con ojo crítico las implicaciones políticas y sociales de internet.

Si se nos escapa la gravedad del fenómeno que representa la huella ecológica que dejan esas tecnologías, ello se debe a la miniaturización creciente de los instrumentos utilizados así como a la invisibilidad de buena parte de las infraestructuras.

La computación en nube sobre todo dificulta el que nos demos cuenta de la realidad física de los productos digitales. Y sin embargo, escribe Morozov, las emisiones globales de gases de efecto invernadero debido al uso de las nuevas tecnologías se calcula en un 3,7 por ciento del total global.

Por comparación, las emisiones de esos gases atribuidas a la aviación civil representan un 2 por ciento y las de automóviles particulares y las motos, un 8 por ciento del total.

Pero lo más preocupante, según el experto, es que el crecimiento del consumo energético de la industria digital es de en torno a un 9 por ciento anual.

De continuar esa tendencia, y si el volumen de datos en internet aumenta a un ritmo anual del 30 por ciento, para el año 2025, las ITC serían directamente responsables del 8 por ciento de las emisiones de gas de efecto invernadero.

Las causas, según ese experto bielorruso que enseña en EE UU, son el crecimiento de los teléfonos inteligentes en el mundo, capaces de realizar además cada vez más funciones, así como de los instrumentos conectados a la red que se utilizan en el trabajo doméstico, en las actividades de ocio o en la industria.

De tal forma que lo que llamamos ciberespacio y nos imaginamos como algo virginal en su inmaterialidad es un sector de enorme consumo energético, apoyado en gigantescos centros de cálculo, cables submarinos y redes urbanas de sensores.

Es además significativo que los cuatro gigantes estadounidenses de internet - Google, Facebook, Amazon y Microsoft- hayan invertido más capital que las cuatro mayores petroleras del mundo: Shell, Exxon, BP y Chevron.

El ciberespacio ha perdido la virginidad de sus comienzos - cuando el británico Tim Berners- Lee inventó la World Wide Web para facilitar la comunicación y colaboración entre científicos de distintos laboratorios del mundo- y, como escribe Morozov, ha sido mientras tanto «colonizado por el gran capital y los poderes políticos».

Lo cierto es que las redes de datos fueron desarrolladas por Wall Street y el Pentágono, con ayuda del Tesoro y el ministerio de Comercio de EE UU, en un claro y exitoso intento por parte del Gobierno de aquel país de asegurar la futura dominación mundial de la industria de la computación.

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