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José María de Loma

A mesa puesta

-- Primero le quitó el sueño. Ahora le va a quitar el protagonismo. Pablo Iglesias se incorpora a la mesa de diálogo del Gobierno con el nacionalismo catalán. Ahí van a faltar sillas. Iglesias dice que es Sánchez el que le ha pedido que se sume a esa mesa, que es mesa sin festín encima y sí con dogmas cayéndole por las esquinas. Se sentará Torra, un hombre que haría mejor en acostarse en vez de sentarse para así descansar y hacernos descansar a los demás. Se sentará ERC, Rufián tal vez, el Gobierno, Adriana Lastra, un número de gentes que hace inviable la conversación íntima y única. Ve uno ahí el peligro del guirigay, de la algarabía y, lo que es peor, del escaqueo para pagar la cuenta.

No falta quien ve en esto una hábil maniobra del PSOE para quemar a Iglesias o, al menos tenerlo entretenido. Otros opinan que el ansia de protagonismo de Iglesias no tiene parangón, que es palabra rara y poco parangonable.

Iglesias tal vez aspira a solucionar el problema catalán, que ya sabemos por Ortega que se sobrelleva, no se arregla. Con el líder de Podemos en la mesa se difumina la figura del relator, que yo tiendo a pronunciar releitor. O tal vez el relator es Iglesias, un hombre que, en efecto, siempre está relatando sobre esto y lo otro.

No sabemos si esta negociación a mesa puesta va a ser de esas en las que triunfan los culiferros, o sea, los que más aguantan sentados negociando, vieja táctica sindicalista, o es todo por la foto y todo está acordado de antemano.

Torra afirma que solo quiere hablar. Pero la frase completa es solo quiere hablar de organizar un referéndum. Feijoo y Urkullu, los hipotensos del panorama político, huyen del president, del problema catalán, del procés y de la agenda de ERC como de la peste. De la peor peste: la que les podría alejar del poder. A quien peor le viene todo esto es a Ciudadanos, que sin haber abordado su futuro y congreso se enfrenta a dos elecciones en dos territorios donde tiene menos implantación que el PNV en Getafe.

CS Implora coalición con el peperío y hasta invita a los «socialdemócratas» a sumarse. Lo mismo Arrimadas también se inventa una mesa, pero una mesa naranja, más como de Ikea, que resultara portátil, ligera y plegable. Plegada al PP, sobre todo. En una mesa de Arrimadas con el PP ella sería el postre. Extraña que desde su silla no lo vea.

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