Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Joaquín Rábago

Putin intenta meterle un gol a Trump

El presidente Vladimir Putin ha intentado meterle un gol a los EEUU de Donald Trump utilizando la principal arma económica de que dispone: el gas y el petróleo rusos.

Aunque Rusia no es miembro de la OPEP, tradicionalmente se ha atenido a las decisiones del cártel petrolero. Pero eso cambió hace unos días cuando las petroleras rusas rechazaron la propuesta de reducir las cuotas de producción.

A instancias sobre todo de Arabia Saudí, su miembro más poderoso, la Organización de Países Exportadores de Petróleo pretendía con esa medida responder al descenso de la demanda en China y prevenir una nueva caída del precio del barril.

La jugada le salió mal al príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman: Moscú se negó a secundar la propuesta, a lo que aquél respondió con la soberbia que le caracteriza, dando vía libre a la extracción de crudo, sin que pareciera importarle una nueva y fuerte caída de los precios, como sucedió de hecho.

Según los observadores, la negativa de Putin a secundar al hombre fuerte saudí no apuntaba, sin embargo, principalmente a la monarquía del Golfo, sino sobre todo a Estados Unidos y de modo concreto a sus empresas dedicadas al "fracking" (fracturación hidráulica).

Ese método de extracción, polémico por sus negativas consecuencias medioambientales, pero muy favorecido por el Gobierno de Donald Trump, ha permitido a EEUU convertirse en el mayor productor del mundo.

Gracias a su nueva autonomía energética, Trump ha podido, entre otras cosas, abandonar unilateralmente el acuerdo nuclear que su predecesor, Barack Obama, firmó, junto a rusos, chinos y europeos, con Irán, y aplicar nuevas sanciones tanto a la República islámica como a otro gran productor, Venezuela.

Washington intentó al mismo tiempo presionar a Alemania, con ayuda de algunos países de la UE, para que no se acabara de construir el gasoducto del Báltico conocido como Nord Stream 2, proyecto germanorruso que suministrará a Europa gas natural ruso, pero que, según Trump, hará a los europeos más dependientes de Moscú.

A nadie se le escapa, sin embargo, que lo que pretende sobre todo el presidente Trump con sus amenazas de sancionesa las empresas que participan en la construcción de ese oleoducto es que los europeos le compren a EEUU su propio gas de esquisto en lugar del gas ruso.

Pero si se hunde el precio del petróleo de la OPEP, el gas y el petróleo de esquisto de EEUU dejan de ser competitivos, y muchas empresas del sector, altamente endeudadas, podrían acabar quebrando.

Hace ya seis años, los propios saudíes intentaron una guerra de precios con EEUU, estrategia que pareció dar resultado en un primer momento al declararse en bancarrota muchos productores independientes.

Pero algunos resistieron y lograron reducir los costes de extracción, que pasaron de 70 dólares el barril en 2014 a sólo 25 dólares en la actualidad. Y EEUU extrae hoy 13 millones de barriles diarios frente a sólo 5 millones en 2007. La guerra de precios está, pues, servida.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats