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Opinión

El rey desnudo

La pandemia está dando lugar, sin duda, a numerosos y sofisticados análisis del futuro que nos espera tras la desoladora y trágica huella que va a dejar a su paso. Sin duda, son análisis sofisticados y pertinentes. Pero la impresión que uno tiene, y cada vez que avanza «la desescalada» más lo aprecia uno, es que el negativo que suponen esas visiones, esto es, el de que el mundo que viene debería ser lo contrario de lo que ha llegado a ser y cuyas consecuencias las estamos sufriendo con esta pandemia que nos asola, no deja de ser más que un sueño de una noche de verano, en este caso de primavera. Porque, para que fuera así, el capitalismo neoliberal que nos ha traído hasta aquí con sus consecuencias negativas como la de la globalización desigual que está en la base de esta pandemia con su depredación de la naturaleza, su destrucción de la ecología, su conversión de los estados y los gobiernos no en organizaciones para construir, expandir y defender el estado del bienestar de todos sus ciudadanos, sino para apuntalar y desarrollar la desigualdad y las diferencias, debería de modificarse sustancialmente y no parece que vaya a ser así, sino todo lo contrario. La pavorosa crisis económica y social que trae consigo como consecuencia la pandemia, da la impresión cada vez acentuada que, como ha ocurrido con la Gran Recesión y a diferencia en cierto modo y sólo para determinados países de lo que ocurrió con la Gran Depresión de 1929, la van a pagar sufriendo otra vez más los de abajo y va introducir más desigualdad sobre la desigualdad ya inherente al sistema establecido con todas las consecuencias derivadas de esa situación adversa. Ojalá que esta visión personal no sea más que una mirada pesimista sobre el futuro que se nos avecina. Pero me temo muy mucho que, dado el cariz que están tomado los acontecimientos actuales, las actitudes de determinados mandatarios como, por ejemplo, Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Putin en la Rusia actual o el presidente chino Xi Jinping, no dan la impresión de que el futuro contenga indicios de tener en cuenta esta enmienda a la totalidad que ha supuesto para el mundo actual el desencadenamiento y los efectos destructivos que ha supuesto la actual pandemia. En realidad, casi podríamos decir que el futuro que se adivina tras la pandemia aparece cada vez más negro y adverso para la mayoría de la población. Es algo así como si el futuro inmediato se acercara un paso más hacia alguna de las distopías horribles que nos relatan los autores de ciencia ficción. Sin embargo, lo que sí nos ha dejado al descubierto la pandemia es el esqueleto de las miserias de nuestro mundo como si de una radiografía exacta de éste se tratara, dejando al aire y sin ropas al rey desnudo. Porque la globalización neoliberal ha roído pedazo a pedazo, poco a poco, los restos del estado de bienestar que todavía se resistían a desaparecer en el llamado mundo del capitalismo renano, no del anglosajón, en el que nunca existió porque nunca se trató de introducir. Hemos visto también cómo el capitalismo neoliberal había ido dejando en mantillas el sistema sanitario público al privatizar, dicho esto en el sentido étimo de la palabra, es decir, privar al común de los servicios públicos, traduciendo en negocio privado lo que realmente es un bien público. Hemos visto también a unos gobiernos incapaces de proporcionar los instrumentos básicos sanitarios a la población, porque el neoliberalismo los había mercantilizado y los comerciantes chinos a los que la globalización había convertido en los mercaderes de la fábrica del mundo imponer sus condiciones leoninas a los gobiernos del mundo: o había dinero en metálico o no había instrumentos y equipos médicos para salvar vidas. Hemos visto cómo al contrario de lo que decían algunos respecto de que el virus maligno no distinguía de clases sociales, ni de pobres ni de ricos ni de razas, la enfermedad se cebaba más en los pobres y minorías raciales que en los ricos y mayorías blancas, reflejando las profundas diferencias sociales que nos corroen. Nos ha descubierto el virus además cómo las ideas neoliberales han penetrado en los intersticios de nuestra sociedad y lo que defienden algunos partidos no son más que «ideología» en el sentido marxiano, esto es, como falsa conciencia, como encubrimiento de la realidad bajo el ropaje de bellos ideales humanísticos para preservar en realidad los verdaderos intereses escondidos de esta última fase del capitalismo y cuyo verdadero rostro aparece tal como es en personajes tan siniestros como Trump, Bolsonaro, Le Pen, Salvini o Abascal en España? Sí, la verdad es que la pandemia en esta ocasión ha ido más allá: no sólo nos ha dejado ver al rey desnudo, sino en pelotas.

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