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Carles Cortés

Sense pèls a la llengua

Carles Cortés

Escriptor

¿Qué es la literatura?

¿Qué es la literatura?

¿Qué es la literatura?

¿Qué es la literatura? No, no penséis que quiero resolveros la duda. Es vuestro deber, como personas lectoras, saberlo. No obstante, aprovecharé la ocasión para plantear diversas cuestiones que tal vez compartís conmigo ¿Sabéis cuál es la acepción que más me gusta? Aquella que entiende la literatura como un hecho alterable, o sea, la que apunta hacia el hecho de que todo aquello que se considere literatura puede dejar de serlo, o a la inversa, que determinadas manifestaciones textuales puedan entrar en los límites de los literario. Es como el concepto de clásico, que también puede perder la categoría alcanzada a partir de los cambios de criterio o incluso de las modas. No hay nada cerrado ni inmutable. ¿No lo encontráis apasionante?

El teórico de la literatura Antonio García Berrio abordaba la universalidad como propiedad del valor poético: una afirmación bien acertada si tenemos en cuenta que los productos literarios pueden ser universales e infinitos. Cierto es que la lengua con que se construyen podría limitar su expansión y conocimiento. En este sentido, os tengo que comentar que en centenares de ocasiones me han preguntado por qué utilizo el valenciano en mis escritos de creación y no otras lenguas con un mayor número de hablantes. Siempre contesto lo mismo: ¿en qué trabajarían los traductores si todos utilizáramos en la literatura, por ejemplo, el inglés? Sí, los que somos bilingües podemos escoger la lengua literaria, como hoy mismo he decidido en este artículo. Hay que tener en cuenta que, para la expresión artística, el mensaje se genera desde el interior: la lengua materna, la propia, la que organiza nuestro pensamiento, decide. Así podemos expresar con más intensidad nuestros pensamientos y sentimientos. No, no es cuestión exclusivamente, como a veces he escuchado en comentarios, de fidelidad o de ideología, sino de buscar la expresión más íntima y próxima.

Como podéis, pues, observar, soy un firme defensor de la interacción entre las literaturas. Y, por qué no, del resto de manifestaciones artísticas: la pintura, la escultura, el cine, entre otras. No tenemos que encontrarnos en un período de vanguardias literarias para observar la contaminación entre las artes. En las últimas décadas hemos asistido a una interacción mayor si cabe entre todas estas disciplinas. Una gran cantidad de casos que permite a los críticos literarios hablar sin tapujos de literatura comparada, un concepto que desde el siglo XVIII Gotthold Ephraim Lessing utilizó en el libro Laocoont o las fronteras de la pintura y de la poesía. El autor defendía la superioridad de la pintura a la poesía, y sus argumentaciones encendieron un debate que ha centrado las investigaciones de los últimos tiempos.

Porque sí, señoras y señores, en la literatura, como en el resto de las humanidades, también investigamos. Analizamos los productos de la creatividad lingüística de los humanos para entendernos mejor y para entender el contexto en el que vivimos. Así, desde la literatura utilizamos necesariamente diversas disciplinas como la historia, la sociología, la filosofía y, dependiendo del producto artístico que estudiamos, otras que nos pueden aportar una visión más amplia y un análisis más profundo. Tal vez por eso defendemos las humanidades y su transversalidad intrínseca en un mundo que tiende a la excesiva especialización y al sentido material de cada acción; necesitamos las artes plásticas, la música, las artes audiovisuales o la literatura para conocernos mejor y entender cómo actuamos.

Por este motivo, mi concepto de literatura no es excluyente, sino diverso y transversal. No concibo ninguna frontera entre estas manifestaciones artísticas. Al mismo tiempo, como ya exponía en un artículo anterior sobre el liderazgo, defiendo la transversalidad de las disciplinas: el mestizaje entre los lenguajes. Sí, qué sorpresa señoras y señores, somos hijos de la mezcla de culturas, de la diversidad idiomática y de lenguajes estéticos. ¿Cuál es el mérito de los caligramas de Apollinaire o de Salvat-Papaseit? ¿Cuál es el interés de los collages de Picasso, Georges Braque o de nuestro Antoni Miró? La aparición del dibujo y de la palabra en un mismo nivel de expresión. Sublime, sí, genial. Pero volvamos al inicio de este escrito, ¿podemos responder tranquilamente a la cuestión sobre qué es o deja de ser la literatura? ¿Sabéis una cosa? No me gustan las preguntas que no tienen una única respuesta. Cada lectora o lector que incluya la suya. Será, sin ninguna duda, válida.

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