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Antonio Sempere

El teleadicto

Antonio Sempere

La corte de Ana Belén

Ana Belén

Ana Belén

Qué larga se nos ha hecho la espera para ver el documental que Fernando Méndez-Leite tributó a Ana Belén. Porque fue todo un tributo, un regalo de amigo. Dado que este tipo de trabajos siempre resultan ser hagiográficos, por lo menos que se hagan tan redondos como el de Fernando.

Bien documentado, bien contado cronológicamente, con los invitados perfectos, y un ritmo que no da tregua.

Puesto que todos queremos tanto a Ana, el partido estaba ganado de antemano, pero lo que hace Méndez-Leite con mucha habilidad es llevarnos de la mano por su biofilmografía para que nos identifiquemos con su larga trayectoria. Empezamos y terminamos con su actuación en un Festival de Verano en Barcelona donde canta Vida, y comprobamos cómo esta mujer mejora con el tiempo.

Para colmo, nos cuentan los que la quieren de cerca, no hay punto de divismo en Ana. Miguel Ríos corrobora que en las distancias cortas y en casa es Pilarín, Pilar Cuesta. También nos enteramos que no le gusta nada ir al mercado, que eso es cosa de Víctor, y que si se la ve por allí es que algo le ha pasado a él.

Que España es diferente ya lo sabíamos. Algún amigo sale en defensa de Ana Belén, y dice sin remilgos que en cualquier otro país europeo sería una estrella: toda una Emma Thompson.

En esta España nuestra, y coincidiendo con Lo de Bosé, que reunió frente a las pantallas de plasma a más de dos millones y medio de espectadores, hubo medio millón que tuvieron el buen gusto de sintonizar con su Imprescindibles. La corte de Ana Belén no es la del morbo y el cotilleo, sino la del buen gusto y la excelencia.

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