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La Sanidad rompe el techo de cristal

Las mujeres ganan terreno en los puestos de responsabilidad sanitaria y superan ya la barrera del 51%

La cúpula del departamento de salud de la Marina Baixa, con seis mujeres en los siete puestos de dirección y a cuyo frente está Rosa Louis Cereceda, sentada en el centro.

La cúpula del departamento de salud de la Marina Baixa, con seis mujeres en los siete puestos de dirección y a cuyo frente está Rosa Louis Cereceda, sentada en el centro.

Hace treinta años era impensable pedir cita con determinados especialistas médicos y, al llegar a la consulta, encontrarte con que el que llevaba la bata era una mujer. Hoy en día ocurre todo lo contrario. Aunque hay puestos todavía muy masculinizados dentro del sector, la curva ascendente de presencia femenina parece imparable. Los números así lo avalan. Mientras que en 1985 en España las mujeres eran un 25 por ciento del conjunto de los médicos, esta cifra creció hasta el 49,77 por ciento a finales del 2017, aunque en algunas comunidades autónomas su presencia ha llegado a alcanzar hasta el 60 por cien. Lo mismo ocurre en las facultades de Medicina, donde la presencia femenina supera ya en muchas de ellas el 70 por ciento, el mismo porcentaje de mujeres que consiguen plaza MIR; mientras que en el ramo de la Enfermería, las féminas a día de hoy representan cerca del 80% de personal que trabaja en el sistema público de salud.

A diferencia de lo que todavía ocurre en muchos otros sectores laborales, la feminización del campo sanitario ha tenido también su reflejo en los cargos de responsabilidad de la Sanidad pública valenciana. Al menos, desde el año 2015, cuando la anterior consellera del ramo, la socialista Carmen Montón, llevó a cabo una «revolución» femenina que ha continuado su sucesora, Ana Barceló. Así lo destacan distintas responsables sanitarias y así se refleja en los datos de la propia conselleria. De los 213 puestos directivos con los que cuenta este departamento en toda la Comunidad -incluyendo a la propia consellera, direcciones generales, secretarías autonómicas, direcciones médicas, gerencias de departamentos de salud y un largo etcétera-, 110 están ocupados por mujeres y 103 están en manos de hombres. O, dicho de otra manera, el 51,64 por ciento de los puestos directivos tienen nombre femenino.

En la provincia, además de la Dirección Territorial, que ocupa la también médico Encarna Llinares, los hospitales de La Vila Joiosa, Elda, Alcoy, San Vicente o San Juan están dirigidos por mujeres, que ejercen además como gerentes de sus respectivos departamentos. En el siguiente escalafón hay más de una treintena de puestos con representación femenina, algo que, a juicio de Encarna Llinares no viene sino a «hacer realidad lo que siempre hemos demandado las mujeres: ocupar el sitio que nos merecemos y que nos corresponde».

El departamento de salud de la Marina Baixa es claro ejemplo de esta ruptura del techo de cristal. Hasta 2015, seis de los siete puestos directivos se los repartían hombres, una situación que ahora es totalmente opuesta. Gerencia, dirección médica de Atención Especializada, dirección de Enfermería del departamento, dirección de Enfermería de Atención Primaria y dirección Económica son cargos que están en manos de mujeres profesionales de cada uno de estos ámbitos: Rosa Louis Cereceda, Concha Amador, Ana Isabel Ivorra, Ana María Hernández y Maribel Bermúdez, respectivamente, a los que se suma también Teresa Revilla, la directora de Salud Pública. Junto a ellas, Antonio Santonja, director médico de Atención Primaria, es el único hombre en el escalafón, aunque para las otras seis su presencia dentro del equipo directivo es «un importante puntal»: «Si hay alguien que sea feminista, es él», afirma la gerente.

¿Qué aporta la amplia presencia de mujeres al sistema sanitario? A juicio de la directora territorial, «una visión más humanista y más sensibilidad, independientemente de la profesionalidad y los conocimientos científicos» que se presuponen a ambos géneros. Según la gerente de la Marina Baixa, «menos rivalidad y más solidaridad. Además, somos más prácticas y tenemos los pies más en el suelo».

A pesar de los avances, por contra, detectan que todavía queda mucho por hacer: «¿Techo de cristal? Acabamos de sacar la cabeza pero aún queda camino por recorrer», mantiene Rosa Louis Cereceda. Igualmente, cree que sigue habiendo cierto rechazo: «El nivel de aceptación, en general, es positivo, aunque no nos engañemos, siempre queda algún compañero jefe de servicio carcamal que nos tiene recelos. No nos lo dicen directamente a la cara porque somos sus jefas, pero créeme que eso se nota», concluye la doctora.

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