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HACE 50 AÑOS

El Barrio Obrero, excepción de una Alicante que mira al cielo con el Riscal

Recordamos qué noticias marcaron la actualidad de la provincia en la semana del 2 al 8 de marzo de 1970

Entre la fiebre urbanística que ya comenzaba a bullir en la provincia en el inicio de los años setenta, una excepción: el Barrio Obrero. Su singularidad, no obstante, no quedaba exenta de pedir reformas a gritos. Una calle, cuarenta casas de 1927 y una fosa séptica. Los vecinos reclamaban aquel mes de marzo de 1970 un alcantarillado digno, como el resto de la ciudad, también que la recogida de basura fuera más ágil: había semanas que no el camión de la limpieza no pasaba en tres días. Aquellas originales viviendas las había promovido el Círculo Obrero a comienzos de los años veinte y valían unas 13.000 pesetas. Un dinero entonces.

En el otro extremo de la forma de vida, en el centro de Alicante, acababa de ser inaugurada el Gran Sol y ahora comenzaban las obras de otro hotel, el Riscal, un edificio que buscaba tocar el cielo de la provincia con 33 plantas y unas 500 habitaciones.

En el día a día de la ciudad las Fuerzas de la Policía Armada rendía homenaje a su patrón, el Santo Ángel de la Guarda, con una misa en Nuestra Señora de Gracia y un desfile. Mucho Movimiento todavía. En el paso de peatones que daba acceso a la Plaza de los Luceros, justo en la puerta de la cafetería Iruña, se había erigido un laberinto que hacía imposible no darse un trastazo si se iba despistado. El Ayuntamiento, sin pretenderlo, había juntado un semáforo, un par de palmeras, dos postes de madera y uno metálico en pleno acceso a la acera. Y los ciudadanos elevaron su queja. ¡Así no hay quien cruce!

Una feria había colapsado la ciudad en incluso la provincia. Era la Ficia de Elda, obviamente de calzado. Las cifras de las que hablaba la organización era todo un récord y en 1970 se iban a superar los 7.000 millones de exportaciones que se habían realizado en el año anterior. En tres días ya se habían efectuado más de un millar de conferencias al extranjero desde la feria y los hoteles estaban hasta los topes. El Carlton, el Gran Sol, el de Arenales€ Y los visitantes se habían tenido que alojar hasta en Villajoyosa. ¡Eso sí que eran ganas! La prenda más demandada, las botas femeninas. "Este año ya las hacen tan adhesivas como los guantes", explicaban.

Benidorm, en constante evolución, demandaba agua, dichoso maná. El Ayuntamiento había conseguido comenzar una obra de 277 millones de pesetas para aprovechar el sobrante de los imbornales del río Algar que serviría para una población de unos 290.000 habitantes, con 300 litros diarios por persona. Suficiente. Alrededor del agua del Pantano de Amadorio también se buscaba reflotar unas instalaciones anexas que estaban en abandono. Había una iglesia, dos escuelas o un ambulatorio. Un poblado desierto junto al agua. Vaya contradicción.

En el deporte, era el turno del equipo femenino de balonmano Medina, que lucía en el cancha del Puerto. Ese fin de semana aquel equipo formado por Mamen Codina, Ana Abadía, Charo Madaria o Lelés Gomis jugaba contra el Medina valenciano.

En el resto del mundo impactaban dos proyectos de rapto. El primero, en Estados Unidos, donde el Gobierno había ordenado la busca y captura a dos sospechosos de querer asesinar en Denver a la mujer de Nixon. La policía buscaba un Volkswagen. Una aguja en un pajar. El otro caso, el secuestro fallido del embajador de España en la UNESCO, Emilio Garrigues. Fueron detenidos tres de los siete anarquistas españoles implicados.

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