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Innovadoras desde el pueblo

Los municipios más pequeños de la provincia de Alicante cada vez cuentan con más mujeres que se atreven a dar el paso de emprender y contribuir a poner freno a la tan temida despoblación

Una mujer paseando por las calles de Alcoleja, una población del interior de la provincia.

Una mujer paseando por las calles de Alcoleja, una población del interior de la provincia. Nando Js.

El papel de la mujer en la lucha contra la despoblación se ha convertido en crucial. Cada vez son más las que se atreven a dar el paso de emprender en los municipios más pequeños de la provincia de Alicante para evitar tener que abandonar su pasado, o las que quieren dejar atrás el ajetreo de las grandes ciudades y buscan un lugar tranquilo donde echar raíces.

La presidenta de la Associació d'Emprenedors Rurals (AER), Empar Fayos, explica que «las políticas que se implantan en el mundo rural siempre están pensadas en los hombres», cuando «las que pueden dar vida y fijar la población de los pueblos más pequeños son las mujeres». Fayos critica las medidas que los diferentes gobiernos aplican contra la despoblación, en su mayoría «basadas en rebajas de impuestos», ya que entiende que «lo que necesitamos son servicios, no tener que recorrer 30 kilómetros para que te atienda un médico, colegios, sueldos amables para que la gente se asiente en el campo».

La presidenta de AER reclama «políticas dirigidas a las mujeres y las familias» y recuerda que cada vez son más las mujeres que deciden emprender en el medio rural para no tener que abandonar sus pueblos.

La artesanía es la rama más recurrida por las mujeres rurales, pero la realidad es que el abanico de nuevos negocios cada vez es más amplio y variado. Beatriz Bernabeu es un ejemplo de mujer emprendedora en Alcoleja, un pueblo de la comarca de El Comtat, en el interior de la provincia. Pese a vivir en Alicante desde muy joven, nunca ha olvidado sus raíces y cada vez que tiene un día libre vuelve a la localidad que la vio nacer y crecer.

La fuerte inversión que realizó para abrir la casa rural La Llar d'Aitana en la vivienda paterna no le ha permitido vivir única y exclusivamente del negocio, pero reconoce que ha resultado todo un «éxito» y que gracias al alojamiento turístico «mucha gente visita el pueblo y conoce su entorno».

Dos vecinas, María José Cánovas y Puri Ivorra, la ayudan en todo lo que pueden; recibiendo a los huéspedes, limpiando la casa... «Aquí las mujeres siempre nos hemos dedicado a limpiar, a la agricultura o a cuidar a mayores y enfermos», explica María José. Puri, por su parte, recuerda que «la Base de Aitana dio mucho trabajo a este pueblo».

La falta de servicios «no es excusa», asegura Silvia Aracil, otra vecina de Alcoleja que se ha aferrado a continuar allí y para ello ha abierto un ultramarino que abastece también a otras poblaciones cercanas. Ella ve beneficios donde otros ven problemas, pues explica que «los niños van al colegio de Benilloba, y viene un autobús todos los días a por ellos. En la clase de mi hijo son diez alumnos, y no entiendo cuál es el inconveniente, al contrario, son clases casi particulares, no hay masificación en las aulas».

Silvia se lanzó a emprender porque no quería irse del pueblo, aunque reconoce que al principio fue difícil porque había otra tienda. En el establecimiento intenta tener productos de todo tipo, desde frescos hasta vinos, pasando por detergente y champú, con el objetivo de hacer la vida más fácil a las personas mayores que no pueden desplazarse a las ciudades más grandes a comprar.

Otro caso de emprendimiento en el medio rural totalmente diferente es el de Rebeca Fernández, una joven asistente técnico veterinario, educadora canina y técnico en terapias asistidas que tras doce años trabajando en grandes ciudades decidió volver porque el día a día tanto en el entorno como en las clínicas y hospitales veterinarios «no me permitía seguir desarrollándome profesionalmente».

Al contrario de lo que se suele pensar, fue en una masía en el campo, en el término municipal de Muro, pero más cerca de l'Alqueria d'Asnar, donde encontró su sitio. Allí ha fundado el Maset Resort Caní, un hotel para perros que le permite vivir rodeada de animales de todo tipo y en contacto con la naturaleza.

Intentando buscarse la vida en el mundo de la hostelería, Sandra Fernández y su novió asumieron la gerencia del bar de Gorga, en El Comtat, sin prever que eso les abriría la puerta a continuar emprendiendo. Su juventud le llevó a detectar con rapidez que los jóvenes del pueblo no tenían locales de ocio y para tomar una copa estaban obligados a coger el coche y desplazarse a otras ciudades más grandes.

Fue entonces cuando decidió abrir un pub en Gorga y evitar que «toda esa gente salga del pueblo». Pero no conforme con eso, ahora quiere organizar conciertos, torneos de dardos y futbolín... «Quiero que haya vida, que sea un lugar atractivo para la gente joven». Sin duda, Sandra es todo un ejemplo de lucha femenina contra la despoblación de las zonas rurales.

«Esta casa atrae a visitantes y genera negocio en Alcoleja»

Beatriz Bernabeu nació en Alcoleja, en la comarca de El Comtat, y aunque muy jovencita se fue a Alicante, ha vuelto al pueblo cada fin de semana y en verano. «Todas las siestas de mi vida he soñado con reformar esta casa», la de su padre, y un día llegó su oportunidad. Se la compró a su progenitor e invirtió mucho dinero e ilusión para convertirla en lo que es hoy, la casa rural La Llar d'Aitana. Por motivos laborales no ha podido volver, pero la apertura del negocio ha repercutido de forma favorable en la población, pues «aquí se ha alojado gente de todas partes, han conocido Alcoleja y su entorno natural, nuestras costumbres y el encanto de esta tierra». De la casa rural se benefician otras vecinas que «me ayudan a limpiarla» y los bares y tienda del pueblo. Beatriz ahora espera cumplir el sueño de poder volver algún día.

«Los jóvenes necesitan sitios en los pueblos para divertirse»

Con tan sólo 25 años Sandra Fernández tiene dos negocios en Gorga, en la comarca de El Comtat. Primero asumió la gerencia del bar del pueblo junto con su pareja y poco a poco fueron observando que «había más jóvenes de lo que la gente piensa y en verano se triplica la población». Los viernes «el bar en vez de ser un sitio para cenar se convertía en un lugar de copas», lo que la llevó a buscar otro local en el pueblo para abrir un pub. «La gente no tenía adónde ir a tomar una copa y, sobre todo los jóvenes, si no tienen este tipo de establecimientos se van a otras ciudades como Alcoy o Alicante». Siempre con la idea de dar vida a la localidad y atraer a más jóvenes, «ahora queremos que el pub tenga ambiente motero, programar conciertos en directo, organizar todo tipo de actividades, como torneos de dardos y de futbolín».

«Hay despoblación porque la gente joven somos cerrados»

Silvia Aracil no entiende las «excusas» que llevan a la gente a vivir en grandes ciudades. «Hay despoblación porque los jóvenes somos cerrados en este tema», ya que asegura que en los pueblos «tenemos de todo». Ella es de Alcoleja y se ha aferrado a continuar allí, porque es el estilo de vida que le gusta, rodeada de un entorno natural, pero sobre todo tranquilo, y por ello abrió un ultramarino. Al principio fue difícil, pero al poco tiempo la otra tienda que había cerró y se quedó sola. Las casas rurales, los vecinos tanto de Alcoleja como de poblaciones próximas y los bares le ayudan a mantener abierto su establecimiento. Además de los productos que tiene en las estanterías, «si alguien necesita algo se lo traigo al día siguiente», lo cual también facilita la vida a los mayores que tienen problemas para desplazarse.

«El campo me ha permitido seguir desarrollándome profesionalmente»

Después de 12 años trabajando como asistente técnico veterinario en ciudades, gran parte de ellos en un hospital de referencia, Rebeca Fernández volvió al entorno rural. Empezó a vivir en una masía en Muro, aunque muy próxima a l'Alqueria d'Asnar, donde abrió un centro de adiestramiento canino. Poco a poco fue organizando cursos, talleres y excursiones y «los clientes en vacaciones me pedían que les cuidase a los perretes». La demanda de este servicio y la falta de alojamientos para mascotas en la zona la llevaron a seguir emprendiendo y montar «El Maset Resort Caní» hace seis años. Perseguir su sueño de trabajar en el entorno rural y con animales le ha costado «muchos dolores de cabeza y lágrimas», pero ha resultado «muy gratificante» porque le ha permitido «seguir desarrollándose profesionalmente».

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