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La cuarta vía

La gratuidad de la autopista, un gran éxito de Ábalos. ¿Y a partir de ahora?

Vehículos pasan por el peaje ya sin barreras en la AP-7. DAVID REVENGA

A Ábalos lo que es de Ábalos, pero, ¿y, a partir de ahora, qué pasará con la AP-7? ¿Sucederá lo mismo que con su gemela, la autovía que conecta Alicante y Murcia, cuyo firme está como está? Al margen de que las obras para desdoblar los accesos viarios al aeropuerto de Alicante-Elche marchan a buen ritmo, hay que reconocer que, en general -la advertencia del sector turístico está ahí- el fin del peaje para la ya exautopista AP-7 ha sido el primer tanto que se ha apuntado el ministro de Fomento desde que ostenta la cartera de infraestructuras en el gobierno de Pedro Sánchez y, desde esta semana, también de Pablo Iglesias, más centrado en lo social que en las obras públicas, todo sea dicho de paso. Cuarenta años de peaje han quedado atrás, Ábalos y Ximo Puig tienen su instantánea y ya se puede conducir hasta Benidorm sin pagar los cuatro euros de rigor por trayecto, o seguir hasta Dénia. Cito a estos municipios costeros porque desde hace unos años también se puede viajar desde Alicante cómodamente a València por la autovía central del interior, por la que imaginamos que seguirán circulando la mayor parte de los camiones que llevan, por ejemplo, los juguetes y el calzado que se fabrican en el Vinalopó y la Foia de Castalla. ¿Debemos estar entonces un poco más tranquilos en cuanto a la saturación de la nueva autovía? Pues un poco de todo. De entrada, desde que se levantaron las barreras circular por la «nueva» autovía ya no es tan cómodo.

Los hoteleros de Benidorm han alertado, y no les falta razón, de que la apertura de barreras puede terminar saturando la carretera y afectando, directamente, al confort de los turistas, algo que ha comenzado a detectarse en los últimos días con un aumento del tráfico pesado. Turistas que tienen que utilizar la autovía para desplazarse al aeropuerto de Alicante-Elche, la puerta de entrada a la Costa Blanca, y al que solo se puede llegar por carretera debido a que este gobierno, al igual que sucedió con el anterior, el anterior y el anterior, no se ha tomado todavía en serio la necesidad de conectarlo con el ferrocarril. Está claro, y lo estudios están ahí, que se espera una media de 36.000 vehículos diarios entre Alicante y València por la autovía, el doble que hasta ahora, y eso aumentará las molestias, pero lo peor no es eso. Lo peor es que, por mucho que el Ministerio de Fomento asegure que lo tienen todo controlado, nadie puede garantizar que haya un mantenimiento correcto y la dudas se multiplican al ver el estado en que se encuentra, por ejemplo, el firme de la autovía Alicante-Murcia o la A-31, en el tramo Alicante-Villena o, incluso, la autovía recien abierta a partir de Altea. La Cámara de Comercio aportó una solución económica, real pero nada populista, que al parecer no es lo que se lleva ahora, por lo que es razonable que muchos, salvo los palmeros de Puig y Ábalos, hayan expresado dudas sobre en qué se puede convertir una carretera que hasta ahora se mantenía en buenas condiciones.

Y es que los datos están ahí y, de momento, sacan los colores a Fomento en cuanto a las infraestructuras viarias de la provincia. El Ministerio ha dejado en el aire a medio plazo el ambicioso proyecto para remodelar por completo la A-7 entre Crevillent y Murcia (72 kilómetros) que heredó del anterior Ejecutivo, pero que el equipo del ministro Ábalos ha recortado en un 80%, ya que solo va a acometer, en una primera fase, la construcción de un tercer carril en los 17 kilómetros que separan Crevillent y Orihuela. La obra tiene un coste de 67 millones de euros, lejos de los 506 millones en los que se presupuestó el proyecto y aún no se ha licitado.

Una actuación clave para una carretera que soporta un tráfico diario de 48.335 vehículos de los que 9.430 son pesados, y cuya intensidad seguirá creciendo sin freno en los próximos años. Hasta los 50.453 vehículos diarios en 2021, y 72.222 vehículos en el horizonte de 2048.

La actuación iba a ser financiada por la iniciativa privada (concesión por disponibilidad), que se ocupaba de las obras y su mantenimiento (35.000 euros por kilómetro y año) durante 30 años pero ahora todo se queda congelado, ya que al Ministerio no se salen las cuentas que dejó en el despacho el exministro De la Serna. ¿Perdedores? Los conductores de la provincia y el intenso tráfico estacional que soporta una vía gratuita que conecta una parte importante del eje Mediterráneo.

El actual equipo del Ministerio considera que dejar en manos privadas una inversión de 5.000 millones de euros que luego hay que devolver hipotecaría el futuro. Loable, pero alguna solución deberán aportar.

La remodelación de la A-7 se ejecutaba en cuatro fases y tampoco incluyó una obra clave como es la ampliación de la A-70, imposible por los túneles de Sant Joan. Las fases son el tercer carril entre Crevillent y Orihuela, el tercero entre Orihuela y Fortuna, el arco norte de Murcia (nueva construcción de 17,8 kilómetros) y la construcción del tercer carril entre Alhama y Alcantarilla. El plazo de ejecución era de 4 años y contaba con todos los parabienes de la patronal.

Durante el periodo de construcción de este eje este-oeste de la autovía del Mediterráneo (en el caso del tramo completo Crevillent-Murcia) se generarían 15.174 empleos y durante la posterior explotación y conservación, 2.954 trabajos al año. El tramo Crevillent-Orihuela-Fortuna generaba durante las obras más de seis mil empleos. Razones más que suficiente para que el equipo de Ábalos reconsidere sus planes con Alicante, pese a que el ministro sostenga que no por se de la tierra tiene que ser más receptivo.

El proyecto se financiaba en su día con la aportación del grupo empresarial que lo ejecutara, que se hacía cargo después de su explotación y conservación durante el periodo de concesión de 30 años. El grupo inversor que se quedara con la obra tenía también acceso a fondos europeos, lo que suaviza el importe a pagar por una obra que hoy es clave para mejorar las comunicaciones viarias de Alicante con Murcia y Andalucía.

Esta obra se sumaba a las dos ya anunciadas del Plan de Carreteras hoy en entredicho. La primera es el eje norte-sur de Murcia, una vía de 32,8 kilómetros, estimada en 279 millones de euros, y la segunda, la construcción de tres nuevos tramos de la autovía a su paso por Castellón, por 434 millones de euros. El PP lanzó este plan extraordinario con el fin de encontrar financiación privada para invertir en este tipo de infraestructuras, las más dependientes de los Presupuestos, condicionados a partir de ahora por Podemos, ERC y PNV. Unos que huyen de las infraestructuras pesadas como los gatos del agua, y los otros que siempre barren para su casa.

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