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Análisis

Tambores de guerra en el PSOE

El grupo municipal, con Sanguino al frente, y el partido, encabezado por el también edil Millana, se esfuerzan en evidenciar su fractura interna

Millana (en el centro), en la protesta del domingo a la que oficialmente no acudió el grupo municipal, pero sí la Ejecutiva.

Millana (en el centro), en la protesta del domingo a la que oficialmente no acudió el grupo municipal, pero sí la Ejecutiva. alex domínguez

Ya ni disimulan. La fractura entre el grupo municipal socialista, con Francesc Sanguino al frente, y el partido, con una Ejecutiva local encabezada por el también concejal Miguel Millana, es cada vez más evidente. Un distanciamiento que nadie sabe, a ciencia cierta, cómo acabará, pero que pocos se atreven a descartar que pueda desembocar en un cambio en la Portavocía municipal. Empiezan a retumbar los tambores de guerra. Y es que esa fractura ya no es ningún secreto: ambas partes se encargan de pregonarla. Y no solo con sus palabras por los pasillos del Ayuntamiento de Alicante o en actos públicos, sino también con sus hechos. A ojos de todos. El último ejemplo sucedió este pasado domingo, en una protesta organizada por entidades vecinales contra la gestión de la emergencia social realizada por el bipartito de Alicante durante la crisis por el coronavirus.

A la convocatoria, que tuvo lugar en Colonia Requena, en pleno corazón de la Zona Norte, acudió el secretario local del PSOE, Miguel Millana, acompañado en la sombra por el exsenador Ángel Franco, que sigue controlando la dirección local socialista, y por el vicesecretario Carlos Giménez, también exsenador, aunque en su caso más efímero. A quien no se vio fue al portavoz municipal, Francesc Sanguino, y tampoco a ningún miembro del grupo municipal, salvo la excepción de Millana. La orden expresa era no ir. De hecho, Sanguino envió un escrito a los organizadores del acto explicando la ausencia del grupo municipal, que se leyó durante su transcurso. Decía algo así como que no querían politizar la protesta. Y añadía: «Preferimos permanecer invisibles. En nombre propio y de todo el PSOE, te ruego que transmitas a todos los convocantes y asistentes nuestro apoyo y nuestro más profundo agradecimiento». En realidad hablaba por él, por el grupo municipal, porque el PSOE sí fue visible. Ya que la concentración, organizada contra la gestión del gobierno liderado por Luis Barcala (PP) y focalizada en la edil Julia Llopis (PP), estuvo secundada por la Ejecutiva local del PSOE, pero no por el grupo municipal socialista. Sí acudieron, por su lado, los portavoces de Unidas Podemos, Xavier López, y de Compromís, Natxo Bellido.

La de este domingo no ha sido la primera controvertida ausencia del grupo socialista en cuestiones que atañen directamente a la Zona Norte. Tampoco aparecieron en la primera reunión, y por ahora única, de la Oficina Municipal de Emergencia Social (OMES), convocada telemáticamente el pasado mes de mayo.

Acudir o no a la simbólica protesta en la Zona Norte de este fin de semana no ha sido el único choque entre Sanguino y el partido en estos tiempos de covid. Recientemente, también ha habido importantes divergencias a raíz de una polémica contratación en Cultura. Desde el partido, como así hizo saber Millana a su portavoz municipal, eran partidarios de llevar a los tribunales al concejal Antonio Manresa (Cs) e incluso al alcalde, Luis Barcala. En cambio, Sanguino no ha hecho más que dar largas al asunto -entre consultas e informes jurídicos- con tal de dilatar una decisión avalada por la dirección del PSOE y, en concreto, por Franco. En Pintor Gisbert, sede del partido, se especula sobre si las reticencias de Sanguino para judicializar este mandato, como sucedió en el pasado en Alicante, obedecen a su deseo de no encrespar a Ciudadanos de cara a una posible ruptura del pacto que sostiene al bipartito liderado por Barcala, que a su vez podría abrirle las puertas de la que parece su única salvación política: la Alcaldía. Sin embargo, el choque entre el portavoz municipal y el secretario local del PSOE no es nada nuevo. De hecho, Millana, con despacho en el Palacio provincial por su condición de diputado, pasa por el Ayuntamiento lo justo con tal de no ver a Sanguino. Un enfrentamiento que es «vox populi» en el Consistorio alicantino: ninguno hace por disimularlo. No hace tanto, Millana, silenciado por Sanguino en el grupo, recurrió al partido para dar su opinión, a través de un comunicado, sobre un asunto de estricto ámbito municipal.

Con todo, la cohesión del grupo no solo es una quimera por la relación entre el portavoz y el secretario local. No. Sanguino apenas cruza palabra, salvo las imprescindibles, con concejales como Raúl Ruiz, Lola Vílchez o Lara López, hija del presidente local del partido, José Antonio López Berruti. No existe relación, viven apartados, por muchos pactos de no agresión que se firmen. Tampoco mantiene una relación muy fiable con los «manolos»: Manuel Martínez y Manolo Marín, dos exsanchistas que todo apunta a que acabarán siendo aliados del franquismo. También a «casa» está volviendo Trini Amorós, cada vez más cercana -cuentan en las filas socialistas- al exsenador Franco, a quien le debe su trayectoria política. También debería hacerlo -apuntan en la dirección socialista- Sanguino, que se impuso en las primarias gracias al apoyo de un franquismo que le tiene hecha la cruz.

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