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La cuarta vía

Evau, un sistema a revisar que puede hundir la ilusión hasta del alumno más aplicado

Un momento de una prueba de la Evau celebrada este julio.

Un momento de una prueba de la Evau celebrada este julio. HÉCTOR FUENTES

¿Qué se le puede decir a un estudiante brillante, del que sabes que se ha dejado la piel durante el Bachillerato, que ha tenido que preparar la Evau, como todos y todas, confinado, y que después de años y meses de estudios no podrá estudiar la carrera que había soñado desde pequeño al no alcanzar la nota de corte? Imagino que muchos padres cabreados, tristes e, incluso, agotados por la tensión de los últimos meses, se habrán hecho estos días esta misma pregunta tras ver la cara de sus hijos perdida en un valle de lágrimas mientras observaban pegados a la pantalla del ordenador, que, pese a obtener unos resultados más que notables en las pruebas que marcan el acceso a la Universidad, no podrán cursar la carrera deseada ni en Alicante, ni en ninguna otra facultad pública de España por aquello de la altísima nota de corte. Ver como a tu hijo, que se lo había ganado a pulso y día a día porque, debido al confinamiento y el dichoso teletrabajo, has vivido la recta final del Bachillerato con él, está hundido frente a la pantalla es, sin lugar a dudas, un momento horrible, que se graba en la mente y que descompone.

¿Qué hacer ante una situación así? Seguro que la familia que no lo ha vivido pensará que hay mil y un problemas más graves. Y claro que los hay, e incluso los compartimos, pero en ese preciso momento, en el que lo sueños de tu hijo o hija se han desmoronado como un castillo de naipes, uno no piensa en otra cosa que en cagarte en la mente que ideó las pruebas de la Evau, sobreponerse, contener las lágrimas, esas que ya no le quedan a él o ella, y procesar a la velocidad de la luz posibles soluciones para que la casa y la familia no se vengan abajo.

Seguro que muchas familias de los miles de alumnos que a principios de este mes se enfrentaron a las pruebas de la Selectividad -para que todo el mundo lo entienda-, compartirán la misma sensación. De poco sirve el consuelo de haber sacado una nota alta que permite acceder a estudiar cualquier grado de las decenas que se ofertan, si al final no puedes estudiar lo que querías. Siete exámenes en tres días tras un curso complicado, con la mascarilla a cuestas y, para colmo (aunque esa es otra historia), con fallos en enunciados de muchas materias porque la persona que ha tenido que prepararlas no ha puesto la atención que tenía que poner, deciden el futuro de chavales y chavalas que estrenada la mayoría de edad se topan con el primer palo gordo de su vida.

Insignificante si pensamos ahora mismo en lo que nos ha caído, está cayendo, o caerá con el covid, pero para ellos, un muro infranqueable. Máxime cuando el sistema de correcciones de la Evau es tan siniestro y cruel que establece que si el segundo o segunda correctora comprueba que el primero se equivocó y puntuó mal un examen, la nueva nota ya no valdrá igual, porque se tiene que sumar a la anterior y dividirla entre dos para saber la final. Con lo cual, apenas repercutirá en la nota final de corte, la que vale para enfrentarte a la que marca el acceso al Grado elegido. ¿Lo entienden? Imposible.

Ignoro si la consellera Carolina Pascual o su compañero Vicent Marzà conocerán a fondo este matiz de la normativa y, por supuesto, estoy convencido de que nunca se harán esta reflexión. Me gustaría que se la pudieran hacer, pero no porque se enfrentaran como padres al mismo problema que tienen en estos días de julio, que debieran ser de asueto y descanso, muchas familias de la provincia, porque los hijos no deben pagar nunca los fallos de sus padres.

Decía que el sistema de la Evau es cruel. Es cruel porque de nada sirve felicitarse porque el 96% de los alumnos hayan aprobado, si este impide que estudiantes brillantes, que lo han bordado en Secundaria y Bachillerato, se quedan ahora a las puertas de la facultades donde, por otro lado, nunca hay plazas suficientes pese a que se trate de carreras clave para formar a futuros profesionales que, ahora mismo, faltan en el día a día de una provincia, una comunidad y un país que no puede permitirse dejar el talento a las puertas de la Universidad.

Van pasando los días e, imagino, que muchos de los alumnos, (tanto los que reclamaron correcciones como los que encajaron la nota de la Evau por ese temor al que tiene la sartén por el mango, no vaya a ser que lo termine de arruinar bajando la calificación) estarán buscando o encontrando otras salidas.

No queda otra. Apretar los dientes, seguir luchando y tratar de ser el primero o la primera en lo que se elija, aunque ahora mismo ese deseo de colaborar, por ejemplo, en la investigación para encontrar una cura al Alzheimer, haya saltado por los aires.

Y un ruego para todos aquellos que juegan con la ilusión de estos chavales que acaban de dejar la adolescencia y este año no lo olvidarán nunca. Piensen en el daño que pueden hacer y antes de cerrar una carpeta o subir una nota a un acta repasen y comprueben una vez más su trabajo. Justo lo mismo que recomiendan curso tras curso a sus alumnos. Y a estos, pues eso. El mundo no se acaba en las Evau, por supuesto, aunque hoy lo parezca, y es cierto que no es justo recibir este palo tras un buen Bachillerato. Queda vida, vaya si queda, para lo bueno y, desgraciadamente, también para lo otro. El sol siempre termina saliendo, por algún lado, pero termina saliendo.

Alba Bonete, la ejemplar estudiante de Elda que ha obtenido un merecido13,94 en la Evau tiene razón. Para sacar la mejor nota hay que estudiar muchísimo. Por supuesto, pero también hay que tener la suerte de encontrar al otro lado a gente que también se entregue al cien por cien en su labor. Cansados estamos todos.

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