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¿Y si nos centramos en Alicante?

Los plenos del Ayuntamiento, maratonianos, vacíos y escenarios para que los grupos hagan «méritos» a nivel político con asuntos ajenos a las necesidades de la ciudad, necesitan un compromiso común para que se conviertan en espacios útiles

Fachada principal del Ayuntamiento de Alicante, en una imagen de esta misma semana.

Fachada principal del Ayuntamiento de Alicante, en una imagen de esta misma semana.

Que el Reglamento Orgánico de Pleno (ROP) del Ayuntamiento de Alicante necesita cambios no es nada nuevo. Años lleva el asunto sobre la mesa. La actual versión se aprobó en 2011, poco después de que Sonia Castedo revalidara su cargo en las urnas. Cuatro años más tarde, llegó el tripartito de izquierdas al gobierno municipal e intentó promover una modificación del texto. Era uno de sus compromisos. Por entonces se buscaba limitar las competencias del alcalde, facilitar la acción de la oposición y promover la participación ciudadana. Nada de eso ocurrió.

El ROP es el elemento que regula el funcionamiento de los plenos, y por eso necesita renovarse. Aunque más allá de lo que recoja el documento, la clave está en los grupos municipales. Son sus líderes los que deben sentarse, negociar y acordar unas nuevas reglas de juego para poner a Alicante en el centro del tablero. Ya toca. Unas reglas actualizadas que sirvan para todos, con las que gobierno y oposición no se sientan incómodos. Pero, sobre todo, para avanzar en un objetivo común: que sea la ciudad la que siempre salga ganando.

Con el actual modelo, todos pierden. Alicante, la que más. Y se observa pleno tras pleno. La última sesión vale como ejemplo. Como uno más. La jornada plenaria se prolongó unas ocho horas de áspero y estéril debate: empezó a las 9:30 horas y finalizó pasadas las 18:00 horas, con apenas 45 minutos para comer. ¿Y quién ganó? Nadie, al margen de actores puntuales como el interventor (que consiguió modernizar el modelo de fiscalización), un funcionario (que logró la compatibilidad para ejercer de profesor) y un proveedor de Turismo (que arrastraba facturas pendientes de pago). Con las actuales reglas de juego, la oposición no encuentra su lugar y el bipartito, en la labor que le compete (que no es la de oposición de otros gobiernos), tampoco. Ni presume de gestión ni se expone a la fiscalización tan necesaria para avanzar.

Primero, por las mociones. El alcalde, Luis Barcala, las tiene prácticamente bloqueadas durante este mandato pese a los toques de atención del Síndic de Greuges. Después, por los ruegos y preguntas, que en lugar de ser un espacio clave para el control ejercido desde la oposición o para el lucimiento del gobierno local, pasan sin pena ni gloria por cada pleno. ¿Por qué? En demasiadas ocasiones, el concejal de la oposición pregunta por una cuestión de ámbito municipal y el responsable del gobierno despeja a córner. O incluso fuera del estadio. No hay réplica, así que ahí se queda la cuestión... ¿Y si se promoviese un debate (estricto en el tiempo) entre el concejal que pregunta y el que responde? ¿Y si hubiera un breve turno de réplica? Misma duración, por eso de optimizar los recursos temporales, pero con otro reparto.

Los eternos debates, en cambio, acaban reservándose para las declaraciones institucionales, que se han convertido en las protagonistas de los plenos. En ellas se abordan asuntos que, en excesivas ocasiones, no guardan apenas (a veces, ninguna) relación con la ciudad, y eso que el ROP obliga a que estas iniciativas «afecten al municipio». En este punto es donde se atascan los plenos, y todo para que el Ayuntamiento de Alicante se dedique por norma a «instar» a otras administraciones. Vistos los órdenes del día de los últimos meses (y años), da la impresión de que en la ciudad está todo el trabajo hecho. De lo contrario, cuesta entender que se dediquen esos esfuerzos para mandar tantos deberes a otras instituciones, donde (salvo excepciones) están ya representados los mismos grupos políticos que en Alicante. ¿Que hay que hablar de Educación? Para eso, a las Cortes. ¿Que hay que tratar los trasvases o la alta velocidad? Ya está el Congreso. ¿Que hay que abordar los derechos humanos? Qué mejor entorno que Europa... En todos esos Parlamentos, Alicante tiene sus voces.

¿Y si en lugar de jugar a ser diputados, los representantes municipales se centrasen en su labor? Es decir, en abordar, desde el gobierno o desde la oposición, las competencias del Ayuntamiento, que no son pocas. ¿Se imaginan un pleno con mociones, en el que las preguntas se conviertan en un asunto capital y en el que las declaraciones institucionales fueran sólo un recurso excepcional? Un pleno en el que se hable desde Alicante y para Alicante. Parece una ensoñación, pero es sólo cuestión de voluntad. De centrarse en ser concejales.

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