Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El calor entra a trabajar cada vez más pronto en Alicante: "Sería de lógica buscar fórmulas como adelantar la jornada"

Los veranos más largos y con episodios extremos obligan a reforzar la prevención, adaptar horarios y garantizar descansos, agua y sombra para los alicantinos que realizan su actividad bajo el sol

Un trabajador de la limpieza viaria, al sol en la plaza del Ayuntamiento. / Alex Domínguez

Estos son los síntomas de un golpe de calor: así puedes prevenirlo / Europa Press

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
José Gómez

José Gómez

El calor ha llegado antes este 2026, más intenso y con toda la intención de repetir episodios extremos en los tres meses de verano que quedan por delante. La previsión de los climatólogos es que el fenómeno vaya a más en los próximos años en el Mediterráneo, y a los alicantinos no nos queda más que adaptarnos a ello. También, y sobre todo, en aquellas indispensables tareas que traen el pan a nuestra mesa.

La canícula se adelanta a junio, y las altas temperaturas no remiten hasta ya entrado octubre. Entre medias, el bochorno ya no es cosa de 12 semanas, y muchas jornadas estarán condicionadas por olas de calor. Cambios que no acaban de repercutir en una alteración significativa de las jornadas y condiciones de trabajo, especialmente para aquellos que se someten a la inclemencia del sol y la humedad.

"Estamos pasando los mejores veranos de lo que nos queda de vida. Cada vez va a peor esto", sentencia Javier Ferre, responsable de Salud Laboral de CC OO en L’Alacantí-Les Marines. El técnico resalta que más allá de asuntos como la climatización, fijada por normativa en interiores, la mejor y casi única solución para los trabajadores de calle y campo es planificar y adaptar las jornadas.

Es difícil tener a alguien que evalúe los riesgos y que este viendo todos los días la Aemet, pero es un trabajo que hay que hacer

Javier Ferre

— Responsable de Salud y Prevención de CC OO en L'Alacantí-Les Marines

"Hay que saber qué hacer, evaluar los riesgos y a partir de ahí establecer qué hacer cuando existen alertas amarillas, naranjas o rojas", explica Ferre, para tomar medidas como cambio de horarios y disponer de todo lo necesario para la faena.

La primera imagen que se viene a la cabeza de un trabajador a la intemperie es la de un barrendero. Ellos tienen, al menos, un empleador grande, un comité de empresa y un convenio propio. "La empresa te traslada las normas que hay, el protocolo normal, de hidratarse, de usar la ropa de trabajo y demás", detalla Pedro Martínez, trabajador de la limpieza viaria de Alicante.

Los sindicatos insisten en la formación y la evaluación de riesgos antes de cada jornada

Reconocimiento que no descarta que haya situaciones mejorables: "Te puedes parar un momento, pero lo lógico sería tener descansos pautados en verano, solo que eso habría que negociarlo como trabajadores con la empresa".

Martínez pone de relieve que "es un servicio público que no puede fallar, se está todo el día dale que te pego y se llega a casa reventado después de siete u ocho kilómetros de recorrido", hecho por el cual plantea que en verano "la empresa debería suministrar las botellas de agua, y sería de lógica buscar fórmulas como adelantar la jornada", que habitualmente es de 6 a 13 horas.

La empresa debería suministrar el agua, y sería de lógica buscar fórmulas como adelantar la jornada

Pedro Martínez

— Trabajador de limpieza viaria

Uno de los sectores más avanzados en materia de adaptación de jornadas, según señala Yolanda Díaz, secretaria general de UGT en L’Alacantí-Les Marines, es el de la construcción. "Estamos en el siglo XXI, por parte de los buenos empresarios se está cumpliendo. Nosotros insistimos como cada año en la formación y en la prevención. Al empresario es al que menos debe interesarle una baja por enfermedad", sostiene la sindicalista.

Díaz también ensalza la importancia de que las empresas tengan comités de trabajadores y delegados de prevención y salud, herramienta para garantizar que se cumpla la normativa estatal y se negocien mejoras.

Estamos en el siglo XXI, por parte de los buenos empresarios se está cumpliendo. Insistimos en la prevención

Yolanda Díaz

— Secretaria general de UGT en L'Alacantí-Les Marines

El desarrollo efectivo de estas medidas, sin embargo, no es algo que se dé en todas las empresas por igual. "Todo esto es muy difícil porque cuesta dinero. Climatizar una nave industrial cuesta mucho dinero, pero en empresas pequeñas también es difícil tener a alguien que evalúe los riesgos y que esté viendo todos los días la Aemet. Es un trabajo que hay que hacer. Normativa hay muchísima, falta que se cumpla, y para ello también falta inspección", añade Ferre.

Doble vulnerabilidad

Así como hay buenos empresarios, como los llama Díaz, también hay patronos que ignoran la legislación laboral más básica con ausencia de contratos, salarios justos o afiliación a la Seguridad Social. A estos individuos, lo que ponga el termómetro tampoco les cohíbe de pisotear la dignidad humana.

Repartidor de comida, cubierto de pies a cabeza para protegerse del sol mientras pedalea la ciudad entre las altas temperaturas.

Repartidor de comida, cubierto de pies a cabeza para protegerse del sol mientras pedalea la ciudad entre las altas temperaturas. / Alex Domínguez

En nuestras calles, son muchos los repartidores de paquetería que trabajan por su cuenta y riesgo a cambio de remuneraciones indeterminadas, y sin las garantías mínimas que establece la ley.

Los hay que recorren la ciudad andando, con grandes mochilas o carritos cargados de envíos. Callejean a toda velocidad, pues su día de trabajo no depende de un reloj, sino de un objetivo leonino.

Los repartidores de paquetería, muchos trabajando en negro, recorren la ciudad a pie y contrarreloj bajo el sol

"Trabajamos con mucha prisa porque hay que cumplir un mínimo de paquetes al día y no tenemos horario. Para ganar 500 euros al mes hay que entregar 30 o 40 paquetes diarios, por eso no paramos", confiesa Luis A., seudónimo detrás del cual hay un joven en sus veintimuchos, que ante la falta de otras oportunidades se dedica a esta tarea.

"Es un trabajo muy duro, el calor es muy agobiante y estamos casi siempre al sol. Tenemos que cargar botellas de agua en el carrito no solo para beber, sino para echarnos en la cara y en los brazos", relata el repartidor, cuya preocupación es no perder su fuente de ingresos por compartir una realidad sangrante.

Trabajamos con mucha prisa porque hay que cumplir un mínimo de 30 o 40 paquetes al día y no tenemos horario

Luis A.

— Repartidor de paquetería

Luis A. reparte a pie, con ropa ligera, gorra y una inquietud constante. Otros, con condiciones diferentes, posiblemente mejores, hacen un trabajo similar sobre una bicicleta, cubiertos de pies a cabeza para evitar el sol de mitad de calzada, llevando hasta domicilios los pedidos en pleno mediodía. En su caso, no hay ropa técnica a cargo de la empresa, tal como determina la ley.

Sol como materia prima

Pero lejos del asfalto y más cerca del mar, el turismo de sol y playa ha sido históricamente un motor económico de la provincia. El tejido de empresas que satisfacen la demanda de ocio estival y deporte náutico tienen que doblar esfuerzos para que sus trabajadores no padezcan ante los rayos de la que, justamente, es su materia prima.

En un club deportivo de El Campello, Alberto Alemany resume que no hay de otra que lidiar con el astro rey: "Trabajamos todos los días de 10 a 14 y de 17 a 20. La protección al sol no puede fallar, todos se ponen camisetas técnicas y su crema solar". Sobre su papel como empleador, asegura que la ropa y la crema corren a cargo de la empresa, aunque lo último "depende de cada uno porque tienen sus preferencias o sus alergias".

Un hamaquero de El Postiguet, quien promete haber sido blanco de piel antes de su bronceado perenne.

Un hamaquero de El Postiguet, quien promete haber sido blanco de piel antes de su bronceado perenne. / Alex Domínguez

Alfredo Flores, que es animador de actividades recreativas en un hotel de la provincia, narra que en el deporte de playa no tienen más solución que montar una carpa y tener bastantes momentos de descanso. "Cada dos horas me aplico crema solar porque sé que seguiré tomando más sol, y llega un momento que la piel ya te arde por naturaleza, te hayas puesto protector o no", comparte Flores.

Cada dos horas me aplico crema porque sé que seguiré tomando más sol, y llega un momento que la piel ya te arde

Alfredo Flores

— Animador de actividades recreativas

El oficio está más que aprendido, y su jefa les obliga "a utilizar gorro y a no quitarnos la camiseta técnica. También nos da permiso a acabar 5 o 10 minutos antes, así como a reducir la duración de las actividades si el calor aprieta mucho". Todos los turnos, además, tienen media hora de descanso obligado.

Medidas todas más que justificadas. Porque sí, el sol será la materia prima de una parte del turismo en Alicante, pero sin lugar a equívocos, las personas trabajadoras son la verdadera fuente generadora de riqueza.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents