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Pasión por el cine

Basilio Martín Patino (Lumbrales, Salamanca, 1930-Madrid, 2017) es conocido por la mítica película Nueve cartas a Berta (1965). La Universidad de Salamanca dedicó a su figura una exposición el año pasado, y ahora ha salido su extenso catálogo, imprescindible para entender la renovación del cine español en el siglo XX.

Charo López en un
fotograma de Paraísos
perdidos (1985).  us

La exposición Basilio Martín Patino. Pasión por el juego ya pasó. Y ahora tenemos aquí el catálogo, lo que creo que la puede mantener, proyectar en el tiempo, como recuerdo o -mejor- como traslado de la entraña de Basilio Martín Patino y su cine.

La génesis del catálogo guarda íntima relación con la preparación de la exposición, de modo que, ya mientras se seleccionaban los materiales para la propuesta, también se atendía a seleccionar su posible contenido. En un momento concreto, cuando ya se habían encargado los artículos para la publicación, Alberto Martín Expósito y yo hablamos de introducir textos escritos por Basilio. Y le comenté que, de todas formas, desde hacía algunos meses ya Maite Conesa me había encargado una recopilación amplía de artículos de Basilio, porque barajaba la posibilidad de editar una publicación a través de la Filmoteca de Castilla y León, tarea que yo ya había comenzado. En ese momento, Martín Expósito en seguida pensó en que podría ser muy favorable que se unieran los dos proyectos. De esa forma, se estableció la convergencia de la coedición entre las dos instituciones, Universidad de Salamanca y Junta de Castilla y León. Con ese horizonte ya abierto, comenzaron las tareas relativas al catálogo. Pero con lo que no contábamos era con el coronavirus y otras situaciones.

Desde el primer momento lo planteamos como una publicación que aportará contenidos diferentes a los habituales en torno a la figura y la obra del realizador. Por ese motivo, se encargaron artículos que analizaran las películas de Martín Patino y su peculiar forma de enfrentarse a la imagen, pero desde perspectivas no habituales. No queríamos que se insistiera en lo mismo que ya se ha escrito con reiteración sobre su obra. En ese sentido, el núcleo fundamental de esos análisis escruta tres obras claves en el recorrido del cineasta, con la mirada en torno al territorio del regreso en esas películas: Nueve cartas a Berta, Los paraísos perdidos y Octavia, sin olvidar el resto de su filmografía. Todo ello después de un artículo panorámico sobre el cine del Martín Patino rompedor, vanguardista, innovador, de rebelde con causa.

Por mi parte, elaboré una -digamos- peculiar introducción al proyecto de la exposición, donde se pueden encontrar una serie de elementos novedosos en torno al cineasta, y con una referencia destacada al título de la exposición: la «pasión por el juego», para explicar y documentar ese aspecto.

Charo López en un fotograma de Paraísos perdidos (1985)

«Insisto en remarcar lo del juego»

Basilio Martín Patino, nos dejó establecido: «Insisto en remarcar lo de juego, que creo ha sido la constante más notable que me ha incitado, por encima de todo, hasta mi última película [...] Para mí, el cine es un juego. Si no funciono así, me aburro y no sé hacerlo».

Tras ese primer bloque de textos figura otro en el que aparecen colaboraciones o entrevistas de personas, algunas muy cercanas, que trabajaron con Basilio, y que explican cómo era y como trabajaba aquel realizador desde diferentes perspectivas.

Un nuevo bloque ofrece en buena calidad de reproducción alrededor de 250 fotografías. La mayor parte de ellas figuraron en la exposición, entre las que sobre todo aparecen imágenes relativas a rodajes o situaciones más personales, porque preferimos esa mirada en lugar de las relativas a planos de las películas, aunque no faltes tampoco las de ese ámbito.

El espacio más amplio de la publicación se dedica a recoger artículos e intervenciones de Martín Patino a lo largo del tiempo. Son 65 piezas, algunas con amplio número de páginas, en las que se destila la generosidad el pensamiento de Basilio sobre el cine, sobre la imagen y, a través de ellos, sobre la vida. Quien quiera conocer cómo era el cineasta, cómo funcionaba, por qué su cine se metió por los vericuetos que recorrió, tiene que recurrir a esos escritos. Toda esa riqueza -en algunos casos, incluso inédita- se encontraba dispersa en publicaciones de todo tipo, que en algunos casos sólo se pueden localizar en hemerotecas o en colecciones de difícil consulta. Concretar toda esa dispersión fue uno de los motivos del planteamiento de esta obra. Pero ojo, ahí figura «casi todo Basilio», pero quedan fueran algunos textos que no se han recogido porque el corpus hubiera sido enorme. Es el caso, por ejemplo, de las revistas culturales de los 50 Juventud -donde hizo critica de cine y aportó artículos sobre ese ámbito- y de La Hora, con colaboraciones más elaboradas. De ambas se reproducen algunos textos significativos, pero no toda la aportación de tres años de colaboración en esas publicaciones.

Matar al escritor

Pero en ese bloque, además, hay otro perfil fundamental para conocer a Basilio. Y es que aquel director de cine escribía muy bien. Ya lo comentó él mismo: llegó un momento en que decidió matar al escritor en ciernes que latía en él para centrarse en el cine. No obstante, sus guiones siempre fueron literarios, obra de un escritor. Y de esos guiones -los filmados y los que no cuajaron- mostramos muchos de ellos en la exposición.

En el último bloque del catálogo lo conforma una serie de entrevistas seleccionadas entre cientos y cientos de conversaciones de tono serio y riguroso que se hubieran podido recopilar. Pero ese es otro desafío pendiente, porque aquí sólo se aspiró a ofrecer una muestra leve de ese género periodístico.

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