Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Yo soy nosotros

Belén Gopegui

El combate ideológico y sin cuartel que Belén Gopegui (Madrid, 1963) viene entablando desde hace años con sus libros se sustenta en el optimismo tranquilo de una razón que va del yo al nosotros. Las cargas de profundidad en su literatura se dirigen a penetrar en lo real expresado en las condiciones de posibilidad de las vidas de unos personajes que no cejan en sus empeños porque siguen creyendo que otras condiciones sociales, políticas y económicas son materialmente posibles. Unas condiciones alejadas de las metafísicas bienintencionadas y ancladas, en cambio, en una retórica de la cotidianidad que no es, en modo alguno, costumbrista, pero sí necesitada del imaginario de los detalles para que la ficción cobre vida y se comporte como el andamiaje imprescindible de un discurso comprometido y militante.

La reflexividad dialéctica de Gopegui sigue aquí presente como lo estaba en sus anteriores ficciones y su responsabilidad como escritora, intacta. Existiríamos el mar redobla los esfuerzos porque viene a decir que la fuerza devastadora de las olas de la vida puede arrastrar a los personajes hacia el fondo del océano o hacerles navegar –no sin dificultades– para llegar a buen puerto desde una existencia colectiva consciente. De ahí el sugerente título que incide en la singularidad de lo plural. Y es por eso que cuando Jara desaparece sin dejar rastro del piso que Lena, Hugo, Ramiro y Camelia comparten con ella en el número 26 de la calle Martín Vargas en Madrid todo se tambalea: el yo de Jara incide fatalmente en los ritmos estratificados del nosotros de sus compañeros. Esa desaparición explica la textura de una vida que «sucede en estratos y en otras capas que no son horizontales, a veces son franjas onduladas, a veces se mezclan con otras mediante picos o vetas o causas, la franja del lenguaje, de la biología, de los átomos, de los hechos, del olvido, la de una acción guiada en apariencia por motivos, o en apariencia por el azar y la irracionalidad». Y da cuenta de que la experiencia de Jara por sobrevivir a sus propias extrañezas, a sus delirios y a los sinsabores del mundo competen a sus amigos del mismo modo que las vidas de sus antiguos compañeros de piso le competen a Jara. Saben que sin acción no hay «conocimiento posible» y que sus vidas no son unidireccionales.

Explora de este modo Gopegui los entresijos de un presente histórico con una prosa de ideas cálida y por momentos lírica, que alterna la voz de los personajes y la voz de un narrador que narra «con la libertad de contar series de acontecimientos no suntuosos, no crudos, tramos que median entre las ideas y los actos, entre la furia y la honestidad o, bajo el vuelo circular de los vencejos, el sitio donde se dirimen algunas afirmaciones». La pretensión no es otra que indagar en las posibilidades de unos sujetos que a menudo sienten el peso de la responsabilidad colectiva y «la llamada de lo lejano», pero que juntos se mantienen indestructibles.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats