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Cierre de un local emblemático

Adiós a "El otro mundo de Jaime", donde todos jugamos en Benidorm

La mítica sala de recreativos «El otro mundo de Jaime» echa el cierre tras 43 años de historia

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Cierra «El otro mundo de Jaime»

Si hiciéramos una encuesta entre vecinos y turistas que han pisado Benidorm en los últimos 40 años, sería realmente difícil encontrar a alguien que no haya echado una partida al billar, al futbolín, a los bolos o al centenar de máquinas que poblaron este «templo» de la diversión; a alguien que no haya tomado un chocolate con churros después de una larga noche de juerga o acudido con los amigos a ver un partido de fútbol; que no haya degustado alguno de sus exóticos zumos o echado una charla con su propietario o alguno de los camareros que desde hace décadas atendían detrás de la barra. «El otro mundo de Jaime» marcó un hito en la oferta de Benidorm y ahora, 43 años después de abrir sus puertas en la céntrica calle Ruzafa, su cierre pone fin, también, a un importante capítulo de la historia local.

La sala de recreativos fue inaugurada el 29 de julio de 1973, cuando el empresario Jaime Pérez Sales, dedicado en cuerpo y alma al mundo de la hostelería, pensó en abrir las puertas a este nuevo negocio para incorporar un atractivo a los restaurantes Aitana y Aitona, que regentaba a escasos metros de este nuevo espacio. «En su día fue el mejor local de ocio de España, sólo había algo similar en Madrid, de donde copiamos la idea y fue un éxito rotundo», recuerda. Y no es para menos. Cada tarde-noche llegaron a reunirse en sus más de 1.200 metros cuadrados cerca de 800 personas con un único objetivo: jugar.

«El otro mundo...» abrió con quince billares, cuatro futbolines y cerca de un centenar de máquinas tragaperras y de juegos electrónicos, que fueron evolucionando con los años hasta convertirse en lo más parecido a un «paraíso» para niños y mayores. Cuatro años después de su apertura, al local se incorporaron cuatro pistas de bolos, donde se organizaron numerosos campeonatos que fueron un importante foco de atracción. De noche y de día.

Pero la vida cambió y, con ella, también la sala. En la década de los 90 fue uno de los primeros locales de la ciudad en incorporar un «ciber», con una veintena de ordenadores donde poderse conectar a internet. También comenzó a cerrar por las noches, a partir de las tres de la mañana, aunque «a las siete en punto» volvía al pie del cañón para atender a los clientes más madrugadores.

En estos 43 años de historia, no ha cerrado sus puertas ni un solo día: «La única noche que se cerraba antes era el día de Nochebuena, para poder estar todos con la familia», recuerda Pérez Sales, el alma de un negocio «conocido mundialmente», junto a su mujer, Carmen, y sus hijos, Toni y Cati.

El auge de las consolas domésticas y los juegos online fueron mermando paulatinamente el cupo de clientes, que ahora se mantenía gracias al restaurante y a los billares.

A sus 79 años, este empresario reconoce haber tomado una de las decisiones «más duras» de su vida. Con el cierre de «El otro mundo de Jaime», el local que albergó la infancia y la juventud de muchas generaciones se convertirá ahora en un supermercado.

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