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40 años de la muerte del compositor alicantino

Óscar Esplá, el compromiso con la excelencia musical

El ilustre compositor tenía una personalidad activa, vehemente, emprendedora y de luchador tenaz

Óscar Esplá, el compromiso con la excelencia musical

Óscar Esplá, al que traté y a quien estudio y admiro, tenía una personalidad activa, vehemente, emprendedora, de luchador tenaz y actitud crítica ante todo cuanto le interesara, dispuesto siempre a analizar, puntualizar y polemizar cuanto fuese necesario, lo que le hacía parecer un ser singular, quijotesco, que irritaba a algunos y admiraba a muchos, pero quienes le tratamos sabemos también de su excelente humor y cordialidad. En la cercanía se manifestaba entrañable y efusivo. Su figura erguida y su voz grave y sonora contrastaban con actitudes de ternura tanto en su comportamiento como en su obra de creación con muchos temas dedicados a los niños. El ilustre compositor, musicólogo, crítico y excelente escritor, poseía amplios estudios y conocimiento en ingeniería, filosofía, psicología, y sobre todo y con carácter de excelencia en la música que constituyó su más firme razón de vida. Fue un maestro conocedor de todas las tendencias estéticas musicales y con sólidos conocimientos de base científica puestos al servicio de su gran pasión. El artista y el hombre respondieron a la par a la azarosa sinfonía de su vida siendo siempre incapaz de compromisos desleales a su formación científica y ética. Nunca se acomodó en su proceso creativo, ni en los tiempos de juventud en los que disfrutaba de una elevada posición económica, ni cuando ya octogenario y contando con un gran reconocimiento internacional, mantuvo su actividad e iniciativas.

Ecos alicantinos en la obra esplasiana

La amplia producción musical de Esplá comprende composiciones para Orquesta, Óperas, Ballets, Canto, una Cantata Escénica, Coros, Música de Cámara y para Órgano y Piano. Muchas de las composiciones esplasianas se refieren a su tierra alicantina. Dijo nuestro compositor: «Llevo dentro de mí la luz, el paisaje, la historia, y la savia de mi país. De este complejo espiritual deben surgir mis expresiones sonoras. Si son sinceras mostrarán el españolismo que constituye la substancia de mi alma».

Entre otras obras remiten a su tierra alicantina la suite folklórica La Sierra de 1936 con Canto de Vendimia, Aire Pastoral y Danza Levantina; sus cuadernos de Lírica Española de los años 50 subtitulados Impresiones Musicales sobre Cadencias Populares en los que encontramos Danza del Valle referida a Guadalest y otros inspirados en Sierra Aitana como Paso de Baile Serrano, Canto de la Umbría y Canto de Trilla que son testimonio de los sentimientos afines a su país y a su propia claridad y grandeza. También manifiesta su raíz en la composición para orquesta Sinfonía Aitana logrando con ella su más alta cima de identificación del artista con su paisaje.

Afirmó Esplá; «Hay en mis obras un eco esencial de mi tierra alicantina que constituye para mí una exigencia estética».

Espacios para la creación

Esplá gustó de hogares rodeados de jardines, de espacios naturales o boscosos en los que podía lograr el anhelado aislamiento.

Durante su juventud poseyó una casa-estudio y jardines denominada El Paraíso en las afueras de Alicante, que instaló según su ideal y habitó hasta 1929. La finca fue descrita en el Journal del escritor francés Valery Larbaud y en el epistolario de Joaquín Sorolla quienes al igual que otras personalidades le visitaron allí. Ya casado cambió Esplá la residencia alicantina por Madrid y por otra en las cumbres de Aitana, lugar de recogimiento e inspiración a la vez que punto de encuentro con amigos y personalidades, para lo que construyó un chalet junto a la Font del Molí de Benimantell con vistas a la inmensidad del Valle, lugar que había frecuentado anteriormente con sus amigos Germán Bernácer, Gabriel Miró y Emilio Varela. Hasta allí llegaron también, entre otros, los poetas de la llamada generación del 27 Gerardo Diego, Pedro Salinas y Jorge Guillén. Hallándose Esplá en Aitana en septiembre de 1936 le alarmó la situación política y el hostigamiento y amenazas recibidos de un grupo de milicianos, y pese a sus claros pronunciamientos políticos y a ser simpatizante del legítimo gobierno republicano, temió por la seguridad de su familia y la propia. Era autor de la música de un himno, con letra de Manuel Machado, que había de ser el de la República Española, titulado Canto Rural a España, había sido miembro activo y destacado en las Misiones Pedagógicas en unión de otros intelectuales de inequívoca significación republicana, a la vez que Presidente de la primera Junta Nacional de Música y Teatros Líricos de la II República; su edad - 50 años- no favorecía su implicación directa en el frente abierto y decidió distanciarse unos meses partiendo a Bélgica en unión de su familia. El exilio previsto para pocos meses se prolongó durante catorce años.

En Bélgica se alojaron en varias viviendas, una de ellas en Bruselas, junto al bosque de Soignes, y otra fue Villa Geusenback, situada en Heide, en la provincia de Amberes, un lugar precioso con dos lagos hoy inexistentes. Aquella zona y la de Kalmthout han sido declarada por la UNESCO reserva de la naturaleza y de interés científico. Desde allí añoró Alicante: "Mis montañas levantinas, mi sol mediterráneo, la dramática situación de mi vida entera, con el lastre de la niñez en medio del incendio rojo de las sierras de mi país y del azul tranquilo del mar».

Regresó a España en 1950 instalándose en Madrid y durante prolongadas temporadas veraniegas en Ruaya. La finca alicantina está situada frente al templo de la Santa Faz. La gran casona y terrenos, propiedad en parte de su esposa María Victoria de Irizar y Góngora, fue para el compositor espacio de intimidad, refugio de madurez y de interiorización espiritual cuando en él convergían la necesidad de reposo y de reflexión o de impulso creativo. Por hallarse distante del espacio urbano Ruaya se asemeja a otros lugares anteriormente escogidos por el ilustre alicantino. Los días de descanso estival de los Esplá Irizar discurrían allí plácidamente. Basándome en momentos allí vividos recrearé uno de ellos.

Un día en Ruaya

Al amanecer los primeros rayos del sol reposan sobre la azulada cúpula del Monasterio de la Santa Faz y reflexionan su luz hasta Ruaya. Aquel lugar era para Esplá punto de inicio y retorno, principio y fin de una intensa y azarosa vida compartida con Maria Victoria desde que en 1929 contrajeran matrimonio en el templo de la Santa Faz. Cada mañana un impulso reflejo le lleva al teclado de su piano, pero María Victoria, le reclama y le acompaña en el desayuno bajo los pinos centenarios. El piano Fischer le espera y sabe de creatividad musical, de las numerosas revisiones y correcciones que el maestro realiza en sus obras con afán perfeccionista, pero también de pulsaciones que acumulan experiencias y fatiga de una vida intensa, plena de acontecimientos, lucha e incertidumbres.

Tras el piano le espera la lectura diaria que realiza en su sencilla hamaca, en la sombra protectora de la pinada que le reconcilia con el mundo y le sosiega en su madurez. Se adormece y por su mente discurren tiernas imágenes de goce familiar como las de las tardes frías y oscuras de Bruselas cuando se acercaba al Bosque de Soignes, muy próximo a su casa, y escondía diminutos juguetes en los recovecos de las patudas hayas gigantes para que al día siguiente los encontraran sus hijos convencidos de que se los regalaban los enanos del bosque... La empleada del hogar protege el descanso del respetable octogenario y espera hasta que éste retorna a la lectura: «Don Óscar, ha tenido tres llamadas, una de don Odón Alonso, otra del señor Absil desde Bruselas y la tercera de Federico Gallo, de Televisión Española». Su fiel y equilibradora esposa le entrega la partitura de la cantata Llama de Amor Viva -en la que Esplá trabaja por encargo del Ministerio de Información y Turismo para conmemorar el cuarto centenario de San Juan de la Cruz- de la que quiere hablarle el director de orquesta y, como intuye para qué es la llamada de Televisión Española, le informa que Federico Gallo ha entrevistado anteriormente en Esta es su Vida a personas de profesiones dispares como Alberto Closas, Camilo José Cela, Joan Miró, Miguel Ligero, Imperio Argentina, Pinito del Oro, Salvador Dalí o Narciso Yepes. Al término de la mañana contesta en tercer lugar a Gallo, y tras los ruegos de aquel acepta participar como protagonista del programa, no sin lamentar para si la ruptura de su sosiego.

Legado documental

Mantuve relación personal con Esplá desde que en 1967 le visité por primera vez en Ruaya. Hasta su muerte en 1976 continué tratándole en la misma finca, en el Conservatorio y en algunas reuniones que tuvimos en mi casa. En 1994, libre de obligaciones profesionales, me propuse la consecución para Alicante de los fondos documentales de ilustres alicantinos. Fruto de esta iniciativa y, sobre todo de la generosidad de sus descendientes, su hija Amparo y yo realizamos en su casa del Paseo de las Acacias en Madrid el trabajo de ordenación y registro de la documentación esplasiana. Los fondos registrados -una amplia y rica biblioteca, abundante documentación con originales de escritos, libretos, epistolario y el mobiliario del primer estudio que tuvo Esplá en Alicante- se constituyó en un legado que Amparo Esplá de Irizar en nombre propio y de sus hermanos María Luisa y Gabriel depositó en la Obra Social de Caja Mediterráneo para su custodia, conservación, difusión mediante publicaciones y libre acceso para consulta a estudiosos e investigadores.

Un legado proveniente de una personalidad como Óscar Esplá, en su doble faceta privada y pública, plantea a los familiares grandes dudas sobre dónde deben depositarse bienes tan unidos a la cultura española y, en este caso, a un momento tan especialmente brillante de esa cultura. Amparo Esplá en abril de 1997 declaró: «Pensamos en un principio en la Biblioteca Nacional, luego el Centro Nacional de Documentación Musical nos propuso hacerse cargo de todo cuanto quisiéramos entregarle y más recientemente unos admiradores norteamericanos insistieron en que donde mejor se conservaría era en la Biblioteca del Congreso de Washington que ya alberga toda la obra publicada de mi padre. Fue entonces cuando Manuel Sánchez Monllor, gran amigo de mis padres, gran amigo mío después y gran amigo de la cultura a lo grande en todas sus facetas, insistió en que la CAM sería el depositario más eficiente para todo cuanto yo quería legar a la posteridad. [?] La infinita confianza que tengo en Manuel Sánchez Monllor acabó convenciéndome». Amparo Esplá no mencionó a otras instituciones que también se interesaron vivamente en poseerlo, como fueron la Residencia de Estudiantes y la Fundación Juan March.

Aunque la cita anterior pueda ser tachada de jactanciosa he creído conveniente reseñarla para que se comprenda el aprecio y valor cultural que tiene el legado y el privilegio de Alicante al poseerlo. Afortunadamente continúa hallándose más documentación, incluso inédita. Honremos al genial maestro conociendo su legado escrito y sus obras musicales tan lamentablemente ausentes en las programaciones de nuestras instituciones culturales.

Oscar Esplá y Triay -Alicante, 5 agosto 1886 / Madrid, 6 enero 1976- se mantuvo activo hasta el fin de sus días componiendo magníficas páginas musicales e impartiendo su magisterio. Está enterrado en el alicantino Monasterio de la Santa Faz como había deseado.

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