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Danza con sello alicantino

La alicantina Andrea Tortosa, bailarina del Ballet de Basilea, es elegida para ilustrar un sello suizo

Danza con sello alicantino

Danza con sello alicantino

Ella no ha mandado aún ninguna postal ni carta con su sello, pero su perfil de bailarina en el papel principal del ballet de Blancanieves figura en los sellos de 1 franco suizo desde hace unos meses. Es Andrea Tortosa Vidal, bailarina alicantina de 29 años que llegó al Ballet de Basilea (Suiza) con 18 años y, tras un paréntesis de varios años girando por el mundo, celebra su séptima temporada con esta compañía.

En este tiempo, Andrea ha tenido la oportunidad de protagonizar Blancanieves, «un ballet que tuvo mucho impacto en la ciudad y que encantó a todo el mundo» señala desde Suiza, tras indicar que su interpretación en esta coreografía ha sido la imagen elegida para ilustrar un sello este año por parte de la asociación de Amigos del Ballet de Basilea, dentro de las actividades que realizan de promoción y difusión de la compañía, ya que «nos siguen muy de cerca, vienen a los ensayos y a las producciones y nos patrocinan muchísimo».

Los sellos ya han salido a la venta y la gente los compra en el stand que los Amigos del Ballet de Basilea montan en el teatro antes de cada espectáculo, apunta tras reconocer su sorpresa al ver su imagen timbrada por primera vez.

Andrea se siente «muy feliz» de vivir de la danza en Basilea, «mi vida aquí es estupenda, no solo como bailarina», asegura esta joven que se marchó de Alicante con solo 12 años a estudiar durante cinco años «de dura escuela» en el Estudio de danza María de Ávila en Zaragoza, y vivir un año como bailarina aprendiz en La Haya (Holanda) en «una de las mejores compañías de danza contemporánea del mundo», la Nederlands Dans Theater.

Su primer contrato profesional lo firmó con el Ballet de Basilea en 2005, con 18 años, y allí, además de trabajar con su director entonces, Richard Wherlock, tenía oportunidad de hacerlo con destacados coreógrafos internacionales cada temporada. En su tercer año en la compañía trabajó con el coreógrafo italiano Mauro Bigoncetti, director de Aterballetto en Italia, «y me fui con su compañía a viajar por todo el mundo. Fue estupendo, uno de mis sueños desde que estaba en la escuela». En Atertballetto estuvo cuatro años, hasta que decidió volver a Basilea, «donde me acogieron con los brazos abiertos y me sentí de nuevo bienvenida», explica. Desde su vuelta a Suiza en 2012, esta es su cuarta temporada y tiene sensaciones encontradas cuando piensa en la idea de volver a España.

«España me entristece mucho y me da mucha rabia a la vez. No se puede vivir solamente del mundo de la danza, tener un sueldo estable con 13 pagas al año como sucede en Alemania, Holanda, Suecia, Dinamarca, Suiza... -argumenta-. Hay proyectos buenos y muy interesantes, pero son proyectos, trabajas unos meses, bailas las funciones que salgan y después, a buscar otro proyecto. Pocos sitios ofrecen continuidad».

Andrea considera que nuestro país presta poca atención y apoyo a esta disciplina artística, «España simplemente no da dinero a la danza ni al arte en general», señala, a pesar de que «casi todas las compañías que conozco en Europa y América cuentan con bailarines españoles increíbles. En Basilea, por ejemplo, de 32 bailarines, 12 somos españoles».

La bailarina manifiesta que las compañías de danza españolas tienen que «mover cielo y tierra para sobrevivir» y destaca a la ilicitana OtraDanza, de Asun Noales, «que hace un trabajo estupendo y muy interesante. Asun siempre ha luchado por mover la danza en la Comunidad Valenciana y llevarla por toda España y no se rinde nunca desde hace años. Lo que hace es un milagro».

A ella le gustaría volver a España algún día, «ojalá», pero tiene claro que lo que busca ahora es «vivir y no sobrevivir, tener sueños, crecer y tener un futuro. Aquí enseño también a gente amateur de todas las edades que no ha bailado en su vida y me encanta. Me gustaría tener una escuela algún día, pero España no puede ofrecerme eso ahora», concluye.

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