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José María Torres Nadal y su arquitectura de contacto

El arquitecto y catedrático alicantino opta al Premio Nacional de Arquitectura

José María Torres Nadal y  su arquitectura de contacto

José María Torres Nadal y su arquitectura de contacto

Creó unas mochilas «para llevar la arquitectura a cuestas», cubrió de un plástico sostenible «su» Auditorio de Villajoyosa, organiza performances para presentar proyectos, cocina paellas para sus alumnos y abre las puertas de su hogar de par en par a la creatividad con la propuesta Mi casa es tu museo o, como ha hecho el pasado fin de semana, para cambiar las patas a una mesa y colocarle unas hechas con maderas recicladas del diseñador Curro Claret, como un acto de concienciación.

Y todo eso es arquitectura. Esa concepción aperturista, de contacto de piel, de trabajo compartido, de ruptura de la barrera solitaria tras la que trabajaba el arquitecto, de escucha a las personas y de respeto al entorno es lo que ha ido construyendo la carrera profesional de José María Torres Nadal (Cieza, 1947) y también lo que ha propiciado su propuesta al Premio Nacional de Arquitectura. Así lo consideró el Colegio Territorial de Arquitectos de Alicante, que enseguida recibió el respaldo del de Murcia, y la suma de la Universidad de Alicante, donde es catedrático de Proyectos de Arquitectura y director del departamento de Proyectos desde 1999, y de la Politécnica de Cartagena.

Para apoyar su candidatura se ha presentado el libro que se publicó en 2009 en torno a su labor, Arquitectura Torres Nadal: un trabajo, con textos de Robert Venturi, Toyo Ito, Enric Miralles y Albert Viaplana, con las actualizaciones oportunas, además de un dossier del propio Torres Nadal sobre su concepción de la arquitectura. «Intento explicar la posición de lo que yo entiendo que es el trabajo que he hecho hasta ahora, que tiene mucho de colectivo porque tiene un gran peso el trabajo en la universidad con los alumnos».

La constante en su trayectoria ha sido «redefinir el espacio público a través de un trabajo colectivo y no individual, que es lo que ocurría hasta entonces». Esta concepción de la arquitectura comenzó a plasmarla en el curso 97/98 en la UA. «La arquitectura ya no es una cosa hecha solamente por unas personas que la entregan a la sociedad para que la disfrute sin tener que ver en el proceso, sino que hay que entender que es una condición más ecosistémica, que nace en un contexto determinado, donde hay personas, animales, en el sentido de entender el trabajo de una manera más global, más atenta a lo que puede rodear ese trabajo».

Esa concepción es la que ha transmitido durante 18 años como catedrático de Proyectos de Arquitectura en Alicante. «Cuando empezamos nadie intuía la crisis actual, pero desde el punto de vista cultural y político sí que se podía pensar que había un agotamiento del arquitecto tal como estaba aceptado. Entonces ya pusimos en marcha un proceso que tiene que ver con la idea de valorar el contexto, de una manera generosa y más general, que no es exclusivo de lo que hace el arquitecto encerrado en su estudio».

Y ese camino ha dado sus frutos creando un sello propio en Alicante. «Esa visión ha generado una identidad en Alicante y un cierto reconocimiento, lo que ha posibilitado que gente muy valiosa de Madrid o Barcelona haya encontrado en Alicante un lugar donde venir a desarrollar una serie de prácticas y experimentar una serie de teorías distintas, como Izaskun Chinchilla o Andrés Jaque o María Langarita... aquí encontraron hueco para hacer algo diferente».

Para Torres Nadal la combinación perfecta es la realización y ejecución de proyectos, y la enseñanza. «Todo es la misma cosa, sin solución de continuidad. Todos mis proyectos son deudores de las explicaciones que se han dado en la Escuela de Arquitectura de Alicante. No se podría entender una cosa sin la obra, es como un laboratorio».

Ahora, espera con ilusión el fallo del prestigioso Premio Nacional de Arquitectura. «Como cualquier premio, me haría mucha ilusión -afirma-, sobre todo porque me han propuesto desde Alicante y Murcia. He vivido en las dos ciudades y he hecho muchas veces ese trayecto... casi todo lo que he hecho en mi vida lo he pensado en el coche mientras recorría ese camino».

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