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El timo Jodorowsky

El timo Jodorowsky

El timo Jodorowsky

Del mito al timo; y se me cayó el mito. Alejandro Jodorowsky ha visitado Alicante llenando hasta la bandera el Teatro Principal con un espectáculo-show-sesión de terapia colectiva, o como queramos llamarlo porque es inclasificable; alquiló el teatro dos días por 6.000 euros y se llevó 50.000, según dijo sin rubor desde su particular tribuna, reuniendo a dos mil incondicionales (la mayoría jóvenes) que le conocen especialmente por sus libros de autoayuda o autoestima. El Jodorowsky que yo recordaba como director de algunas películas de culto en los años 70 (La montaña sagrada, El topo), se me presenta ahora como un anciano de 88 años, todavía con mucha fuerza (al menos en un escenario), que ha encontrado una mina de oro con esas charlas impropias de un escenario, cosechando un enorme éxito en todos los países. El cofundador del Grupo Pánico en los años 50 junto a Topor y Fernando Arrabal ha terminado convertido en un chamán, en un vendedor de crecepelo.

El periodista de INFORMACIÓN Andrés Valdés* comentaba en este periódico el suceso (que lógicamente no encajaba en la crítica teatral) mostrando, como un servidor, su perplejidad ante una masa de gente entregada, que cumplía fervorosamente las indicaciones del maestro de la ceremonia, difícil de entender excepto distanciándose de lo que allí se producía. Y uno de esos ingenuos (o incautos?) fui yo mismo que, sin darme cuenta, me encontré frente a una desconocida a la que conté mi vida (y ella a mí la suya) durante seis minutos; a continuación ante un desconocido, de Benidorm, por más señas, lo mismo pero en tres minutos, ambos casos rubricados con sendos abrazos; y cuando el gurú ordenó repetir «la acción» pero en un minuto€me vi a mi mismo como un gilipollas (con perdón) obediente como un corderito, cogí el portante y abandoné el teatro sorprendido (pero sobre todo cabreado) de cómo pude prestarme a semejante manipulación, reafirmándome en lo sencillo que resulta mover a las masas. Basta con tener fe. Así que no puedo ser demasiado objetivo puesto que aguanté solo media hora de las dos largas que duró la performance, pero tuve más que suficiente para comprender lo que allí se tramaba. En cierto modo me recordó a los espectáculos de Ángel Pawloski (recuerdan?), con la diferencia de que el argentino decía claramente que solo era un juego, y el franco-chileno que nos ocupa lo eleva a la categoría de ceremonia; la ceremonia de la confusión, del engaño, de dar gato por liebre.

Lo que el señor Jodorowsky define como una sesión de «psicomagia» no es más que un descarado abuso de la buena fe de las personas que, probablemente, encontraron en sus libros algo de ayuda para resolver sus dudas o sus problemas, y que pagaron sin pestañear los 30 euros de la entrada. Lamentable. Este «mago» sabe muy bien que su lección magistral sería más adecuada exponerla en un aula de cultura o similar; pero€Ay! En ese tipo de recintos la entrada suele ser libre y gratuita. En fin, que para mí se acabó el filósofo, el intelectual, el director de cine, el escritor de numerosos libros en los que probablemente podamos encontrar rasgos de inteligencia. Pero hasta aquí hemos llegado, y es más que probable que mi rotunda decepción provoque la ira de sus seguidores. Solo me queda lamentar que muchos espectáculos de interés y calidad cuenten con un centenar de espectadores en contraposición a los llenazos que el nombre de este vendedor de humo provoca; pero es lo que hay.

En contraposición, tengo el consuelo de pensar que las gentes del teatro son (somos) personas serias, ahí está la actriz Nuria Espert (por citar un ejemplo paradigmático) con su Premio Princesa de Asturias de las Artes. Y me llena de alegría la noticia de que mi querido amigo y admirado hombre de teatro Josep Marìa Flotats será investido Doctor Honoris Causa este 27 de junio, a propuesta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona. La honestidad intelectual y la seriedad y perseverancia artístico-cultural termina siempre (o casi siempre) teniendo su recompensa. Aunque no se obtengan con ello 50.000 euros.

La Perla. «¿Te ha pasado alguna vez que estás buscando las llaves pero no las encuentras porque las tienes en las manos? Pues algo similar ocurre con la felicidad» (Popular)

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