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El corto más largo

Los alicantinos Alejandro M. Selma y Alex Spijksma presentan en Panoramis Det evige fall, rodado en tres años entre Noruega y Alicante

El faro de la película, en el límite del círculo polar ártico, se rodó en Bodø (Noruega).

El faro de la película, en el límite del círculo polar ártico, se rodó en Bodø (Noruega). alejandro m. selma

Un cuento escrito con 16 años se convierte diez años después en una película protagonizada por un conductor de autobús en la vida real que, a su vez, produce esta historia de 13 minutos, rodada entre Alicante y Noruega y, además, en esta lengua nórdica. Nada parecía fácil pero, tres años después de la aventura, el realizador Alejandro M. Selma y el actor Alex Spijksma preestrenan la semana que viene en los cines Panoramis de Alicante Det evige fall (La eterna caída), que a partir del 15 de diciembre se podrá ver online.

Det evige fall es una cinta de misterio que cuenta la historia enigmática de un faro en el límite del círculo polar ártico, donde vive atrapado Olen, el farero, encerrado por voluntad propia tras una tragedia que no ha podido superar. El proyecto parte de una historia que el realizador, editor y fotógrafo Alejandro Selma escribió con 16 años y que rescató con la intención de llevar al corto tras haber realizado las videocreaciones Feel the ocean y Alone in the dark.

«Tuve un premio literario con ese cuento y, aunque la escritura era bastante torpe, le di una vuelta de tuerca para utilizarlo. No estaba localizada en ninguna parte pero al hablar con un amigo en Noruega la decidí ubicar allí», relata el realizador alicantino, que actualmente trabaja en Barcelona.

El punto de partida de la película es un padre que le cuenta a su hija la historia sobre un faro que ven durante una excursión. «Está rodada en noruego, y subtitulada en inglés y castellano, para darle más autenticidad a la historia, una vez decidimos ubicarla allí. No hay mucho diálogo y de hecho el farero, el protagonista, solo tiene que decir una palabra», apunta Selma, aunque el resto de actores sí hablan o han sido doblados al noruego.

El farero, Álex Spijksma, holandés de nacimiento afincado en Alicante desde los dos años, apunta que le atraen los retos «y este era uno: interpretar un personaje concentrado en su mundo interior, lleno de conflictos, en el que tenía que trabajar mucho el tema gestual porque apenas habla». Pero Spijksma está acostumbrado a trabajar la psicología: hace once años que conduce un autobús de línea en Alicante y reconoce que «siempre me ha interesado mucho conocer a las personas como forma vinculada a la interpretación. Al autobús suben muchos tipos de personas y eso te hace descubrir facetas de la gente que no conoces», indica.

Spijksma, que también ha trabajado de comercial, de socorrista, de monitor de natación, en una agencia de viajes, en el aeropuerto... compagina desde hace siete años su trabajo en el autobús con su pasión por la interpretación -ha participado de figurante o secundario en películas como Triage, El Consejero, Silencio en la nieve, No habrá paz para los malvados, Mi vida en ruinas o Astérix en los Juegos Olímpicos- aunque en Masatusa muy pocos conocen su faceta interpretativa.

«Tampoco he hecho yo nada por comunicarlo. De momento lo estoy combinando bien, tengo un trabajo que me permite tener un horario, días libres y vacaciones y mi tiempo de descanso lo aprovecho para estos proyectos, aunque no siempre es fácil y algunas oportunidades he perdido como actor», lamenta, pero «de momento no me planteo dejar el autobús».

A Spijksma le atrajo la historia del corto desde el principio. «Me envenenó, creí en ella desde el primer momento, y me alegro mucho de haber participado como productor y de habernos ido los dos a Noruega», en un viaje que tuvieron que posponer en dos ocasiones hasta encontrar billetes baratos, porque «esto se ha hecho por amor al arte de mi bolsillo, del bolsillo del productor, y con la colaboración de todos», afirma el realizador, que coincide con el otro Alex en que «ha sido toda una aventura».

En Bodø (Noruega) tuvieron la ayuda de su amigo Anton, que les prestó su casa, su coche y demás producción logística, «pero también pasamos frío, tuvimos pocas horas de luz, cuatro horas al día, salíamos a montar de noche y hubo momentos de tensión en que quisimos matarnos -bromea Selma- pero también nos ha unido mucho, nos vinimos arriba y rodamos incluso bajo el agua».

El resultado se verá pronto. Tras el preestreno la próxima semana para el equipo y un público reducido en pantalla grande, el corto estará disponible de forma gratuita online a partir del 15 de diciembre en la página web de Selma (alejandromselma.es). Creada bajo licencia Creative Commons, la cinta se llevará a festivales sin ánimo de lucro. «Este es un corto muy independiente y muy arriesgado. Puede que conecte enseguida o no, pero creo que gustará», augura su director.

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