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La muerte del intelectual

El alicantino Javier López Alós publica Crítica de la razón precaria, una radiografía de la inestabilidad y pobreza del mercado cultural cuyas consecuencias «destructivas» afectan al conjunto de la sociedad

Cubierta del libro.

Cubierta del libro.

La pobreza y la inestabilidad laboral a la que se ven sometidos los agentes culturales en su ejercicio profesional. O también, por otro lado, los falsos autónomos, los contratos por horas, la extrema temporalidad en la que se mueve el mercado cultural... A partir de estas y otras reflexiones se teje Crítica de la razón precaria, del alicantino Javier López Alós, en la que vuelca sin medias tintas la insana realidad de una sociedad que está a punto de declarar la muerte del intelectual. Una obra que, mitad relato filosófico mitad sociológico, y siempre a partir de su propia experiencia, Javier López Alós, que se ha alzado con el Premio Catarata de Ensayo, propone un examen crítico sobre y para la cultura cuyas consecuencias, avisa, serán «destructivas».

«Crítica de la razón precaria es un ensayo que se interesa por el sentido profundo de la precariedad en el ámbito cultural, su significado, su lógica interna y sus consecuencias tanto para los sujetos que la padecen en primera persona como para el conjunto de la sociedad. El libro propone un examen crítico de las bases ideológicas de la precariedad, sus trampas discursivas y esa consistencia estructural que la hacen tan eficaz como primer paso para salir del atolladero. Y, claro, todo esto pasa por pensar qué tipo de actividad o creación intelectual puede darse en un sistema que tiene en la precariedad un elemento no accidental ni de mala suerte, sino sustancial», señala Javier López Alós, que bajo su punto de vista, «no poder realizar bien y en condiciones un trabajo con el que te sientes comprometido, y ser consciente de ello, tienen consecuencias destructivas para cualquiera que no sea un cínico».

Todo este contexto genera en distintas ocasiones una sensación de vacío, que para Javier López Alós son asimismo alarmantes. «Cuando no se identifican bien las fuerzas de las que se dispone para llevarlo a cabo o a quienes se dirige ese esfuerzo, lo normal es que lo que se hace no llegue a ningún sitio. Esta es una sensación habitual para muchos artistas e intelectuales, la de no saber para qué sirve lo que se hace, si a alguien le interesa o qué hacer para concitar la atención de los demás. Hay toda una gama de sufrimientos y respuestas asociadas a esto. Desde el punto de vista social, la pérdida es terrible y conlleva un empobrecimiento de la vida en común y al predominio de lo superficial, donde toda pluralidad tiende a reducirse a opciones de consumo compulsivo».

Otro de los factores que ha desembocado esta precariedad son visibles plenamente entre los docentes universitarios, con contratos precarios con los que difícilmente se sufragan las facturas y los pagos cotidianos. Figura que es igualmente visible a través de la cada vez más habitual presencia del profesor asociado, que aprisiona para Javier López ciertas características de la «evolución» hacia la universidad neoliberal o el modelo universidad-empresa. «Incluso podría decirse que la universidad ha estado a la vanguardia en la incorporación de relaciones laborales que se han ido generalizando en otros ámbitos y que producen precariedad: explotación, externalización, falsos autónomos, extrema temporalidad, contratos por horas. Todo eso responde a una lógica económica que no debiera corresponder a un servicio público como es la institución universitaria. Pero es importante remarcar algo: como en cualquier otro ámbito de precariedad, las consecuencias las acabamos sufriendo todos, independientemente de si uno es profesor asociado, catedrático, estudiante o panadero», apunta el filósofo alicantino.

Así, para Javier López Alós, autor también de Entre el trono y el escaño.Entre el trono y el escaño El pensamiento reaccionario español frente a la Revolución liberal (1808-1823), otro de los enfoques que teme en su observación de la actualidad es la violencia del discurso que envuelve a muchos políticos. «Una violencia que a menudo se dirige contra los más desprotegidos y vulnerables. La normalización del sadismo, que no se oculta, que se expresa abiertamente en discursos políticos de éxito, me parece algo pavoroso», concluye.

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