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Torquemada (o la fortaleza de un actor)

No confundir a Tomás de Torquemada con Francisco Torquemada, que es uno de los papeles de la unipersonal obra que hemos presenciado en el coliseo alicantino

TORQUEMADA de Ignacio García May sobre la tetralogía de la obra de Benito Pérez Galdós

TEATRO PRINCIPAL DE ALICANTE

***

Versión: Ignacio García May

Intérprete: Pedro Casablanc

Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente

No confundir a Tomás de Torquemada con Francisco Torquemada, que es uno de los papeles de la unipersonal obra que hemos presenciado en el coliseo alicantino. El otro fue el célebre inquisidor general del siglo XV, símbolo de intolerancia y crueldad. El segundo es un prestamista enriquecido.

Un usurero en los primeros años de la Restauración, en el último cuarto del s. XIX. Uno de los grandes avaros de la literatura universal, al que Pérez Galdós dio cobijo en una serie de cuatro novelas, aunque el miserable financiero ya había aparecido en páginas anteriores del escritor, como personaje coral. Éste presume de ser descendiente de aquel. Y ese ascenso económico y social de Torquemada se suma a sus padecimientos. Saborea las mieles (o las hieles) del poder dominante y deambula por las cumbres borrascosas de la política hasta convertirse en marqués.

El encargado de contar estas cuestiones es Pedro Casablanc, quien ejecuta la partitura escénica, según la versión de Ignacio García May, y acoge las orientaciones del director y escenógrafo Juan Carlos Pérez de la Fuente. Veteranía global y atenta escucha y mirada de los no muy numerosos espectadores en el Principal de Alicante.

El gran actor se adueña del escenario y acentúa la distancia existente entre él y los personajes. Exhibe su identidad creativa y domina sus propias emociones utilizando recursos dramáticos que se apoyan en la exposición de tipos y caracteres con cierta ironía y trazos de farsa.

Música de Tuti Fernández, un sugestivo ambiente a media luz de José Manuel Guerra y cambios de papel con la agilidad de la voz y de una sólida presencia. Porque «Torquemada» se justifica especialmente si hay un comediante que use bien sus armas a partir del hondo lenguaje y del ejercicio de estilo de Pérez Galdós. Y ello mediante la gigantesca síntesis de García May. La riqueza exterior convive con la miseria interior. Pero, al margen de festines y caudales, se manifiesta una necesaria conversión espiritual. No es muy diferente la realidad de nuestra época.         

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