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Espejismos, algún oasis y un gran novillo

Borja Ximelis y Santiago Esplá, que muestra buenas maneras y un concepto amplio de la lidia, abren la puerta grande enel último festejo de la Feria de Hogueras - Borja Escudero corta una oreja ante una novillada en la que destacó el quinto

Salida a hombros de Santiago Esplá y Borja Ximelis y, a la derecha, el propio Esplá en un airoso remate. | HÉCTOR FUENTES

Cualquiera diría que en la tarde de ayer hubo dos puertas grandes con faenas de dos orejas si atendemos al desacertado uso de la espada. Bien es cierto que a quienes están empezando en el mundo novilleril no se les va a ir exigiendo como a figuras, pero el debut en el balconcillo no justifica el dislate, que bien debe dar paso a una sincera reflexión y análisis para futuras actuaciones del usía ponderando la suerte suprema, que no se llama así por casualidad.

La novillada de Zacarías Moreno aportó, sobre todo, un completo quinto ejemplar, de nombre Chupito. El resto fue desigual, salvando el buen lote que sorteó Borja Ximelis. Con el primero se vio al novillero muy afanoso desde la salida con el capote. Apurado en banderillas, brindó a Palazón. Se sucedieron tandas por ambos pitones a media altura con escaso remate y de menor intensidad. Hubo más pose que mando, y dio siempre la impresión de que podía haber hecho mucho más.

En cuarto lugar se encontró Ximelis con un utrero bravucón con el que anduvo algo más reunido en banderillas y que le permitió brindar al público un trasteo de mucho ruido y pocas nueces. Cantaor ofreció veinte viajes alegres, nobles y con repetición antes de ponerse reservón a escarbar. Acertó en ligar y erró en gesticulación y vocerío. El doble trofeo excesivo no debería llevarle a engaño. La actuación de Santiago Esplá respondió en altura al sello de la casa. Con su capote de vueltas verdes ensayó suertes variadas. Titubeante en banderillas, brindó su primera faena al cielo, al gran Paquito Esplá. Generoso en la variedad, la embestida no tenía ritmo y el novillo llevaba la cara alta, lo que requería mando, poder y oficio, una ecuación de muy difícil solución para el neófito.

El tal Chupito se mostró brioso desde el inicio, empujó en un puyazo fuerte y ofreció un gran juego en la muleta de Esplá. Desde el tendido improvisó el Soro una diana floreada de trompeta que fue el preludio de una faena compacta, con mando y en ocasiones un poco acelerada. Fundamentales resultaron las dos primeras tandas, una por cada pitón, para afianzar la calidad del utrero y la buena disposición del novillero. Adobó el buen toreo fundamental con varios afarolados y cambios de mano personales. Vuelta al ruedo póstuma más que merecida, y solo el mal uso de los aceros dejó algo de duda en el doble trofeo concedido al novillero.

Espejismos, algún oasis y un gran novillo

Sorprendió la firmeza de Borja Escudero ante su primer oponente. Merengue no resultó precisamente un animal muy propicio para el triunfo, pero el debutante acertó a mantenerse firme ante una embestida descompuesta y poco alentadora. Faena muy a derechas, vistiendo los inicios de las series con trincheras y molinetes, y logrando algunos muletazos de largo trazo y empacada estética. Un cambio de mano y un remate por bajo sobresalieron en la parte final. A sus manos fue una oreja muy merecida.

Ante el sexto casi nada pudo hacer, más que mostrar actitud.

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