Suscríbete

Información

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Un neobanco para pymes y autónomos

El valenciano crealsa quiere duplicar su negocio tras la entrada del fondo iman

Javier Chisbert y José Molina | ‘activos’

Un neobanco -léase una tecnológica financiera para internet- dirigido a las microempresas y los autónomos. En esa estructura ha devenido Crealsa, una firma especializada en descuento de pagarés y anticipos de facturas que constituyeron en 2009 en la localidad valenciana de Benifaió el abogado Javier Chisvert y el economista José Molina, amigos desde los tres años. La fintech ha dado un salto considerable en estos tiempos de pandemia gracias a la apuesta que ha hecho por ella Andrés Rubio, el banquero que trajo a España el fondo de inversión estadounidense Apollo, que entró comprando Evo Banco y luego también Altamira, la gestora inmobiliaria del Santander. Rubio lanzó en 2018 en Londres un fondo, Iman Capital, enfocado a la compra de negocios financieros e inmobiliarios en toda Europa y en 2020 se fijó en Crealsa, hasta el punto de invertir en la firma valenciana y hacerse con el 50,1% del capital.

El otro 49,9% se lo reparten a partes iguales los fundadores de la compañía, que habían dado un giro a sus vidas en 2009, en plena Gran Recesión: «Yo tenía un despacho como abogado y José una firma de reunificación financiera de deuda de empresas. Con la crisis hipotecaria fue imposible seguir por esa vía de la reestructuración de deudas, pero vimos que había un nicho de negocio en entrar en el descuento de pagarés y fundamos Crealsa», recuerda Javier Chisvert.

«Funcionó bastante bien», añade, y apunta que «ya vimos que podíamos competir frente a la gran banca y otras fintech con fondos detrás de ellas. La clave es dar una solución ágil a las empresas a través del mundo digital. Empezamos formalizando los descuentos en 48 horas, luego bajamos a 24 y en 2014, ya con la plataforma digital, los pagos eran inmediatos».

José Molina contextualiza la llegada de Iman Capital con la necesidad de la empresa de crecer, digitalizarse y automatizar los procesos de financiación. Dicho de otra manera, «dar más servicios para tener más contacto con el cliente y que nuestra relación no se redujera solo a cuando este venía por una necesidad puntual». En resumidas cuentas, «dar operativa de banco digital para que los usuarios puedan también operar con dinero y utilizar tarjetas». Aquí radica una de las novedades de Crealsa, que como no tiene licencia bancaria se ha vinculado a EML, una entidad autorizada a emitir dinero electrónico y que está supervisada por el Banco de España.

Complementar

Molina asegura que, con esta estructura, el neobanco ofrece a sus clientes desde la opción de abrir cuenta con IBAN español, enviar y recibir dinero, domiciliar recibos, ingresar los pagarés y operar con tarjeta. El cofundador añade que Crealsa «no quiere competir con los bancos, sino complementarlos». Su modelo es híbrido. La sede principal se reparte entre València y Madrid, y dispone de delegaciones en siete ciudades de España con oficina física, porque hay clientes «que quieren hacerlo todo por vía digital y otros que buscan un contacto más personalizado».

¿Qué les diferencia de un banco tradicional? Molina responde que la rapidez -«ellos tardan uno o dos días en una operación de descuento y nosotros la resolvemos en minutos»- y el coste: «Nuestras cuentas son gratuitas y los bancos cobran entre 5 y 10 euros al mes».

Crealsa tiene en estos momentos 55 trabajadores y la previsión es terminar este 2022 llegando a los cien. El año pasado lo acabó con 73 millones de euros financiados y este ejercicio prevé llegar a los 140. Los clientes -ya llegan a los 4.000- son pymes con menos de diez trabajadores y autónomos, fundamentalmente. «El nicho más abandonado por los bancos», concluye Javier Chisvert.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats